Jueves negro en las bolsas ante la agresividad del plan arancelario

Los inversores temen un enfriamiento de la economía global y provocan una caída del S&P 500 de más del 4% en su peor jornada en dos años. El barril de petróleo cae más del 6% y el euro sube como la espuma.
Exterior de la Bolsa de Valores de Nueva York. / Instagram: bilderjager
Exterior de la Bolsa de Valores de Nueva York. / Instagram: bilderjager

Por mucho que Donald Trump pretenda vender sus medidas como un acto de patriotismo económico, lo cierto es que su plan arancelario se ha traducido en un jueves negro para los mercados globales, un nuevo capítulo del desgobierno económico al que nos tiene acostumbrados. La receta es sencilla: más aranceles, menos comercio, más incertidumbre. Y el resultado ha sido inmediato y devastador. A Trump se le ha ido la mano.

En Wall Street, el S&P 500 se desplomó más de un 3% y el Nasdaq casi un 5%, firmando su peor jornada en más de dos años. El impacto ha sido tan severo que la Bolsa estadounidense ha perdido ya más de tres billones de dólares en capitalización bursátil solo entre los dos principales índices, una cifra que no se puede maquillar con discursos triunfalistas sobre “grandeza americana”. ¿Dónde está esa grandeza cuando las acciones de empresas emblemáticas como Apple o Nike caen hasta un 10% por la incertidumbre de sus cadenas de suministro? ¿A quién beneficia realmente esta ofensiva arancelaria?

Lo más alarmante es que este no es un movimiento táctico ni un intento de presión negociadora. Es ideología pura. Trump ha declarado la guerra al sistema de comercio internacional que durante décadas ha sostenido la economía global y, paradójicamente, ha sido enormemente favorable para Estados Unidos. Su último órdago ha elevado los aranceles estadounidenses a niveles no vistos desde la Gran Depresión. Con un gravamen medio del 20%, Washington impone un castigo indiscriminado a sus socios comerciales, con Europa a la cabeza. Bruselas calcula que el nuevo muro arancelario golpeará exportaciones por valor de más de 360.000 millones de euros, afectando directamente a sectores clave como la automoción, la agricultura o la industria farmacéutica.

Esta no es la forma de proteger la economía nacional; es una forma de dinamitarla desde dentro. Como era previsible, los mercados europeos también sufrieron: el Euro Stoxx 50 cayó un 3,6%, el Dax alemán un 3% y el Cac francés un 3,3%. Solo índices como el Ibex o el FTSE británico se libraron parcialmente por razones coyunturales, pero no hay escapatoria en una guerra comercial a gran escala. La OMC ya anticipa una contracción del 1% en el comercio mundial. Y esto puede ser solo el principio.

Reacciones dispares pero reveladoras

En el tablero político, las reacciones han sido dispares pero reveladoras. Mientras Pedro Sánchez anuncia un paquete de apoyo de 14.100 millones y defiende un Estado que no abandona a sus empresas, Vox se limita a una pirueta retórica para no incomodar a su referente ideológico en la Casa Blanca. “Ojalá no se impongan los aranceles”, decía Abascal en Washington. Ojalá, pero se impusieron. Y Feijóo no ha tardado en aprovechar el silencio cómplice de Vox para marcar distancias: “Ningún patriota puede defender a quien perjudica a España”. Razón no le falta.

Trump ha convertido la geoeconomía en un campo de batalla. Su estrategia no tiene otro objetivo que dinamitar los consensos globales, alimentar el victimismo nacionalista y agitar las aguas para pescar votos entre los más desencantados. Pero su proteccionismo no solo no protege; empobrece. No solo no devuelve empleos; destruye confianza, inversiones y certidumbre. Y cuando la incertidumbre reina, los mercados huyen. Exactamente lo que ha ocurrido.

Trump cree estar escribiendo una nueva página de grandeza americana. Lo que está haciendo, en realidad, es desempolvar el manual del desastre económico. A largo plazo, la historia no premiará a los que quisieron aislar al mundo, sino a quienes supieron cooperar para sostenerlo. @mundiario

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