Igualdad sin etiqueta: el distanciamiento de parte de los jóvenes con el feminismo

Aunque la mayoría de los jóvenes sigue defendiendo la igualdad entre hombres y mujeres, una parte creciente evita identificarse con el feminismo.
Manifestación feminista. / Pixabay.
Manifestación feminista. / Pixabay.

En los últimos años se ha abierto un debate inesperado en torno al feminismo entre las generaciones más jóvenes. Mientras los principios de igualdad de género mantienen un amplio respaldo social, el término “feminismo” ha perdido parte de su atractivo entre adolescentes y jóvenes adultos. Esta distancia no implica necesariamente rechazo a la igualdad, sino más bien una transformación en la forma en que una parte de la generación Z se relaciona con el movimiento.

El fenómeno tiene mucho que ver con la evolución de la llamada Cuarta ola del feminismo, el ciclo de movilización que en la última década puso en primer plano cuestiones como la violencia sexual, la brecha salarial o la denuncia pública de comportamientos machistas. Ese impulso logró importantes cambios legislativos y culturales, además de movilizaciones masivas en numerosos países. Sin embargo, también ha coincidido con una reacción crítica, especialmente visible entre jóvenes varones y en determinados espacios digitales.

Diversos estudios señalan que el respaldo a la igualdad sigue siendo mayoritario, pero no siempre se traduce en identificación con el feminismo. En encuestas recientes se observa que el porcentaje de jóvenes que se declara feminista ha descendido respecto a los años de mayor movilización social, aunque una mayoría sigue apoyando políticas que buscan equiparar derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.

Uno de los factores que explican esta evolución es el peso creciente de la polarización política. En un contexto de confrontación ideológica, el feminismo ha pasado a ser interpretado por algunos sectores como un símbolo asociado a posiciones partidistas. Esto ha provocado que parte de los jóvenes, aun compartiendo la idea de igualdad, prefiera distanciarse de una etiqueta que perciben como ideologizada.

A ello se suma la difusión en redes sociales de narrativas que cuestionan algunos postulados del movimiento. En esos espacios se repiten con frecuencia mensajes que sostienen que los avances en derechos de las mujeres habrían generado desventajas para los hombres o que determinadas políticas públicas favorecerían de forma injusta a un sexo frente al otro. Aunque muchos de esos argumentos han sido rebatidos por especialistas, han encontrado eco entre jóvenes que perciben incertidumbre económica y dificultades para acceder a vivienda o empleo estable.

Otro elemento relevante es el llamado “espejismo de la igualdad”. Algunos jóvenes consideran que las principales metas del feminismo ya se han alcanzado y que, por tanto, continuar insistiendo en nuevas reivindicaciones supone ir más allá de lo necesario. Esta percepción convive, sin embargo, con datos que muestran que la desigualdad persiste en ámbitos como la brecha salarial o la distribución del trabajo doméstico.

La conversación también se ha visto condicionada por la circulación de informaciones falsas o distorsionadas, especialmente en torno a cuestiones sensibles como las denuncias por violencia machista. Aunque las estadísticas oficiales indican que las denuncias falsas representan una proporción mínima, la repetición de este argumento en determinados discursos políticos y mediáticos ha contribuido a generar desconfianza entre algunos sectores de la juventud.

El resultado es un panorama complejo. Muchas jóvenes siguen participando activamente en movilizaciones feministas, mientras que una parte de los hombres jóvenes expresa incomodidad con el tono o con algunos mensajes del debate público. Al mismo tiempo, otros jóvenes de ambos sexos se sitúan en posiciones intermedias: defienden la igualdad, pero consideran que el movimiento necesita adaptarse a nuevos lenguajes y preocupaciones.

Especialistas en sociología y estudios de género señalan que este momento puede interpretarse como una fase de reajuste generacional. El feminismo ha transformado profundamente la sociedad en las últimas décadas, pero ahora debe dialogar con una generación que ha crecido en un contexto distinto, donde muchos avances ya forman parte de la normalidad cotidiana.

La discusión sobre su futuro sigue abierta. Para algunos analistas, el reto consiste en explicar mejor los logros alcanzados y las desigualdades que aún persisten. Para otros, será necesario renovar el discurso y conectar con las inquietudes de los jóvenes, desde la precariedad laboral hasta las transformaciones en las relaciones personales.

En cualquier caso, el debate refleja un cambio significativo: la igualdad de género continúa siendo un valor ampliamente compartido, pero la forma de nombrarla y defenderla está evolucionando entre quienes marcarán las tendencias sociales de las próximas décadas. @mundiario

Comentarios