La IA y el negocio de la prensa: cuando las plataformas dictan el periodismo

La caída del tráfico digital revela una dependencia estructural de los medios respecto a las grandes tecnológicas, que ahora redefinen las reglas del juego y amenazan su sostenibilidad.
Una ilustración sobre el periodismo digital y las plataformas. / Mundiario
Una ilustración sobre el periodismo digital y las plataformas. / Mundiario

No es muy frecuente que la prensa aborde el negocio que la sostiene. La crisis actual del sector, agravada en las últimas semanas por cierres y reestructuraciones, obliga precisamente a mirar ahí: al dinero, al tráfico y, sobre todo, a quién controla ambos.

La periodista y ensayista Delia Rodríguez —fundadora de Verne en El País, exsubdirectora de La Vanguardia y autora de Memecracia— lleva años analizando la relación entre tecnología, medios y sociedad. En su diagnóstico más reciente, apunta a una evidencia incómoda: las plataformas digitales han dejado de ser meros intermediarios para convertirse en los verdaderos arquitectos del ecosistema informativo. Y lo hacen no tanto dictando contenidos de forma explícita, sino controlando los flujos de ingresos que los hacen posibles.

Las últimas noticias del sector son el síntoma más visible de un cambio profundo. El cierre del grupo digital Noxvo, responsable de cabeceras como eCartelera o Fórmula TV, o la retirada de la edición online de la revista Pronto, reflejan una anomalía histórica: por primera vez, caen estructuras digitales que hasta ahora parecían más resistentes que sus equivalentes en papel. A ello se suman despidos silenciosos, recortes en equipos de posicionamiento y el abandono de estrategias basadas en grandes volúmenes de contenido.

Las plataformas imponen qué se publica al controlar los ingresos publicitarios. El desplome del tráfico marca un punto de inflexión para el modelo digital

La pregunta es inevitable: ¿qué está pasando? La respuesta, en buena medida, se encuentra en los grandes agregadores. El tráfico procedente de los principales buscadores se desploma, especialmente en los medios más dependientes de él. Y menos tráfico significa menos publicidad, es decir, menos ingresos. El problema no es solo cuantitativo, sino estructural: hay agregadores que dejan de enviar usuarios a los medios porque responden directamente a sus preguntas mediante inteligencia artificial (IA). De ese modo, la información ya no necesita salir del ecosistema de la plataforma.

A esto se suma la restricción del tráfico procedente de Discover, el sistema de recomendación que durante años alimentó a muchos medios desde los dispositivos móviles. El resultado es un ajuste brusco que afecta a toda la industria, pero especialmente a aquellos que habían orientado su estrategia editorial a maximizar visitas desde buscadores.

Sería tentador interpretar este giro como una corrección lógica: el castigo a un modelo basado en contenidos rápidos, superficiales o directamente irrelevantes. Pero, como advierte Delia Rodríguez desde las páginas del diario El País, hace tiempo que los medios dejaron de decidir plenamente qué publicar. La presión por adaptarse a los algoritmos —primero de redes sociales, ahora de buscadores— ha moldeado las redacciones y sus prioridades. En otras palabras, las plataformas no solo distribuyen el periodismo: lo condicionan.

No es la primera vez que ocurre. En 2018, Facebook redujo drásticamente el tráfico que enviaba a los medios, provocando el colapso de buena parte de la llamada prensa milenial. Aquella crisis dejó una lección que algunos aprendieron: depender del lector —a través de suscripciones— es la única forma de escapar a los vaivenes de las tecnológicas. Sin embargo, muchos medios optaron por una estrategia híbrida, tratando de equilibrar contenidos de calidad con otros diseñados para atraer clics masivos.

Hoy, esa doble vía se revela insostenible. Los datos son elocuentes: según Chartbeat, el tráfico desde buscadores ha caído en dos años un 60% en los medios pequeños, un 47% en los medianos y un 22% en los grandes. En el ámbito tecnológico anglosajón, cabeceras como Wired o The Verge han visto reducirse a más de la mitad sus visitas procedentes del principal agregador en apenas un año. En España, un medio como MUNDIARIO sufrió el revés de la caída en 2025 pero ya se ha recuperado gracias a una reestructuración total de sus contenidos y a la diversificación de sus relaciones con los grandes agregadores.

Como resume Delia Rodríguez en El País, no es el jefe quien reemplaza al periodista, sino una decisión empresarial en Silicon Valley la que redefine las reglas del juego global

El impacto no es solo empresarial. Es también laboral y, en última instancia, democrático. La inteligencia artificial no destruye empleos de forma directa, sustituyendo periodistas por máquinas, sino indirectamente: alterando el ecosistema económico que hacía posible su trabajo. Como resume Delia Rodríguez, no es el jefe quien reemplaza al periodista, sino una decisión empresarial en Silicon Valley la que redefine las reglas del juego global.

El riesgo es evidente: un sistema informativo dependiente de plataformas que priorizan sus propios intereses comerciales, incluso a costa de los medios que nutren sus contenidos. Y, sin embargo, también se abre una oportunidad. Si algo ha demostrado esta crisis es que la sostenibilidad del periodismo pasa por reconstruir la relación con sus lectores, no con los algoritmos.

El desenlace está abierto. La historia reciente sugiere que las plataformas seguirán imponiendo sus condiciones. Pero también que los medios que logren reducir su dependencia y reforzar su vínculo con la audiencia estarán mejor preparados para resistir. En ese equilibrio —entre autonomía económica y relevancia social— se juega hoy el futuro del periodismo. MUNDIARIO es plenamente consciente de esta situación y prepara nuevas medidas para seguir dando respuesta a una situación compleja. @mundiario

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