Plato del día

Una honda a lo David disuasoria para los Goliat

Goliat. El paradigma de las hondas. / RR SS.
Si Goliat hubiese sabido que David disponía del arma mortífera de su honda, se lo habría pensado mucho, antes de romper hostilidades. La débil, cívica y pequeña Europa, ante insensibles y hostiles superpotencias, necesita exponer y hacer girar en el aire una honda suficientemente disuasoria.

Después de darle muchas vueltas a esa dicotomía nacional entre un hola o un adiós a las armas, en este país con la pésima experiencia de haber resuelto sus diferencias apretando gatillos y enterrando muertos, llega uno a la conclusión de que, Yanquilandia, llamada Estados Unidos de América hasta que un tal Donald Trump la ha convertido en un parque de atracciones diarias que estimulan la adrenalina global, nos ha situado en una encrucijada de comprensible naturaleza humana, de especulativa estrategia política, de cínica codicia electoralista y de grupis rindiendo culto a influenciers que, desde sus respectivos púlpitos, hacen señales de humo para prepararse para la guerra o sueltan moralistas sermones con el infalible comodín de parapetarse en La Paz.

En el ámbito de nosotros, la gente corriente, compartiendo tertulia en torno a unos cafelitos, no hay color entre la idea de izar banderas blancas y aceptar vivir de rodillas en vez de arriesgarse a morir de pie, o esa otra alternativa de escuchar cómo resuenan los tambores de guerra, hacerse de tripas el corazón e hipotecar nuestro presente colectivo con el gasto en defensa (bueno, ahora le llaman seguridad) para salir al rescate colectivo del futuro de nuestros descendientes.

El relato, como era de esperar, lo va ganando el yolandismo, el podemismo y las factorías políticas de caramelos, con sabor a paz, que se basa en el axioma popular de que a nadie le amarga un dulce. De manera que el Sanchismo, el Feijoísmo y personal civil adyacente, lo tiene algo crudo, en materia demoscópica, para imponer el relato panaeuropeo de que solo amagando con gastos de defensa (ahora le llaman seguridad), se pude aspirar a que los Goliats contemporáneos, los Trump, los Putin, los Kim-Jong-Un, los Jameiní, los Xi Jinping, detengan sus ojivas, sus drones, sus impulsos invasores heredados de su ancestral homónimo bíblico, no vaya a ser el diablo que, la vieja, cansada y pacificada Europa haya adoptado ese papel disuasorio, copyright de un tal un tal David, de que no hay enemigo pequeño.

Alguien debería recordarles a tantos inversores en acciones de paz, al alza en  la bolsa electoral y estimulada por la supremacía del sublime Estado de Bienestar (esa hermosa quimera que avanza tan lenta, tan insegura, incorporado a tan pocas y pocos y dejando atará a tantas y tantos) que, una guerra, por falta de antídotos disuasorios de defensa (ahora le llaman seguridad), es el método más rápido y más masivo de encontrarnos, de repente, en un irreversible, dantesco, funesto y global Estado de muy Malestar. @mundiario