Los hijos de los corruptos

Corrupción. / RR SS.
El corrupto siempre estará entre la negación pública de su conducta y la justificación secreta de la misma para dar un destino mejor a los suyos. A veces dicen "hay que financiar la política".

Poco y nada se sabe sobre cómo es el proceso interno que vive una familia en la cual el padre o la madre, o ambos, en algún momento, se corrompen en el ejercicio de funciones públicas.

No se puede generalizar, pero cuando un funcionario se corrompe es muy posible que sus hijos sean pequeños y no se enteren de las connotaciones negativas que tienen las conductas de sus progenitores, aunque quizás vayan apreciando con la educación que reciben, qué tipo de valores o disvalores encarnan ellos.

Con el paso del tiempo, esos niños van creciendo hasta llegar a adolescentes, y luego a mayores. Llegados a este punto pueden pasar por lo menos dos cosas: que el corrupto no sea descubierto, o que sí lo sea y su mala fama trascienda.

Cuando el corrupto no es descubierto

En el primer supuesto, en el que el corrupto desarrolla su actividad sin despertar sospechas del entorno, lo que cabe analizar es cómo hace para, cuando sus hijos ya son mayores, explicar el origen de sus bienes (sea o no una fortuna). Suele ocurrir que el corrupto no puede exhibir una evolución justificada de su economía doméstica capaz de explicar un incremento significativo y veloz de su patrimonio. Es posible, además, que tenga cuentas en el exterior y testaferros.

Pero hay un momento en que ese ocultamiento debe ceder a los ojos de su familia. Cuando el corrupto esté ya en la fase de retirarse tiene, inexorablemente, que compartir esta información con su mujer (que lo más seguro es que a esa altura la tenga o, incluso, puede tenerla desde el principio) y con sus hijos. Aún antes de retirarse el corrupto debe tomar recaudos por si muere de modo prematuro.

¿Cómo hace el corrupto que no fue descubierto para informar a su familia sobre la magnitud y detalles del patrimonio mal habido? La tolerancia y la resignación (familiar), como actitudes previas a la aceptación y al disfrute.

Esto es un misterio. Ocurrirá de distintas formas dependiendo de las características de los protagonistas de la trama familiar. Puede acaecer de manera implícita o de manera explícita, pero no cabe duda que los hijos se terminan enterando de cómo fue la génesis del patrimonio familiar. No hay información de cómo suele ser la reacción frente a ello, pero parecería que en la generalidad de los casos está entre la tolerancia y la resignación, como actitudes previas a la aceptación y al disfrute.

Situación en la que el corrupto es descubierto o sospechado y esta situación trasciende a la prensa. De la confesión no se vuelve.

Cuando el corrupto es puesto en evidencia por la acción de los fiscales, los jueces y la prensa, la situación cambia radicalmente y resulta inexorable que el discurso familiar interno tenga otro tipo de concomitancias. En ese caso los tiempos se aceleran para el proceso de asimilación grupal de la claudicación moral del o de los progenitores.

Suele suceder que la respuesta primera del corrupto frente a sus acusadores sea la de negar los hechos que se le imputan. De la confesión no se vuelve. Con esta actitud se puede aguantar un tiempo, meses y hasta años, pero si el presunto corrupto verdaderamente lo es, la verdad habrá de aflorar, en algún momento, en el frente familiar.  Puede haber presión del entorno y hasta castigo social.

Nadie quiere devolver el dinero mal habido

Aunque la asimilación de las conductas de los progenitores pueda resultar algo traumática, no se conocen casos en los que los hijos devuelvan voluntariamente lo mal habido por el progenitor corrupto. Por el contrario, se conocen muchos antecedentes en los que frente a procesos judiciales de recuperación, los hijos se resisten a la devolución.

Los nietos de los corruptos ya no sufrirán castigo social, si sus padres mantuvieron un bajo perfil. 

Fin. @mundiario