O gobierno con neofascismo o gobierno progresista con Sumar

La "estrategia Meloni" pretende extender las coaliciones ultras de derechas por toda Europa, lo que encaja con la alianza PP-Vox en España. Para enfrentar esta guerra, la izquierda tenía que desprenderse de Podemos.
Yolanda Díaz. / Mundiario
Yolanda Díaz. / Mundiario

Estamos en días de mirar al futuro, pero también de valorar la situación de partida ante las nuevas elecciones. Pedro Sánchez, el PSOE, la izquierda y la ciudadanía, se juegan mucho con esto. También la propia democracia, amenazada por el trumpismo. Dedico estas líneas críticas a la defunción del iglesismo.

El iglesismo, y sus listas-plancha, tenía que morir, porque era un cáncer, algo que nunca entendieron los que quedaron ahí hasta sus últimos estertores. Del iglesismo huyeron millones de votantes y cientos de miles de militantes y, aun así, siguieron siendo tan políticamente ineptos, arrogantes y sectarios como para querer que el iglesismo liderara la coalición de aquellos que huyeron del iglesismo, algo que era esencialmente contradictorio, inadmisible, solo producto de ideas de una secta. A pesar de las sucesivas derrotas electorales, seguían en sus trece, y nadie dimitía, ni tan siguiera tras la última debacle. Ante ciegos y sordos, que solo clamaban que eran traicionados y eran víctimas, había que dejárselo muy claro: no.

Ni Echenique, ni Montero, ni “Pam”, ni Victoria Rosell, ni Mayoral, los símbolos iglesistas (ya que de los fundadores no quedaba ya nadie activo). Esto es solo una extrema unción del suicidio político que cometieron ellos mismos, después de un año insultando a Sumar, a los periodistas o a cualquiera que dijera que esa huida hacia adelante tras la Ley Sí y Solo Sí era un error político que se estaba cargando el gobierno y a Sumar. Criticaron a Díaz, a Carmena, a todo el mundo. Se autoexcluyeron, como secta insoportable.

Algunas caras nuevas de Podemos encajan en listas de Sumar, a pesar de ser iglesistas, porque algo de aire había que dejar al iglesismo. Y le otorgan el 23% de los recursos económicos, caray, que no está nada mal tras un desastre electoral del calibre del que tuvo Podemos. Belarra o Vestrynge entran, aunque nadie sabe muy bien sus méritos, pero quedan difuminadas en listas con mucha diversidad.

El mensaje es claro: o confluyes o no, pero no boicotees, el iglesismo ha muerto. Pero tampoco hay tanto drama, a Montero se le coloca en las listas para las europeas del 2024 y arreglado, que eso no quita desperdiciar su talento, y la política da mil vueltas. Y ya habrá tiempo para recompensar a otra gente de la vieja guardia, la prioridad ahora es frenar a PP y a Vox, todos a una.

Ni la obviedad de que el futuro existe ve el iglesismo. Ahora solo venden lloros por las esquinas. ¿O se pensaba que el hecho de llevar insultando varios años a todo el mundo y de que solo los iglesistas aguantaran en la secta no iba a pasar factura?. Mientras hoy el iglesismo se siente traicionado, una vez más, el resto de la izquierda del PSOE, y el propio PSOE, ve esperanza, ensombrecida por la actitud del iglesismo, de nuevo. No me sorprende en absoluto, estaba en su naturaleza de escorpión, ahogándose en el agua, pero aun con capacidad de inocular veneno. @mundiario

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