Fiesta presupuestaria española con la guerra a la puerta
A pesar de los presupuestos más sociales de la historia española, la desigualdad es mayor que nunca. Mientras tanto en el resto del mundo los problemas producen vértigo.
Nadia Calviño lo ha dicho con toda claridad y los datos la avalan: nadie en España ha dejado de beneficiarse, de una u otra forma, del maná de la abundancia que suponen los presupuestos más expansivos de la historia. Ni las rentas inferiores, que reciben un amplio abanico de ayudas, ni las rentas altas que gozan de descuentos en los combustibles, la energía o la rebaja del IVA de algunos productos. Nada, pues de sectarismo. Ricos y pobres, como se dice ahora, son beneficiados aunque en desigual medida, como es lógico.
Al generoso riego de ayudas, secundado por las Comunidades autónomas, se le resisten algunos problemas más serios. La respuesta aquí es el silencio. Por ejemplo ante el paro, cronificado en tres millones de personas desde hace ya bastantes años, el doble en porcentaje que la media europea. O ante las dificultades del mercado de alquiler, donde todas las Administraciones compiten en hacer poco o nada. La creciente desigualdad en las rentas, acelerada en los últimos años, tampoco merece comentario. Ni asuntos tan curiosos como el coste de la enseñanza obligatoria que sigue sin ser gratuita ni en los colegios concertados ni tampoco en los públicos. Son algunos de los problemas enquistados, entre otros muchos. En la fiesta del gasto público cuesta saber si el Titanic navega rumbo a la colisión con la realidad económica o si estamos embarcados en la prosperidad infinita y las facturas de la abundancia nunca habrá que pagarlas.
Y en el resto del mundo...
Mientras tanto en el resto del mundo los problemas producen vértigo. La conversación sobre armas nucleares se ha vuelto cotidiana. Polonia las reclama para su suelo y lo mismo Bielorrusia. Putin amenaza con ellas y Corea del Norte dispara misiles sobre Japón. La posibilidad del conflicto es reconocida por Biden. La única novedad parece ser que será Europa donde caerán las primeras bombas ya sean tácticas, de baja potencia, o estratégicas, más destructivas. Estados Unidos por su parte amenaza con destruir al ejército ruso. Descontada la propaganda, el fondo sigue siendo terrible.
España cumplirá con sus compromisos atlánticos gracias al fuerte aumento del presupuesto de Defensa donde la facción podemita del Gobierno ha claudicado a cambio de la aprobación de varias leyes de su interés y de mantener una cierta oposición de nivel bajo. Nada nuevo en una organización que ha hecho de la permanencia en el Gobierno, la razón de su existencia. El coste que paga el PSOE por soportarlo lo asume como menor. Así esta semana ha dado luz verde a un proyecto de ley que cuestionan las feministas socialistas además de provocar las protestas de especialistas de psiquiatría y otros.
CAMBIO DE ALIANZAS EN CATALUÑA
La ruptura anunciada hace mucho tiempo de la coalición nacionalista catalana, simplifica la acción del Gobierno que preside Pedro Sánchez. Ahora la ecuación es más simple que nunca: tú me apoyas en Madrid, yo te sostengo en Cataluña. Todo lo demás es a beneficio de inventario. El Gobierno catalán no resiste una votación adversa y, por tanto, su nivel de presión disminuye. El Gobierno español prefiere pactar con ERC que con el conglomerado nacionalista donde siempre había una pulsión irredentista.
El escenario inmediato es un Gobierno catalán en minoría sostenido por el PSC y los Comúns, sin participar en el Ejecutivo. Es decir, el mínimo desgaste posible. Las encuestas otorgan la alcaldía de Barcelona al PSC, lo que puede tensionar a los demás, pero las diferencias entre ellos son mínimas y, por tanto, caben varias combinaciones.
El largo camino del partido pujolista ha devenido en la irrelevancia. Después de gobernar durante la mayor parte de la historia autonómica exprimiendo a los gobiernos estatales de izquierda y derecha, de haberse lanzado hacia el vacío de la declaración de independencia y de haber perdido el poder, el camino de los herederos de Convergencia se encamina a la irrelevancia política, con gran alegría de ERC. Es el ocaso de un partido que, como Ciudadanos, confundió deseos y realidad. Su legado, una mezcla de política segregacionista, polarización y mesianismo, trufado todo ello de corrupción. @mundiario