El éxito de la IV cumbre UE-Celac depende de la voluntad para estrechar las relaciones

Trump está decidido a castigar a todo país que tome decisiones políticas y económicas que no le gusten. América Latina y el Caribe emergen como gran oportunidad para la UE, si Bruselas logra relanzar los nexos birregionales con ideas creativas y pasos firmes.
Participantes en una cumbre UE-Celac. / Mundiario
Participantes en una cumbre UE-Celac. / Mundiario

Donald Trump nos tiene acostumbrados a por lo menos una sorpresa por día. Como el pasado sábado, cuando anunció un 30% de aranceles para los productos provenientes de la Unión Europea. Entrarán en vigor partir del 1 de agosto, lo que deja a ambas partes un pequeño margen de negociación. Bruselas anuncia que quiere aprovecharlo, antes de decidir medidas de retaliación; léase una respuesta de castigo o venganza por una agresión u ofensa.

Unos días antes, el 9 de julio, el presidente norteamericano impuso un arancel del 50% a Brasil por la supuesta “caza de brujas” al antecesor de Luna en la presidencia del país, Jair Bolsonaro, que actualmente se enfrenta a un proceso judicial por su participación en el golpe de enero de 2023 Un paso más en el afán de la nueva administración en Washington de saltarse todas las reglas de juego del comercio global, hasta hace poco en vigor. Porque se trata de añadir al argumento económico una vertiente política unilateral.

Como escribe Trump en su carta al actual presidente Lula, la medida es una represalia, dado que considera que la “forma en que Brasil ha tratado al expresidente Bolsonaro, un líder muy respetado durante su mandato, incluso por parte de los Estados Unidos, es una vergüenza internacional … Este juicio no debería estar en marcha. ¡Es una caza de brujas que debe terminar inmediatamente”. A Bolsonaro, acusado de participación activa en el golpe de enero de 2023, le pueden caer 43 años de cárcel. La sentencia está prevista para septiembre.

Así, pues, países grandes, medianos y pequeños deberían tomar una vez más nota de la forma unilateral, irracional y peligrosa de actuar de Trump. Porque cualquier decisión política, económica y social que tomen y no sea compartida por Trump, puede acarrear un castigo: ya sea aranceles excesivos, ya sea intromisiones directas en asuntos de su soberanía. En la carta a Lula, el presidente norteamericano critica “los ataques insidiosos de Brasil a las elecciones libres y al derecho fundamental de la libertad de expresión de los estadounidenses”. Además, cita al Tribunal Supremo de Brasil, por haber “emitido cientos de órdenes de censura secreta e ilegal a (nuestras) redes sociales, amenazándolas con multas millonarias y la expulsión del mercado”. Tampoco le gustó a Trump que Lula fuese anfitrión de la última reunión de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África del Sur) más sus aliados, advirtiendo con imponer “un arancel adicional del 10% a cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS”.

Brasil responde

La respuesta de Lula fue contundente: si Trump consume su amenaza de imponer aranceles del 50% a los productos brasileños, Brasil también les cobrará el 50%. Para continuar asegurando que “Brasil es un país soberano con instituciones independientes que no aceptarán ser controladas por nadie”, que el juicio contra Bolsonaro compete a la justicia, que la libertad de expresión no ampara prácticas violentas y que la información de que los Estados Unidos tiene un déficit comercial con Brasil es falsa.

La nueva administración Trump complica la vida a América Latina. Su política arancelaria errática afecta, como analizaba “El País Negocios” el 16 de febrero de 2025, especialmente a México, porque de cada 10 dólares que exporta este país, 8 van al país vecino del norte. Superando así a China y Canadá como el importador más importante de los Estados Unidos de América.

Además, el cierre de la agencia de cooperación USAID significa un duro golpe a la lucha contra la pobreza en América Latina, que afecta a 172 millones de personas, un 27% de la población total. Si se le añade el desempleo, sobre todo de las mujeres, la informalidad laboral, el bajo nivel educativo, la pérdida de la ventaja demográfica, la falta de inversiones, la inseguridad creciente y una deuda pública que va en aumento, se dan una serie de desequilibrios que impiden que el crecimiento de la región sea mayor. 

Ante estas perspectivas, cobra relevancia hasta qué punto la Unión Europea puede aprovechar el vacío que están dejando EE UU para desarrollar una estrategia coherente y una relación más estrecha con América Latina. Como escribía Ramón Jáuregui, presidente de la Fundación Euroamérica, en el diario ABC del 13 de junio: “Ahí estamos. Tan cerca y tan lejos. Mucha confluencia cultural e histórica, pero muy separados por los grandes temas geopolíticos. Un enorme cruce humano de migraciones respectivas, pero separados por burocracias que limitan esa comunicación social. Muchos acuerdos políticos y comerciales, pero Europa sigue mirando al Este y América Latina enfrascada en sus fracturas interiores, sin peso político en el concierto internacional”.

En su opinión, tres sugerencias podrían ser claves para el éxito de la cuarta cumbre UE-Celac, convocada para los días 9 y 10 de noviembre en Santa Marta, Colombia: “Primera. El impulso europeo a la agencia de inversión Global Gateway. Esa agenda recoge una relación de 135 proyectos de inversión en las diferentes países de América y el Caribe de acuerdo con sus propias necesidades … Segunda. Una oferta migratoria de Europa a América Latina … Europa daría así una extraordinaria señal de fraternidad social y solidaridad frente al vecino del norte, que humilla a sus países vecinos y maltrata a sus poblaciones, expulsando a los inmigrantes latinoamericanos, encadenados de pies y manos … Tercero. Construir una alianza política y estratégica frente al caos multipolar, más allá de retóricas del pasado. Reclama reconocer primero las dificultades de tal propósito”.

El acuerdo con Mercosur

Habría una cuarta sugerencia que daría una señal muy positiva a las relaciones: que se ratifique por parte de la Unión Europea antes de la cumbre el acuerdo de libre comercio con Mercosur. Según Omar Paganini, ex ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, con “la relación de un bloque de 800 millones de personas, se busca contrarrestar las tendencias de fragmentación y promover el comercio y la cooperación en un entorno más abierto y colaborativo”.

El presidente del Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAD), Sergio Díaz-Granados, resaltaba por su parte: “Si logramos el acuerdo de Mercosur tendremos el área comercial más importante del mundo con … un área que aglutina el 25% del PIB mundial. Si logramos hacer eso bien habrá un espacio de crecimiento para las empresas grandes y pequeñas y ayudará a la seguridad europea en materias primas y alimentos”.

Relevante será que, una vez ratificado por parte de los Veintisiete miembros de la UE, esta tendría acuerdos de comercio con todos los países de América Latina y el Caribe, con excepción de Bolivia, Cuba y Venezuela. Es decir, con el 95% del PIB de la región, en comparación con el 44% de EE UU y el 14% de China.

El Consejo Empresarial Alianza para Iberoamérica (Ceapi), que reune a un nutrido número de representantes institucionales y empresarios de ambos lados del Atlántico, destacó en su reciente encuentro en Sevilla que América Latina y el Caribe emergen como gran oportunidad para Europa frente a Trump. El crecimiento para la región previsto por el FM no es extraordinario, pero sí con 2,0% para 2025 y del 2,4% para 2026 el doble que se espera para la UE y también mayor que las expectativas para EE UU. Los expertos Carlos Malamud y Ernesto Talvi del Instituto Elcano resaltan a su vez que la “UE es consciente de que necesita aliados en un mundo más complejo, donde EE UU ya no es un socio fiable y hay nuevos desafíos como la presencia de potencias expansionistas (invasión rusa en Ucrania). Entre los posibles aliados, América Latina sobresale con luz propia y hacia allí mira Bruselas, decidida a relanzar la relación birregional”.

Hará falta por todos voluntad, diplomacia y suerte para lograr que la cumbre de Colombia sea un éxito. ¡Además de un fuerte liderazgo por parte de Bruselas! @mundiario

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