El espejo francés deja al menos tres advertencias para España
Una posible caída del primer ministro francés François Bayrou, apenas ocho meses después del derrumbe del gobierno de Michel Barnier, trascendería el ámbito político francés y enviaría una clara señal de alerta a toda la zona euro.
Francia, tradicionalmente considerada uno de los países centrales junto a Alemania y los Países Bajos, afronta ahora un déficit público del 5,8% del PIB en 2024 –el más elevado de la eurozona– y una deuda que ya rebasa el 113% del PIB. Son números insostenibles, como ya sabe Emmanuel Macron.
El espejo francés deja al menos tres advertencias para España:
1. La disciplina fiscal ya no es opcional. Los mercados no distinguen entre países centrales y periféricos: quien se endeuda sin control pierde credibilidad rápidamente.
2. El crecimiento es clave. Italia demuestra que no basta con tener superávit primario; sin dinamismo económico, la deuda se vuelve insostenible.
3. La estabilidad política importa. Francia evidencia que la fragmentación parlamentaria puede agravar una crisis fiscal. España, con su compleja aritmética parlamentaria, no debería ignorar esta lección. Ni Pedro Sánchez ni Alberto Núñez Feijóo deberían perderlo de vista.
En realidad, la crisis francesa no es un episodio aislado, sino un síntoma de una eurozona que afronta un nuevo mapa de riesgos. La vieja etiqueta de los PIGS –acrónimo peyorativo en inglés con el que medios financieros anglosajones y del norte de Europa se refieren en ocasiones al grupo de cuatro países del sur de Europa conformado por Portugal, Italia, Grecia y España– ha quedado obsoleta: el nuevo eje que divide a los países es su capacidad –o incapacidad– para garantizar disciplina fiscal y estabilidad política. @mundiario