La “era de las habilidades” pone fin a la discriminación laboral

Una mujer desayunando en el cama. / Unsplash
Actualmente es tan atrevido decir que un hombre es más apropiado para unas tareas que una mujer, como mencionar que una mujer es más analítica que un hombre.

La conclusión, después de tabular más de 40.000 test del ADNe de personas de diferente género, es que no existe justificación alguna para que la discriminación laboral por cuestión de género y edad se mantenga.

Esta tecnología mide con suma precisión infinidad de parámetros relacionados con el nivel competencial, los rasgos de personalidad, capacidad negociadora, posicionamiento directivo, etc… y en ninguno de estos análisis se han detectado diferencias por cuestión de género. De hecho, pueden existir más diferencias de desarrollo emocional y cognitivo entre 2 hombres que entre un hombre y una mujer.

Durante mucho tiempo se ha mencionado la frase de “más vale maña que fuerza”, aceptando que cierta dosis de ingenio, destreza e inteligencia podrían ser más útiles que la fuerza bruta.

Actualmente y teniendo en cuenta la gran evolución de la mecánica, la electrónica, la informática, los automatismos y la robotización, la fuerza física individual no es esencial a la hora de ejecutar funciones laborales concretas que antiguamente se le atribuían al género masculino.

Según los datos aportados, existen más de 36.900 millones de combinaciones posibles en la secuenciación del código ADNe, pero ninguna obedece a una cuestión de género o edad.

Parece ser que a lo largo de la historia hemos relacionado patrones sociales con respecto al género y que la condición gestante de la mujer ha sido interpretada como una limitación o mejor dicho, como una función limitante a nivel laboral. En la sociedad, en términos generales, se ha considerado la maternidad como una actividad excluyente sobre otras.

Lo cierto es que la configuración cromosómica entre XX y XY reporta aproximadamente unas 64 variaciones genéticas de las más de 22.000 existentes. Así, la obligada combinatoria neuromoduladora permite obtener unos resultados comportamentales estables, independientemente del género.

Por ello, directivas y directivos muestran un amplio espectro de competencias en diversos grados, pero siempre como resultado de la actividad sináptica dependiente del sistema neuromodulador que obedece a su configuración sináptica. Así mismo, la experiencia y el aprendizaje permiten desarrollar intensidades variables en dichas conexiones ya determinadas que la tecnología tiende a homogeneizar.

IA para eliminar la brecha de género

En un reciente estudio realizado durante el año 2022 sobre una muestra de 400 ejecutivos y ejecutivas, se determinó que las capacidades, habilidades y talento de hombres y mujeres poseían datos similares. Las escasas diferencias aparecidas obedecían a las características individuales y no a su género. De ahí, la importante cuestión de una correcta realización de las prácticas de reclutamiento, las cuales pueden arrojar un balance de mayor número de hombres que de mujeres o lo opuesto.

Así, podemos aprovechar la transformación digital y la IA para eliminar totalmente la brecha de género.

Las diferencias cromosómicas y hormonales entre los diferentes géneros están ahí, pero no inciden directamente en los aspectos cognitivos, sino más bien en las características fisiológicas. Tengamos en cuenta que nuestro cerebro posee una clara tendencia al equilibrio neurotransmisor, lo cual se plantea constantemente como el objetivo, sin perspectiva alguna de género.

Sería muy gratificante que cuando nos referimos a cambiar la cultura empresarial, sea precisamente en relación a generar un cambio en el aprendizaje colectivo que nos permita ver las opciones de las personas, independientemente del género.

Actualmente es tan atrevido decir que un hombre es más apropiado para unas tareas que una mujer, como mencionar que una mujer es más analítica que un hombre.

Así mismo, si nos remontamos al estudio realizado el año 2019 con personas pertenecientes al colectivo LGTBI, auspiciado por la Cámara de Comercio Italiana y la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento de Madrid, las conclusiones fueron exactamente las mismas. La muestra se caracterizó por una tendencia más analítica y creativa, pero en modo alguno podemos extrapolar estas capacidades a todo el colectivo. De hecho, encontramos, como es natural, similares indicadores creativos, protectores o estratégicos en personas de diferente género.

Por ello, nos encontramos ante el fin de la especialización laboral por género ya que el “desarrollo físico” siempre ha sido avalado por una deficiente interpretación de la teoría taylorista en la que se premiaba el esfuerzo físico a la hora de ejecutar eficientemente tareas manuales pesadas como la carga de carbón con palas o la construcción de las vías del tren acarreando los raíles. Pero en realidad Taylor buscaba la eficiencia en el trabajo basándose en la premisa “Diferente fuerza física, diferente herramienta… mismo resultado”.

Como ya sospecha, nos encontramos en la Era de las Habilidades. @mundiario