Los elefantes confunden el Despacho Oval con una cacharrería
No es casualidad que el mundo padezca temblores de tierra, síntomas de erupciones volcánicas, agujeros en esa otra capa de ozono de La Paz, estertores de cambios climáticos políticos, económicos, territoriales e imperiales, precisamente un mes y pico después de que Donald Trump haya renovado como inquilino de la Casa Blanca.
Los grandes expertos en geoestrategia, en balanzas de pagos entre naciones, en materias primas de tierras raras y cosas de esas, por un lado, se rompen estos días la cabeza haciendo cábalas respecto a ese remedo de King Kong que, una desaprensiva expedición encabezada por un tal Elon Musk, se ha traído de alguna exótica selva sociológica y lo ha soltado, nada más y nada menos, que en el mismísimo Despacho Oval. Por otro lado, en cambio, muchos de los grandes dirigentes del mundo, especialmente los europeos, claro, consultan a los más prestigiosos y escasos expertos en tan delicada materia, para urdir un ritual de conjuro específico para presidentes poseídos, a ver si me entiendes, teniendo en cuenta el parecido de Donald Trump, el otro día, expulsando bilis contra Zelenski a imagen y semejanza de la niña del exorcista contra el padre Carras.
Y, sin embargo, repasas las últimas ocho décadas de la historia del United States of América, y descubres un denominador común en varios de sus momentos más oscuros para ellos y mas inquietantes para el planeta. Con honrosas excepciones, no es casualidad que a la humanidad nos los hayan puesto de corbata coincidiendo, en tantas ocasiones, con un Presidente del Partido Republicano en La Casa Blanca. Durante el paradigmático Crack del 29, por ejemplo, estaba de inquilino Herbert Clark Hoover; y Eisenhower, sin ir mas lejos, inició el drama del Vietnam proclamándose el Primo de Zumosol del Vietnam del Sur, con la correspondiente erupción volcánica del Vietnam del Norte; y el inolvidable inquisidor Joseph McCarty, nada más cambiar de chaqueta como senador demócrata y convertirse en senador republicano, se montó la siniestra “caza de brujas” que convirtió a Hollywood, la fábrica de los sueños, en una fábrica de pesadillas.
Y que me dicen ustedes del inefable Bush junior, que no se conformó con liarla en Irak, tras la funesta Foto de las Azores, sino que, de propina, nos regaló la pandemia financiera del virus Lehman Brothers. Antes, claro, había pasado Richard Nixón con su Wartergate, sus hombres del presidente, su sonado impichmen y uno de los legados mas vergonzosos de la saga de los 45 hombres que se han sentado en el Despacho Oval en la historia de EE UU que, a partir de ahora, se dividirá en un antes y un después de Trump.
Apelo pues a esos polvos republicanos para encontrarle alguna explicación de estos inesperados e inauditos lodos que nos están exportado. Ahora comprendo porqué el símbolo del Partido Republicano es un elefante, oye: porque suelen pasar por la historia entrando como paquidermos en esa cacharrería a la que llamamos el mundo. @mundiario