Plato del día

Dios o la historia le dan pan o democracia a quién no tiene dientes

¡Buenos días, tristeza! En el cafelito de la mañana solo se pueden mojar guasaps, insultos, descalificaciones, espuma de Caines saliendo por sus bocas, manuales de resistencia, atentados digitales y tumores cancerígenos en una democracia con síntomas de metástasis.
Democracia en pie; democracia de rodillas...
Democracia en pie; democracia de rodillas...

En días como estos, se pregunta uno qué hemos hecho, qué hemos dejado hacer las españolas y españoles para merecernos esto. Me cruzo por las calles con conservadores y progresistas, con ultras de izquierdas y ultras de derechas y, oye, de verdad, resuena en mi cabeza el refrán que utilizaban nuestros abuelos cuando sus nietos desaprovechaban oportunidades que les ofrecía la vida: Dios le da pan a quien no tiene dientes. Miro hacía atrás, ya sin ira, y se me aparece El Pardo, la infausta lucecita que permanecía encendida por las noches durante mas de 40 años, la pluma deslizándose al pie de un decreto de pena de muerte, los trayectos entre celdas y paredones que recorrían seres humanos caminito de su último amanecer, ¡al alba, al alba…!, y creo que hemos caído en la trampa de los que intentan obtener réditos políticos de un infausto pasado, para oficio y beneficio de oligarcas del presente y un futuro de derechos y libertades de cartón piedra como un decorado democrático con millones y millones de extras, como ustedes, como vosotras y vosotros, como este loco que, ante la pantalla de este ordenador (culpable de un incruento genocidio con los folios en blanco), se atreve esta mañana a reformar el refranero genuinamente hispano: ¡La historia le da democracia a quién no tiene dientes!

Les estamos llamando partidos políticos, ejemplo, a implacables dictaduras en las que, los artículos de la Constitución que consagran sus respectivas democracias internas, relevan al papel higiénico en los servicios de damas y caballeros de la sedes, los parlamentos y sus franquicias autonómicas. Le llamamos derecho a la información, a un puzzle de grupos de presión audiovisual, digital o escrita que, a veces dicen la verdad, en ocasiones algo de verdad y casi nunca toda la verdad, con la connivencia de un pueblo, al que pertenecemos ustedes y yo, con tendencia a aceptar que cuando el río mediático suena algo lleva, si lo que suena está al gusto del consumidor, claro. Llamamos Justicia a un conjunto de árbitros con toga que, casualmente, solo aciertan cuando sus sentencias coinciden con las nuestras y practican el lawfare cuando nos llevan la contraria. Llamamos lado bueno de la historia a cada uno de los lados de un muro, ¡tantos muros!, que hemos ido levantando (tras haber derribado el que separaba a sagas de vencedores o vencidos en plena transición del 78), a los nuevos buenos y malos, malos y buenos, tanto montan, que nos hemos inventado para mantener el tradicional cainismo de la historia interminable de esa España de Machado, con presentes y pasados efímeros, con mujeres y hombres que no acabamos de ser ni de ayer, ni de mañana, sino de nunca de la cepa hispana; ni fruto maduro, ni podrido, haciendo oposiciones a fruta vana y sobreviviendo en una España que va pasando, que no acaba de ser y sigue teniendo la cabeza cana, a pesar de haberse teñido de democracia un 15 de junio de 1978.

¿Somos una democracia? Hombre, por una parte yo que sé y por otra ¿qué quieren que les diga? Nos dejan ir cada cuatro años a las urnas; no estamos locos: sabemos lo que votamos. Pero, en cuanto se sellan las urnas, se hace el recuento y se le entregan las llaves del reino a un compatriota investido, solo nos queda el derecho de la voz, de las voces que, a lo máximo que pueden aspirar es a clamar en el desierto durante cuatro años. Eso, o un inaudito milagro con un solo precedente en los 46 años de resurrección democrática en España: la dimisión de Suárez. Fue el único Presidente  que, solo, abandonado y con escasas perspectivas de traspasar puertas giratorias, prefirió morir de pie, incluso ante un Tejero, que a vivir de rodillas aplicando las instrucciones de un manual de resistencia, ¡tantos nefastos y sucesivos manuales de resistencia…! @mundiario

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