CARTA DEL EDITOR

La democracia trajo consigo la época de mayor libertad y progreso

Franco y su féretro. / Mundiario
Cada 20 de noviembre, el día de la muerte del dictador Francisco Franco, permite recordar que la democracia no fue un regalo, sino una conquista colectiva que asombró al mundo y que hoy necesita ser defendida frente al ruido revisionista.

Cada 20 de noviembre España hace una pausa incómoda para mirarse en el espejo. No es una fecha cualquiera: es el aniversario de la muerte de Franco, un momento que lleva medio siglo invitando a pensar en lo que pasó –una guerra civil y una larga dictadura– y en cómo se recuperó la libertad. Hoy, en pleno auge global de la extrema derecha, ese ejercicio se ha vuelto más necesario. No solo porque proliferan discursos que blanquean la dictadura, sino porque entre los jóvenes empieza a calar la idea de que la democracia es prescindible. Según el CIS, el 17% cree incluso que se vivía mejor bajo un régimen que ni vivieron ni conocen. Un síntoma de que algo se está rompiendo.

Aunque duela, el franquismo incluyó un país pobre y desigual, aislado, trufado con represión, sentencias de muerte, partidos y derechos prohibidos, mujeres tuteladas por ley, represión cultural, sexual y lingüística, una educación raquítica y el mantenimiento de fosas comunes. No son recuerdos distantes: fueron realidades latentes hasta los años 70.

La muerte del dictador abrió un período incierto que pudo haber acabado en cualquier cosa, pero que terminó siendo una de las transiciones democráticas más admiradas del mundo. España, contra pronóstico, protagonizó un cambio que muchos países celebraron como ejemplo. El clima político era tenso, la economía estaba en crisis y la herencia del régimen seguía ahí, pero con pactos, cesiones y una voluntad general de convivencia se construyeron la Constitución, los Pactos de la Moncloa y el armazón institucional que permitió lograr la etapa de mayor paz y prosperidad de la historia de este país.

Por supuesto, no fue un proceso perfecto. No hubo ruptura, sino reforma. Una parte del viejo régimen conservó cuotas de poder, la violencia de grupos armados –de varios signos– golpeaba con frecuencia y la tensión política era enorme. Pero se logró lo esencial: ensanchar la democracia y establecer un marco de derechos que, con sus altibajos, ha permitido a España convertirse en un país mucho más libre, diverso y próspero. Un país europeo, democrático.

50 años de España en Libertad

En este contexto, la publicación de las memorias de Juan Carlos I, el rey anterior, no ha ayudado. Su relato, que minimiza el papel del antifranquismo, alimenta sin querer el revisionismo al atribuir a una figura individual un proceso que fue colectivo, plural y conflictivo. El papel del rey fue relevante, sí, pero no explica por sí solo la magnitud de aquel cambio.

Tampoco ayuda que la conmemoración de los 50 años de España en Libertad se haya enredado en la batalla partidista. El Gobierno quiere que sea una herramienta de pedagogía democrática, pero el clima político impide que funcione. Y el Partido Popular, con responsabilidad institucional y memoria histórica propias, no puede permitirse coquetear con quienes trivializan los abusos de la dictadura. No es una disputa contra un Ejecutivo concreto: es una cuestión de Estado. Se supone que, por muchas cosas que los separen, PP y PSOE son dos partidos democráticos.

Ambos saben, por ejemplo, que España ha demostrado, una y otra vez, que sabe corregirse, aprender y avanzar. Pero también son conscientes de que la memoria democrática no se sostiene sola. Necesita instituciones que la cuiden, partidos capaces de pactar lo esencial y una sociedad dispuesta a plantar cara a la manipulación. Así lo advierte el escritor Javier Cercas cuando escribe que lo mejor que se puede hacer con el pasado, incluso con el más oscuro, es entenderlo para poder dominarlo.

Cincuenta años después, lo que está en juego no es un recuerdo, sino el futuro. Con Franco no se vivía mejor. Y olvidar lo aprendido puede derivar en indefensión ante lo que pueda venir. Pese al revisionismo histórico y el discurso de la extrema derecha, el desmontaje de la legislación de la dictadura ha llevado a España a la época de mayor libertad y progreso@J_L_Gomez en @mundiario