¿Cuál es el mejor modelo identitario-territorial para España?

El actual Estado de las Autonomías ni respeta verdaderamente las identidades españolas ni es armónico ni eficiente en términos económico-administrativos. Urge una profunda reforma del mismo en un sentido federal.
España autonómica
España autonómica. / RR SS.

España se constituye como un Estado unitario descentralizado formado por diecinueve Autonomías, entre las cuales encontramos ocho nacionalidades, nueve regiones más dos ciudades autónomas.

El actual debate acerca del concierto económico catalán me ha llevado a reflexionar acerca de cuál es el mejor modelo para España tanto en el plano identitario como en el territorial, pues ambos deben ir de la mano. Por otro lado, nuestro sistema debe ser más eficiente, a la vez que debe respetar la identidad española, así como la de los diferentes territorios de Hispania. En este sentido, lo mejor para nuestra Patria es un Estado federal, plurinacional, solidario y semisimétrico donde todos los ciudadanos sean, por supuesto, libres e iguales en términos jurídicos sin distinción de índole e independientemente de las identidades existentes: en un Estado democrático y de derecho el principio de igualdad y de defensa de los DD.HH. está y debe estar por encima de cualquier índole social o natural.

Comencemos nuestro análisis por la vertiente identitaria: El actual mapa autonómico niega el carácter de nación a las diferentes naciones ibéricas y no refleja plenamente todas. Pues a mi modo de ver, España es una nación de naciones, regiones y ciudades autónomas. Por nación comprendemos todo territorio con lengua, cultura, geografía e historia propias; mientras que la región posee un grado inferior (cultura, geografía e historia propias, pero carece de lengua propia). España por supuesto que es una nación en términos románticos (no jurídicos), en base a su iberismo geográfico-físico, al hecho de haber una historia común desde la Hispania romana, al catolicismo histórico-cultural, al hecho de que la mayoría de la población es étnicamente caucásico-mediterránea, a la latinidad histórica y lingüística y al carácter ibérico de sus ocho lenguas (castellano, catalán-valenciano, gallego, portugués, euskera, aragonés, asturleonés y occitano).

Así, las naciones españolas (territorios con lengua, cultura, geografía e historia propia o con alguna otra especificidad relevante) serían, aparte de la propia España: Galicia, Asturias, León, Vasconia, Occitania (Val d’ Arán), Aragón, Cataluña, Andorra, Valencia, Islas Baleares, Castilla, Andalucía, Canarias y Portugal. Aunque no tenga  lengua propia, Andalucía es una nación por su peso histórico-político y cultural durante la Reconquista, mientras que Canarias lo es por su historia y por su idiosincrasia geográfico-física africana e insular. Portugal, por su geografía e historia podría considerarse en términos identitarios una parte de España plenamente descastellanizada. Evidentemente, su incorporación política a nuestro país es imposible. Y en el caso de Andorra (ibérico-pirenaica y catalanohablante), más de los mismo que los lusos respecto a una hipotética unión ibérica política.

Las regiones españolas (territorios sin lengua propia y no castellanos), por su parte, serían: Cantabria y Murcia, Ceuta y Melilla, por su parte, seguirían con su actual estatus identitario-administrativo de ciudades autónomas si hubiese un modelo territorial más realista.

En resumen, en un mapa político-identitario ideal de España/Hispania, estas catorce naciones, dos regiones y dos ciudades autónomas deberían ser sus respectivos Estados federados si nos fijamos únicamente en las particularidades de cada territorio y si omitimos la voluntad popular.

A su vez, no debemos olvidar que la nación española es parte de una supranación jerárquicamente superior: la Europa Latina, heredera aproximada de la Roma antigua (Hispania formó parte de esta entidad política entre 197 AC y 411 DC), la cual posee estos siete rasgos comunes: pertenencia en la Edad Antigua al mencionado Estado romano, etnia caucásico-mediterránea mayoritaria, latinidad lingüística, catolicismo históricamente mayoritario, herencia cultural grecorromana, cultura política parecida  y posición meridional en el sur de Europa.

Una vez analizada la vertiente identitaria del espacio hispánico dentro de Europa, procederemos a tratar el modelo territorial actual. Así, en él observamos una serie de perjuicios administrativos:

1) Descontrol del gasto político, expresado en la creación de multitud de chiringuitos y de cargos públicos innecesarios.

3) Privilegios financieros (cupo y convenio) a Euskadi y Navarra.

4) Dumping fiscal que ejercen CC.AA. como Madrid, una región artificial en términos identitarios, por otro lado.

5) Desigualdad sanitaria, al estar descentralizada esta competencia.

6) Ausencia de armonía fiscal.

7) Desigualdad de sueldos entre empleados públicos.

A mi modo de ver, debería llevarse a cabo una reforma profunda de nuestro modelo territorial en un sentido federal, plurinacional, semisimétrico, solidario y eficiente a partir del siguiente decálogo:

1) Regulación legal desde el poder central del techo de gasto político de las diferentes entidades políticas, así como de los sueldos públicos (a nivel central, autonómico y local), buscando siempre la igualdad interterritorial.

2) Regulación legal desde el poder central de los impuestos territoriales, garantizando siempre el sagrado principio de armonía interterritorial.

3) Recuperación de la competencia sanitaria por el poder central.

4) Eliminación del Senado -cámara de representación territorial innecesaria y despilfarradora-, así como las Diputaciones Provinciales. Que su financiación y competencias las asuman las Autonomías.

5) Reconocimiento constitucional de la oficialidad del aragonés y del asturleonés; aparte, por supuesto, del resto de idiomas, los cuales actualmente ya son oficiales en el Estado español.

6) Garantía, dentro de los centros educativos reglados, de un minimo normativo obligatorio de impartición del 25% de la enseñanza en castellano (como actualmente establece el TS) y de entre un 60%-75% en el idioma propio distinto del castellano para así proteger el patrimonio inmaterial español.

7) Prohibición expresa de cualquier forma de caciquismo presupuestario en los PGE, autonómicos y locales.

8) Fijación de techos y suelos competenciales máximos y mínimos para las entidades municipales, autonómicas y centrales; siendo escasas las diferencias recíprocas.

9) Garantía plena del principio de solidaridad interterritorial.

10) Principio de igualdad y no discriminación sin distinción de índole.

En resumen, creo que este modelo reflejaría muy bien las identidades hispánicas a la vez que buscaría la eficiencia, conjugando el respeto a las realidades territoriales con el principio básico de solidaridad interterritorial.

En este sentido, tanto el centralismo de base castellano-madrileñista que propugna Vox; como la ruptura territorial de España que plantean los independentistas; o el pseudofederalismo asimétrico, relativamente insolidario e ineficiente al que nos han llevado el PP y el PSOE han sido negativos para nuestra Patria. En contraposición, si unimos los planteamientos girondinos en lo identitario del carlismo y del regionalismo decimonónico con el jacobinismo financiero y fiscal de Izquierda Unida o, fundamentalmente, de Izquierda Española nos quedaría un modelo identitario-territorial sobresaliente.

Por último, opino que las estructuras territoriales, si bien es deseable que tengan en cuenta las diferentes identidades socioculturales, no se deben imponer, pues deben aprobarlas los ciudadanos democráticamente; respetando siempre, eso sí, los principios de igualdad, solidaridad y de protección del patrimonio cultural. @mundiario

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