Crisis sanitaria en Andalucía: la dimisión de Rocío Hernández pone a prueba el liderazgo de Moreno Bonilla

La renuncia de la consejera de Salud por el escándalo de las mamografías abre una grieta política en la Junta y revela un problema estructural del sistema sanitario andaluz.
Ilustración del Presidente de la Junta de Andalucía. / Mundiario
Ilustración del Presidente de la Junta de Andalucía. / Mundiario

La dimisión de Rocío Hernández como consejera de Salud de Andalucía marca el punto culminante de una crisis sanitaria que llevaba demasiado tiempo gestándose. El llamado “escándalo de las mamografías” —provocado por los retrasos en la lectura y comunicación de cribados de cáncer de mama— ha terminado por desbordar a un Gobierno que, hasta ahora, presumía de estabilidad y control. Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta, ha intentado contener el daño con un plan de choque y palabras de reconocimiento hacia su ya exconsejera, pero el mal está hecho: el caso ha abierto una grieta política y de confianza en la gestión de la sanidad pública andaluza.

La cronología de los hechos deja en evidencia una reacción tardía. La Junta conocía los primeros casos desde hacía más de un año y medio, pero el problema solo afloró cuando las mujeres afectadas alzaron la voz y acudieron a los medios de comunicación. En un sistema tan grande y complejo como el andaluz —el mayor servicio de salud autonómico de España— los fallos son inevitables, pero lo que ha indignado a la ciudadanía es que la alerta no partiera de la Administración, sino de las propias pacientes.

El presidente andaluz intentó resistir durante días la presión política y social, negándose a cesar a Hernández y defendiendo su labor con apelaciones a la honestidad y la entrega. Sin embargo, el goteo de testimonios de mujeres que habían desarrollado tumores sin conocer los resultados de sus cribados, las denuncias ante la Fiscalía y la movilización social acabaron forzando una dimisión inevitable. El clamor popular frente a la sede del Servicio Andaluz de Salud, donde se escucharon gritos inéditos de “dimisión” dirigidos también a Moreno Bonilla, fue el síntoma más visible de un descontento acumulado.

El plan de choque presentado por la Junta —con una inversión de 12 millones de euros y la contratación de 119 profesionales para revisar todos los casos dudosos antes del 30 de noviembre— llega tarde y es recibido con escepticismo. Tanto las afectadas como los sindicatos dudan de su eficacia real y lo ven más como una maniobra de control político que como una solución estructural. El anuncio, además, se hizo sin la presencia de la consejera, ausente desde su desafortunada comparecencia en la que minimizó los casos y acusó a las afectadas de politización.

Falta de empatía y escasa habilidad política

Rocío Hernández, médica de formación y gestora por vocación, había sido elegida por Moreno precisamente por su perfil técnico, alejado del ruido partidista. Pero su falta de empatía y su escasa habilidad política resultaron letales. En menos de un año al frente de la consejería, su gestión se convirtió en un problema mayor que los que había heredado. La crisis no es solo la de una consejera superada por los acontecimientos, sino la de un modelo de gobierno que ha confundido la gestión eficiente con la insensibilidad institucional.

El PSOE y Adelante Andalucía coinciden en señalar que el problema va más allá de una dimisión. Para la oposición, el caso de las mamografías es el síntoma de un modelo sanitario sometido a la lógica de la privatización progresiva y a la pérdida de músculo en la atención primaria. Vox, por su parte, también ha apuntado al presidente como responsable último de la situación, un hecho inusual que refleja la magnitud política del escándalo.

Rocío Hernández. / TVE
Rocío Hernández. / TVE

Los sindicatos médicos y las organizaciones de trabajadores de la sanidad pública comparten la crítica: el relevo en la consejería no bastará si no se abordan las causas profundas del colapso del sistema. Piden que el nuevo titular de Salud afronte una auditoría real y transparente, que no se limite a apagar incendios y que devuelva credibilidad al sistema público.

El caso, en definitiva, trasciende la dimisión de una consejera. Es la consecuencia de una gestión que ha priorizado la imagen sobre el control interno, la eficiencia numérica sobre la calidad asistencial y la comunicación política sobre la empatía con los pacientes. Moreno Bonilla ha perdido, por primera vez en su mandato, la iniciativa y el relato. Su reto ahora no es solo recomponer su Gobierno, sino recuperar la confianza de una ciudadanía que siente que el sistema sanitario público la ha abandonado.

La crisis de las mamografías ha expuesto una herida más profunda: la desconexión entre la política sanitaria y la vida real de las personas. Mientras no se cierre esa brecha con medidas concretas, transparentes y humanizadas, ninguna dimisión ni plan de choque bastarán para curar el daño causado. @mundiario

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