Las sujetos de las checas que la Memoria Democrática convierte en víctimas

El artículo 4.1. de la ley, al anular "todas las condenas" por causas políticas sin más precisión, abarca a los autores de los centros de detención y tortura de Madrid, de la que es tristemente famosa la del gallego García Aladell, del PSOE y amigo de Prieto.
Causa General y Ley de Amnistía
Causa General y Ley de Amnistía,./ Archivo Asociación de la Prensa de Vigo y RR SS, de F.R,

“Donde la Ley no distingue, no se puede distinguir”. Conviene tener presente este principio jurídico cuando se analiza el alcance real de las leyes de Memoria Histórica y Democrática, especialmente la segunda, en cuanto a su aplicación exculpatoria de determinadas conductas criminales que repugnarían a cualquier Estado democrático y a la conciencia moral de una sociedad. Y como nada explica mejor lo que quiero e indicar, veamos un caso llamativo, el del criminal Agapito García Atadell, del PSOE, amigo de Prieto, y responsable de la más terrible checa de Madrid, que funcionó en el Madrid republicano, siendo el más sanguinario centro de detención y tortura. Atadell fue detenido cuando huía con el fruto de sus fechorías, una enorme fortuna, y tras traicionar a sus propios correligionarios, y escribir una carta de despedida a Prieto. Según el artículo 4 de la Ley de Memoria Democrática, García Atadell es hoy una víctima del franquismo y su memoria debe ser reparada.

El artículo 4.1 de la citada Ley señala: “Como expresión del derecho de la ciudadanía a la reparación moral y a la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, se reconoce y declara el carácter ilegal y radicalmente nulo de todas las condenas y sanciones producidas por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa durante la Guerra, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura, independientemente de la calificación jurídica utilizada para establecer dichas condenas y sanciones”. Es decir, que dentro de este paquete se incluye sin duda la condena a Atadell, ya que, por sus actos, como recientemente se ha argumentado también con respecto a los crímenes de ETA, se cometieron por razones políticas. Si son todas las condenas ésta y otras también. Todas es todas. García Atadell huyó de la capital de España, pues acabó siendo odiado tanto por la FAI como por el partido comunista, con quienes se negó a compartir su botín. Cuando escapa abandona a sus propios compañeros de la brigada, y se le acusó de llevarse joyas y objetos por valor de 25 millones de pesetas de la época. Como era un cobarde, en noviembre de 1936, en lugar de quedarse en Madrid para defender la República, pone pies en polvorosa. Su temor era ser atrapado ante lo que entonces se creía posible, la entrada de Franco en Madrid, cosa que no se produjo gracias al valor de los milicianos republicanos y las Brigadas Internacionales. Pero las ratas escapaban.

Cuando lo detienen declara ser atural de Viveiro, de oficio tipógrafo y vivía en Madrid en la calle de Bravo Murillo. Cuando surgió el movimiento del 18 de julio era auxiliar en las oficinas del Partido Socialista, y que fue escogido y agregado a una Brigada compuesta por cuarenta y ocho hombres que tenían su domicilio en la antigua casa de los condes del Rincón. Esta brigada formaba una especie de Comisión de Control de la Policía, y había un Tribunal sentenciador, presidido por el inspector de Policía, llamado Lino. García Atadell  confesó que la brigada practicaría unas ochocientas detenciones mientras él tuvo intervención en ella. Tras las ejecuciones, dejaban los cadáveres en la Ciudad Universitaria, García Atadell se convierte al catolicismo antes de ser fusilado y escribe una lacrimosa carta a su mujer en la que pide que le digan una serie de misas, y otra de despedida a Prieto que comienza “Ya no soy socialista, muero siendo católico” Con una seriedad ahora desconocida, con las leyes de Zapatero y Sánchez, en su día, el Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo (www.iehistoricos.ceu.es) elaboro y entregó a la socialista Francisca Sauquillo, presidenta del comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, un amplio trabajo sobre la represión del Frente Popular en la capital de España. ¿Se ha tenido en cuanta al redactar las leyes ahora aplicadas? Según ese estudio, luego ampliado, las organizaciones de izquierda (anarquistas, comunistas y socialistas) crearon en Madrid durante la Guerra 345 checas, es decir, cárceles privadas, lugares de detención y a menudo de tortura, en las que se asesinó a 1.800 prisioneros (el 90 por ciento en el año 1936), y que eso incluyó a unos 360 clérigos, sacerdotes y religiosas. Este estudio ocupa 2.000 páginas en cinco volúmenes.

Otros testimonios sobre el "terror rojo"

En el panorama del inagotable repertorio de libros sobre la guerra civil y sus consecuencias hay una aportación estremecedora, con un enfoque original. Se titula “Vecinos de Sangre” (“Historias de héroes, villanos y víctimas en el Madrid de la guerra civil 1936-1939”). Es una obra conmovedora y documentadísima, tras una detenida recogida de datos en diversos archivos, de lo que ocurría en la capital de España en aquellos aciagos días de las “checas” y las “patrullas del amanecer”. Otro libro esencial es la obra de Javier Esparza, titulado ”El terror rojo en España. Epílogo: El terror blanco”. El hilo conductor es la “Causa General” abierta contra dirigentes y miembros de las organizaciones de izquierda y anarquistas, acusados y ejecutados por los actos y matanzas que se les atribuyeron. El valor de esta obra es que está prologada por el hispanista Stanley Payne, que la califica de la “narración más completa del terror republicano. Con razón, como ya se ha citado, el prestigioso hispanista advirtió que: “La ley de Memoria Histórica y Democrática, es el proyecto más dramático, arbitrario y punitivo respecto al debate histórico que aparece en el mundo occidental. De hecho, es un claro exponente de la forma en que la izquierda contemporánea trata de usar la historia como arma para conseguir sus propósitos y silenciar a la disidencia”.

Como ya he explicado en otras ocasiones, sobre la represión franquista tengo mi propia perspectiva personal y familiar. No sólo fui procesado por un reportaje en “Hoja del Lunes”, la publicación de la Asociación de la Prensa, y “Sábado Gráfico” sobre el funcionamiento de los consejos de guerra de Franco, a partir del caso de los republicanos fusilados en Tui tras el alzamiento contra la República, sino que en mi propia familia se conoció la represión: Mi abuelo materno era uno de los maquinistas que condujo el último tren que circuló entre La Coruña y Monforte tras el alzamiento del 18 de julio, en el que huyeron los milicianos que fracasaron al intentar contenerlo en Lugo. Mi abuelo fue detenido y encarcelado y a punto estuvo de ser fusilado por “auxilio a la rebelión”. Pasó largo tiempo en la cárcel. La historia se cuenta en el libro “Memoria de Ferro”, de Antón Patiño. En mi familia jamás se habló de ello, y me enteré ya de mayor, cuando mi abuelo ya falleciera. Así que poco me pueden contar a mí de memoria histórica y democrática. Por cierto, que fui absuelto porque la Audiencia de Pontevedra y el Supremo reconocieron en mi artículo “Animus historiandi”, sin más. Pero me tuve que sentar en el banquillo. Se acababa de aprobar la Consitución. @mundiario

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