LAS COSAS COMO SON

La complicidad entre Sánchez y Ábalos, al descubierto: una herida para la imagen del presidente

"He echado de menos muchas veces trabajar contigo, también tu amistad", puede leerse en los whatsapp de Sánchez a Ábalos. Page asegura que la presión de Sánchez con él ha sido "ineficaz".
José Luis Ábalos. / Mundiario
José Luis Ábalos. / Mundiario

Las filtraciones de los mensajes privados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos no son solo una incursión más en el fango político. Revelan algo más profundo y potencialmente dañino para la figura del presidente del Gobierno: la permanencia de una relación de confianza política y personal con quien había sido públicamente defenestrado. Una confianza que, lejos de extinguirse con el cese de Ábalos en 2021, no solo se reanudó meses después, sino que se afianzó hasta convertir al exministro en asesor de facto durante los momentos más delicados de la legislatura. "He echado de menos muchas veces trabajar contigo, también tu amistad", puede leerse en los whatsapp de Sánchez a Ábalos.

La revelación de estos mensajes —almacenados en memorias externas del exasesor Koldo García y publicados por El Mundo— permite trazar una cronología precisa de una reconciliación progresiva. Desde el brusco "no cuento contigo para la nueva etapa" con el que Sánchez cortó la carrera ministerial de Ábalos, hasta el afectuoso "he echado de menos muchas veces trabajar contigo", lo que se expone no es solo una evolución personal, sino una continuidad política difícil de justificar a ojos de la opinión pública.

Especialmente delicada es la fase en la que, ya en 2023 y en plena resaca del llamado caso Koldo, Ábalos seguía ejerciendo influencia en la estrategia electoral del presidente. Sánchez no solo acogía con entusiasmo las sugerencias del exministro —"Esta idea de socializar los avances es un gran hallazgo. Así lo haré"—, sino que además le encargaba tareas de control político interno: “hay que seguir marcándoles”, decía sobre los presidentes autonómicos críticos. Así, se dibuja un Ábalos activo, útil y, lo más comprometedor, respaldado por Sánchez incluso cuando ya era un nombre incómodo en la esfera pública.

A esto se suma un tono coloquial y despectivo en los mensajes del presidente hacia algunos dirigentes de su propio partido. Las descalificaciones hacia barones del PSOE —"hipócritas", "petardos", "impresentables"— erosionan la autoridad moral de un líder que ha construido parte de su relato sobre la dignidad institucional y el respeto por el adversario. Al hilo de todo esto, el presidente castellano-manchego Page asegura que la presión de Sánchez con él ha sido "ineficaz" y el expresidente aragonés Lambán apunta a la "ira" y "pérdida de control" de Sánchez cuando lo llamaba.

Por supuesto, la defensa de la privacidad tiene fundamento. Pero cuando los mensajes trascienden el plano íntimo y se convierten en decisiones que afectan al rumbo de un gobierno, al uso de recursos políticos y a la forma de gestionar crisis internas, el interés público se impone. Las revelaciones no solo muestran una fidelidad personal hacia Ábalos; exponen una práctica política que bordea el doble rasero: el castigo en público, el indulto en privado.

Lo más dañino para Sánchez no es haber sido leal a Ábalos, sino que esa lealtad contradice el discurso oficial de regeneración, transparencia y ruptura con el pasado. En política, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es el verdadero termómetro del liderazgo. Y en este caso, los mensajes filtrados dibujan a un presidente que, cuando nadie mira, decide seguir confiando en quien decía haber apartado. La sombra de esa contradicción pesa más que cualquier infundio. @mundiario

Comentarios