Plato del día

¡Mi casa es un castillo en el aire…!

Cuando un inglés atraviesa la puerta de su casa, resuena en su cabeza el lema de Sir Edward Coke: My house is my clastle. Cuando lo hace un español, en cambio, no le queda más remedio que traducirla al castellano: ¡mi casa es un castillo en el aire…!
¡Mi casa no es mi castillo...!
¡Mi casa no es mi castillo...!

Pido disculpas por empezar esta reflexión con algunas preguntas de Perogrullo. Hace algún tiempo, no me habría atrevido a plantearlas como introito de una reflexión, pero, es tal mi perplejidad, que no me resisto a compartirlas con ustedes.

1.¿No hay, entre los votantes y las llamadas fuerzas progresistas, propietarios de un humilde piso adquirido con interminables hipotecas, sazonadas, cuota a cuota, con codiciosos intereses, regadas con los sudores de sus frentes, cumplimentadas a costa de reducciones en gastos escolares, en cestas de la compra del pan de los suyos de cada día, con renuncias a sueños de noches de verano en inicios melancólicos de estío? Es que, chico, escuchas a Irene Montero y su coro de grillos cantándole a luna, y no lo parece, la verdad. Deben vivir todas y todos en régimen de alquiler y vacunados contra esa pandemia galopante de que, lo que hay en España es de los españoles.

2.¿Tal vez las familias vulnerables sin techos saben distinguir entre inmuebles, circunstancialmente libres, de clases pudientes, clases trabajadoras y clases menguantes? Va a ser que no, a juzgar por la extensión de las medidas que parece asumir el gobierno, cuyo apéndice de Sumar, en la voz de una tal Lara Hernández, ha hecho público y notorio un axioma sociológico: los okupas no existen. O sea que todo es cosa de los ocupados, oye, que en ocasiones ven ocupantes, como el niño del Sexto Sentido en ocasiones veía muertos.

3.¿La ocupación debe de convertirse en un derecho avalado legislativamente o en un apaño transitorio, de corta duración, en el que la responsabilidad constitucional de un Estado, de Comunidades Autónomas, de Gobiernos de la España Oficial, en lo que concierne al derecho constitucional a una vivienda, recaiga el menor tiempo posible en la buena voluntad de una parte de la España Civil?  Una cosa es que la ciudadanía sea ordeñada fiscalmente cuando tiene dos pagadores y, otra, bien distinta, que el Estado mire para otro lado cuando tiene dos casas por obra y gracia de haberse apretado el cinturón y correr con los gastos de sus respectivos mantenimientos, asunto que, como muy bien sabe nuestro señor Ministro de Transportes, es necesario, incluso imprescindible, en cualquier infraestructura de naturaleza familiar o estatal.

4.Qué entienden los socios-satélite de este gobierno aritmético por política de vivienda pública: ¿ponerse a construir como locos vivienda social en terreno público liberado a destajo, asunto que lleva décadas en lista de espera (¡y lo que te rondaré morena!), o esperar despistes entre el 70 y 80% de propietarios de un solo piso, para proporcionarles casa a los que no la tienen y dejar en la calle a los que la tenían? Es que dá la sensación de que, la cacareada política social de solidaridad habitacional, consiste en un trueque legislativo para dejar a todo tipo de propietarios sin techo (algunos con razón y muchos sin ella) y sacar pecho electoral con todo tipo de vulnerables sin techo (¡qué hay de todo en esa viña del señor, oye!, eternamente agradecidos al mecenazgo demagógico.

Con toda sinceridad, no entiendo nada: ¡me lo expliquen, por favor! Con todo el respeto a las conmovedoras y emotivas iniciativas del podemismo y adláteres, para sacarse de la chistera la solución mágica a ese feo asunto de la vivienda, gobernar o colaborar con el gobierno, no puede consistir en practicar la salvación de unos a base de ocurrentes técnicas legislativas que van hodiendo a otros, con perdón. Porque, hombre, así gobierna cualquiera. Así, hemos convertido todos los esfuerzos de la humanidad, a base de sangre, sudor y lágrimas, en aras de subir escaños hacia la civilización, en uno de esos trabajos inútiles que conducen a la melancolía.

My house is my castle, resuena en la cabeza de un ciudadano inglés cuando atraviesa la puerta de su casa. Ahora, en la cabeza de cualquier ciudadano español, cuando atraviesa la puerta de su casa, le abruma un pensamiento: ¡mi casa es un castillo en el aire! @mundiario

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