El BBVA afila la fusión mientras el Sabadell intenta distraer la atención
En el mundo financiero español, pocas operaciones han concentrado tanta tensión como la opa lanzada por el BBVA sobre el Sabadell. Después de un año de filtraciones, presiones políticas y negociaciones a puerta cerrada, el proceso encara ahora su desenlace definitivo. Con la inminente aprobación de la CNMC, todas las miradas están ya puestas en el Gobierno, cuyo papel podría ser decisivo para sellar o dinamitar la operación. Y en medio de esta expectación, el Sabadell parece decidido a jugar su última carta: distraer la atención. El banco catalán lanza especulaciones a través de algunos medios, mientras el BBVA reivindica la fusión con el Sabadell por ser "una apuesta por España y sus empresas".
El BBVA de Carlos Torres formaliza ya los preparativos para la integración –con la creación de un equipo dedicado a la fusión– y el Sabadell de Josep Oliu maniobra mediáticamente. La entidad sugiere ahora, a través de filtraciones interesadas, que podría abrir la puerta a una fusión alternativa con Abanca y Unicaja, como recogen Cinco Días y El País. Una jugada que, más que un movimiento estratégico realista, suena a intento desesperado de cambiar la narrativa en el momento más crítico de la operación lanzada por el BBVA, el segundo banco más grande de España.
No es casualidad el momento elegido para marear la perdiz. Esta semana se cumple justo un año desde que una oscura filtración en la prensa británica destapase las intenciones del BBVA. Y esta misma semana, tras un análisis insólitamente largo y polémico en la CNMC, el regulador dictará sentencia. Tras intensos debates internos, y pese a la falta de unanimidad, Competencia aprobará previsiblemente la integración con exigencias mayores de las previstas inicialmente. Eso sí, todavía aceptables para el BBVA.
Pero lo realmente decisivo vendrá después: el Gobierno tiene en su mano cambiar el rumbo de la historia. Gracias a que la operación pasó a segunda fase —una decisión que en su momento fue clave—, el Ejecutivo puede ahora imponer condiciones adicionales basadas en el supuesto "interés general", más allá de los criterios de competencia. Y aquí el pulso se traslada al plano político.
Los partidos catalanes también juegan
Sabadell y BBVA llevan meses tratando de ganarse el favor del Ejecutivo, conscientes de que cualquier imposición extra podría hacer desistir al banco azul o, al menos, encarecer la operación. La posición del Gobierno ha sido ambigua, navegando entre su dependencia de partidos catalanes –contrarios a la opa del banco vasco– y el temor a lanzar un mensaje negativo a los mercados internacionales. Si bien en un primer momento se mostró abiertamente en contra, ahora habla de "preocupaciones", un matiz que algunos interpretan como un giro hacia una postura más pragmática.
La ley de opas deja claro que si se imponen condiciones severas, el BBVA puede retirarse. Incluso si decide seguir, unas exigencias demasiado gravosas afectarían a su cotización y, en consecuencia, al atractivo de su oferta para los accionistas del Sabadell.
En este complejo tablero de ajedrez, el movimiento del Sabadell lanzando rumores de fusión con otros bancos no parece otra cosa que una maniobra de distracción. Una cortina de humo para debilitar la imagen de inevitabilidad que el BBVA quiere proyectar. Pero la realidad es tozuda: salvo sorpresa mayúscula, la opa podría avanzar. La verdadera partida, ahora, se juega en el Consejo de Ministros.
El desenlace de esta operación marcará, en definitiva, un antes y un después no solo en el sector bancario, sino también en la percepción de la seguridad jurídica y la apertura del mercado español ante los grandes inversores internacionales. Lo que está en juego trasciende a Sabadell y BBVA: es la reputación económica del país la que se encuentra en la balanza. @mundiario



