Plato del día

De batallas del Ebro a batallas del Barranco del Pollo

Cuando un gobierno en pleno se traslada a Valencia, suele coincidir con un Madrid cercado, en este caso, solo parlamentariamente. Tengamos sentidiño, hombre, para no inspirar a otro Goya un nuevo lienzo con otro duelo a garrotazos.
Guerra Civil Española. / RR SS.
Guerra Civil Española. / RR SS.

Algún día, algún historiador y algunos escritores de esos como los de antaño, Paul Preston, Hugh Thomas, Haminguays, Brecht e insignes autores que nos han descrito ese tramo de historia acaparado por la endogámica guerra de nuestros mayores, quizá vuelvan de nuevo sus miradas críticas hacia esta España de nuestros días que, a mis escasas luces, está incurriendo en el error, ¡qué inmenso error!, de tropezar por tercera vez con la misma piedra de aquella profecía pictórica que nos legó Francisco De Goya: el duelo a garrotazos.

Hace ya casi 90 años, en una siniestra reconversión industrial de los instrumentos para practicar el fratricidio genuinamente ibérico, cambiamos los garrotes por balas, por tanques, por pájaros de acero que inspiraron a Picasso su Guernica, como un localizado tumor maligno de lo que el ser humano era capaz de hacerle al ser humano, a ver si me entiendes, que desembocó en metástasis en Pearl Harbor, en Londres, en Dresde y en la madre de todos los horrores de una Hiroshima borrada del mapa.

A aquello que vivieron nuestros antecesores, nunca he comprendido porque no pasó a la historia como Guerra Incivil Española. Han sido muy condescendientes con nosotros, ¡oh, los españoles devorándonos entre  unos y otros! (Que, por cierto, no le dio tiempo al bueno de Goya para incluirlo entres sus pinturas negra), permitiendo que aquellos tres años en los que Haminguay se pasó intentando dirimir por quién doblaban las campanas, siga imprimiéndose en los libros de historia como Guerra Civil Española. Como todas las guerras, fue una antítesis de lo que llamamos grandilocuentemente civilización y, como algunas de ellas, entre yanquis y rebeldes, entre eslavos, un paradigma  de lo que los Caínes pueden hacer con los Abeles y viceversa.

Bueno, pues ahora estamos volviendo a las andadas. Ahora, en vez de garrotazos utilizamos bulos; en vez de balas, zascas; en vez de tanques, medios de comunicación; en vez francotiradores, tertulianos; en vez de Batallas del Ebro, batallas de relatos en el maldito barranco ese del Pollo.

Me ha venido todo eso a la cabeza, contemplado como el gobierno español en pleno se trasladó ayer a Valencia, como si por un día fuese talmente la alternativa a una Capital de España cercada parlamentariamente. No he podido evitar rebobinar hasta aquel tiempo en el que, otro gobierno, en otro Madrid irrespirable, se trasladó a la ciudad del Turia para huir de aquel Madrid en el que se exclamaba por las calles: ¡no pasarán! Y, chico, soy incapaz de no acogerme a mi libertad de expresión: ¡Tengamos la vida, la democracia, la fiesta en paz, coño! @mundiario

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