Sin armas de disuasión se complica la paz duradera
Lo más rápido, sería una admisión express de Ucrania en la Unión Europea, pero nos sigue dando pavor el coco de turno, un Hitler, un Putin, un Trump, y con la diplomacia y la buroeurocracia estaríamos topando, ¡amigo Sancho! Lo más audaz, una terapia de choque de ejércitos de paz disuasorios, como una nueva versión de aquellos aliados de antaño, pero suficientemente preparados para defender la libertad, la justicia, la democracia, sin tener que recurrir, otra vez, a este actual desaprensivo Tío Sam, hombre, pero sigue siendo una asignatura pendiente: suspendimos en 1914, volvimos a las andadas en 1945 y, ahora, a la posible tercera, tampoco da la sensación de que no vayamos a tropezar otra vez con la misma piedra.
Hemos reconstruido una Europa surgida de las ruinas de la primera y la segunda guerra mundial, envuelta en el supremacismo de la cultura, de la civilización, de las relaciones versallescas, de un occidentalizado Gandismo que nunca acaba de inspirar ni paz, ni amor, y cada vez que el mundo entra en erupción cíclica, se remueve en su tumba Thomas Hobbes, europeo como nosotros, cuya voz sigue clamando en el desierto a pesar de su certero diagnóstico sobre la condición humana: homo homini lupus. Disculpen ustedes que no reproduzca tan inquietante profecía en lenguaje inclusivo.
Esta Europa museo, este conjunto de ruinosas maravillas del mundo que atraen más turistas que adolescentes a parques Disney World, se ha apropiado literalmente de una actitud Copyright de un insigne español, Miguel de Unamuno, que reprodujo en una frase que impera en la Unión Europea en todos sus idiomas: ¡qué inventen ellos! Y así lo han hecho, oye: Israel, Irán, United States, China, Rusia, India, todo hijo de vecino, menos este pedazo del Viejo Mundo (a excepción de Francia y Gran Bretaña, por su cuenta y su riesgo, claro), mientras ahí en Bruselas se afanan en darle vueltas a la cuadratura del círculo.
Sobre todo, en dispositivos bélicos, en momentos tan oscuros como estos, entre la espada de un Trump y la pared de un Putin, estamos desnudos ante el mundo, rodeados de inventores ajenos de Patriots, de drones multidisciplinares, de cabezas nucleares, de servicios de inteligencia que todo lo ven, que ante casi todo se pueden anticipar, que prácticamente ganan las guerras antes de que hallan estallado, por disuasión, que viene siendo el método más eficaz para firmar La Paz (¡esa paz duradera por la que suspira Europa!), antes de que acaben de sonar los tambores de guerra.
Dice el TAO que los que hablan no saben y los que saben no hablan. En Europa, ya ves, se habla mucho de la paz, pero permanecen muy callados los que saben que, la palabra guerra, sincronizada con la palabra disuasión, es el camino más seguro para mantener la vida y la historia en paz duradera. @mundiario