La soledad de la persona que lidera
Ante un líder motivador, obtendremos un grupo de liderados con una clara tendencia hacia la generosidad y a la aportación al bien común. Lo que menos se necesita en estos casos son los individuos “pelotas”.
Si ya es difícil encontrar a una persona que sea líder, ni le cuento lo que cuesta encontrar a los perfectos liderados. Siempre hemos hablado del liderazgo adaptando las tendencias a su definición y por ello, hace muchos años, el líder era aquel que mandaba y era obedecido. Ese concepto heredado del ambiente castrense poseía la consecuencia de que los liderados se mostraban sumisos, a la vez que firmes ejecutores de dichas órdenes.
En estos casos, la fidelidad se alimentaba del valor de la identificación excluyente, siendo castigados los casos de deserción con el destierro. Hasta no hace mucho, el liderazgo amplió su espectro de habilidades y entonces surgió un modelo enfocado hacia la motivación, reduciendo así la carga de intolerancia y de jerarquización. Además, así también se redujo ostensiblemente la soledad del líder.
Actualmente, ese mismo líder bascula entre un talante explorador, un pensamiento estratégico y una actitud vigilante.
Al margen, surgió el “líder feliz” encargado de generar esa felicidad que a menudo se deja en casa para ir a trabajar, y viceversa.
Dicha corriente sigue existiendo pero algo alejada del retorno económico que requieren las organizaciones. Digamos que sí es cierto que un equipo feliz debería obtener mejores resultados, pero también es verdad que a menudo la felicidad nos aleja de la realidad.
Por ello, todos los esfuerzos por mejorar esa deseada tasa de felicidad, no siempre repercuten en la mejora de los resultados empresariales. Como usted ya sabe, “todo en su justa medida”.
Pero el cambio más importante que hoy saboreamos es que podemos decir que el líder ya no se siente solo, abandonado ni odiado.
¿QUÉ ES UN LÍDER SIN LIDERADOS?
Un líder sin personas a las que liderar, se convierte en una persona arrolladora que se lanza indiscriminadamente hacia objetivos imposibles. Por ello, en dependencia del modelo de liderazgo asumido, el equipo liderado se comportará.
Ante un líder intolerante, nos encontraremos con un equipo sumiso y a la vez, hostil en la clandestinidad. Capaz de sonreír ante las gracias del líder pero muy paciente en la venganza.
Ante un líder vigilante fiscalizador, aparecerá un ejército de personas especializadas en dar excusas que con el tiempo dejará de “hacer” para empezar a “justificar por qué no se ha hecho”.
Ante un líder paternalista, el equipo se tornará infantil y propenso a requerir grandes dosis de protección. Cada paso será consultado y cada aparente avance será un retroceso, ya que el colapso llegará al líder mucho antes que la solución tan deseada como esperada.
Ante un líder motivador, obtendremos un grupo de liderados con una clara tendencia hacia la generosidad y a la aportación al bien común. Lo que menos se necesita en estos casos son los individuos “pelotas”.
LOS LIDERADOS EVALÚAN AL LÍDER
Por ello, en términos transaccionales, si “le damos la vuelta a la tortilla”, podremos apreciar cómo un equipo moldea a su líder.
El trato con liderados inaccesibles, soñadores, hostiles, amables, insatisfechos, conciliadores, etc… hace que un líder desarrolle habilidades y destrezas tales como saber contemporizar, callar, escuchar, analizar y ejecutar.
Lo cierto es que un líder debe moverse con soltura en todas las situaciones, y en relación a las circunstancias que se provocan y que él mismo provoca, actuar con acierto y predicando con el ejemplo.
Lo que suele ocurrir es que un líder poco entrenado no tiene en cuenta cómo es su equipo y por ello, espera que sus respuestas sean reactivas y no proactivas, dejándose manipular por las personas resistentes a los cambios. Le adelanto que la resistencia más demoledora es aquella que es relativamente silenciosa y que se expresa en clave de sugerencia.
De esta manera se consiguen fuertes rasgos de liderazgo caprichoso, donde el mando va perdiendo fuerza. En estos casos, como suele ser habitual, el líder es el último en enterarse de ese incremento de la debilidad que todos aprecian.
El consejo es que identifique rápidamente a estos sujetos que manifiestan que su idea innovadora es excelente, pero que no es realizable con estos mimbres. Bueno… no hace falta que le diga que quizás, deba cambiar los mimbres.
Por ello, lejos de aportar frases inspiradoras, solo le diré que los liderados son tan importantes como el líder. @mundiario


