De A Mundiña al Bernabéu: la travesía serena de Jesús García y Amicalia

En ES Radio con Ignacio Balboa, Jesús García (Amicalia) defiende obsesión por el producto, gestión profesional y familia como brújula.

Jesús García, fundador de Amicalia. / Cedida.
Jesús García, fundador de Amicalia. / Cedida.

Hay conversaciones que se leen como espejos. La que mantuvo Ignacio Balboa con Jesús García Rojo en ES Radio fue una de esas: un diálogo sereno que ordena ideas en un tiempo de ruido y prisas. Sin grandilocuencia, pero con convicción, el fundador de Amicalia dibuja la hoja de ruta de un grupo hostelero que pronto cumplirá veinte años con una brújula firme: producto, gestión y familia.

La escuela del producto

Antes de que Amicalia fuese “la matriz de un grupo de hostelería con negocios en Galicia y Madrid”, hubo una barra y una infancia en A Coruña. “Trabajé desde niño con mis padres, con nueve o diez años, tanto mi hermana como yo, compatibilizando con los estudios”, recuerda. De ahí surge lo que hoy se ha convertido en bandera: “Tenemos mucha obsesión por tener buen producto, por encima de todo, y presentarlo bien, sin grandes historias. Que el plato sea el producto y no un adorno”.

Ese respeto al producto no es eslogan, es raíz. Una obsesión que viene de la familia y que él ha mantenido como brújula en cada decisión.

Tenemos mucha obsesión por tener buen producto y presentarlo bien, sin grandes historias.

Realismo atlántico: menos espuma, más gestión

Jesús lo repite con calma: “Detrás de un restaurante tiene que haber un modelo de gestión muy profesional. No se trata solo de cocinar y servir: tiene que resultar rentable”. Su definición de realismo atlántico se asienta ahí: rigor en los números, logística diaria y equipos implicados.

En Amicalia se comparte con los trabajadores “información económica, financiera y de recursos humanos”, asignándoles responsabilidades concretas. “El año pasado facturamos 12 millones de euros con un equipo muy pequeño, básicamente familiar: yo trabajo con mis hijos y tres o cuatro personas más”.

En un sector muchas veces asociado al brillo de la cocina creativa, él insiste en lo invisible: organización, gestión, rentabilidad. Es ahí donde se juega la continuidad de un proyecto.

Cronología de un camino sin ruido

2006: A Coruña, Alborada. El primer restaurante propio, estrella Michelin incluida, confirmando que la pasión necesita gestión para sostenerse.

2014: Madrid, Alabaster. “Un negocio redondo”, resume: producto excelente, sala impecable, servicio afinado.

Después llega la compra de A Mundiña, emblema coruñés, que “hemos ampliado y mejorado sobre una base ya muy buena”.

Y, en paralelo, un proyecto íntimo y sorprendente: una barra de sushi de 12 plazas en A Coruña, con “producto de primerísimo nivel, todo hecho al momento y armonizado con vinos y espumosos”. Galicia dialoga con Japón sin perder autenticidad.

Bernabéu Market: un gallego en Chamartín

El “último lío” es monumental: Bernabéu Market. “Son 3.500 m², frente a los 1.000 del San Miguel, con 20 puestos distintos y ya adjudicados”, detalla. La parte general está terminada; tras superar las inspecciones municipales, quedan los permisos de bomberos y el cierre de cada operador. Apertura prevista: finales de septiembre / primeros de octubre.

Jesús lo cuenta con la misma serenidad con la que habla de un bogavante: sin épica, pero con certeza. “El proyecto es precioso y va a ser muy importante para Madrid: ningún box hace lo del vecino”.

Hace falta talante además de talento: ganas de aprender, de mejorar y de hacer bien lo simple.

El gran reto: talento y, sobre todo, talante

Ahí Jesús se pone serio: “No hay gente; no abunda la gente”. No es un problema menor: la escasez de personal cualificado atraviesa la hostelería. Pero su diagnóstico no se queda en la queja: “Estamos encantados de formar y promocionar —tenemos casos de runners que hoy son metres—, pero hace falta talante además de talento. Ganas de aprender, de mejorar, de empezar por hacer una tortilla o freír un huevo antes que obsesionarse con espumas”.

En tiempos en que los programas de televisión banalizan la cocina, él devuelve el foco al oficio y a la sala. Sin sala no hay experiencia completa; sin talante, no hay oficio que dure.

Familia como brújula

En Amicalia la familia no es una palabra hueca: es el motor. Sus hijos dirigen proyectos clave —su hija Alborada Eventos, su hijo el proyecto del Bernabéu—. Él mismo recuerda con orgullo la boda coruñesa de 600 invitados, un ejercicio de logística y oficio que define como “maravilloso”.

Y cierra la entrevista con un gesto que lo resume todo: “Déjame mandar un beso muy grande a mis nietos, Alma y Nico: lo más importante del mundo”. Más allá de los números, las aperturas y los retos, ahí está la brújula íntima que da sentido a todo. @mundistyle

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