Insurgencia en Bajo el signo de Acuario, de Luisa Pastor

Bajo el signo de Acuario./ Mundiario
Bajo el signo de Acuario./ Mundiario
"Es obvio que entonces había en nosotros una cadencia, un deseo indecible, un estallido, una necesidad de correr y abrir caminos que nada tenían que ver con la dulzura", escribe Luisa Pastor.
Insurgencia en Bajo el signo de Acuario, de Luisa Pastor

En su poemario Las Rosas terminan (Editorial Auralaria), Luisa Pastor rendía un tributo a todas las voces literarias que la han ido acompañando en su formación como creadora a lo largo de los años. Aquel libro demostró la madurez en ciernes de una personalidad inspirada en la importancia del símbolo y de los recuerdos como forma de manifestar una intimidad que se volvía inédita cuando se fundía con los referentes literarios en los que se fue formando.

Frutos del Tiempo publica la plaquette Bajo el signo de Acuario, una selección de poemas que reafirman ese proceso de evolución hacia una identidad propia donde es tan importante la solidez de una percepción de la realidad que no sea común ni unánime; si no es así, ¿qué sentido tendría persistir en una escritura como la suya?

Porque Bajo el signo de Acuario no se excluye de ese simbolismo que representa la escritura de Luisa Pastor; una escritura que analiza diversas versiones de ella misma y en las que ese enfrentamiento de mujer creadora frente a mujeres que miran con recelo esa forma de vivir se sumerge en la revelación de poderosas metáforas en torno a la pérdida que reaparecen como en Las rosas terminan: fotos, notas, la llovizna, una lamparita, los espejos, las pesadas cortinas, la penumbra.

Dividido en cuatro partes, el poemario contiene el viaje iniciático de una mujer que ha de defender su rol creativo frente a otras visiones que la consideran una forastera, como así se justifica en Plazas enemigas: "La mundanidad de tu oponente,/ su dulzura, tan infinitamente/ expuesta, resultan acusadoras,/ hostiles a un ser como tú,/ que vive para sí, despreciando/ en lo hondo aquello que encubre,/ espoleada hasta la fascinación/ por el egoísmo y el desencanto". (pág.11).

¿Por qué acontece el ansia por crear? ¿De dónde surge esa voluntad? En la segunda parte de esta plaquette, está claro que el tiempo es ese estado hostil en el que lo nostálgico apremia tanto como la incertidumbre del porvenir. Se lee esa contundencia en El cielo y la duración: "Adivino que el amor debe de ser aquello/ que no me será dado a conocer de nuevo" (pág. 25) o "Siente entre las piernas/ el empuje del viento y de las olas,/ la artimaña del fragor oceánico/ hundiéndose en la carne/ de la soledad más absoluta:/ una melancolía líquida ..." (pág. 31). En Los vástagos y las yemas (tercera parte), la creación deja de revestirse de incomprensión para regresar a su labor fecunda, a la acción de ampliar nuestro horizonte de expectativas, a su razón de ser, que es ese preguntarse por las existencias de cada cosa, lo que propicia esa vinculación de la poesía de Luisa con los oráculos: "El interrogatorio/ no nos protege/ de la vida". (pág. 41), "Haz por un momento/ del universo una segunda piel,/ recupera clandestinamente/ los diálogos rotos hace tiempo;" (pág. 45) o "Tan solo al final del incandescente día/ se te revela/ --un instante nada más--/ como una estrella fallida,/ todo aquello que amas de verdad,/ todo cuanto ayer mismo/ parecía extraordinario ..." (pág. 48).

Acaba la plaquette con esa reflexión que tantas veces todo creador se hace; ¿hasta qué punto merece la pena el sacrificio? (...) la entrega (...) ponerse en el lugar de otro y otros (...). La vida útil reconduce el poemario a esa primera denuncia: lo que me vale no tiene por qué cumplir con las expectativas de los otros. El ejercicio de la escritura es inútil y, en esa declaración, reside su utilidad, parafraseando a Nuccio Ordine y a Abraham Flexner. La introspección que es clave en una escritura como la de Bajo el signo de Acuario no repercute en nada, pero es su naturaleza insurgente la que permite "seguir la corazonada del pájaro". Porque no todo ha de estar supeditado al pragmatismo, si se desea perdurar en umbrales que en algo aspiran a parecerse a la belleza en su sentido agustiniano: "Así es como vas muriendo:/ aventurándote en la distancia,/ conforme te alejas por la llanura ... (...) "Ahora ya no hay nada que puedas hacerle",/ dicen los otros, los que caminan contigo/ en plena bajamar, en el reflujo inútil del nombre" (pág. 61) @mundiario

Comentarios