Frieda Hughes y la creación poética a través de los estigmas

Hay en el poemario de Frieda Hughes esa necesidad de involucrarse en los diversos significados que se alojan no solo en los espacios, sino también en los propios estigmas de la carne.
Stonepicker/ Biblio
Stonepicker/ Biblio

Si una virtud ostenta el simbolismo en poesía, es su capacidad para recuperar el valor ancestral de los rituales, las oraciones y las invocaciones que nos definieron como sociedades cazadoras. Hay en el poemario Stonepicker, de Frieda Hughes, esa necesidad de involucrarse en la semántica connotativa de los símbolos que, en su caso, se aloja no solo en los espacios, sino también en las escarificaciones y estigmas de la propia carne. Los paisajes agrestes, las hostiles ciudades con su marabunta de masas individuales o la silente intriga que se aloja en los hospitales se mezclan con una decadente visión de los cuerpos donde las heridas, las quemaduras, la ansiedad y el insomnio establecen una simbiosis con la propia supervivencia: "As I sleep, other people wear my face. It is still worn out when I collect it from the bathroom mirror in the morning" (pág. 51).

Publicado  por Bloodaxe Books, en Stonepicker, lo ancestral aparece cuando las piedras, su origen, su textura, su capacidad evocadora y purgativa advierten también del nacimiento telúrico del ser humano con su ciclo de transformación y erosión continuas. Lo simbólico se funde con la biología y, para Hughes, ese deslinde entre lo humano y lo inerte no tiene sentido. No somos más que ceniza, pavesas de un fuego primigenio, polvo diseminado que proviene de lugares predeterminados antes que nosotros: "Are the garnets. like tongue-warts,raw, from the mouth of the earth. Unspoken, they have a whole life in their little red bodies if you listen. Not to find a heal for a wound, or an unpressing". (págs. 18-19).

Los títulos de los propios poemas son reveladores (Stones, The Party, My Face, Lunch, Oracle) avisan de que esa imbricación de materia y espíritu, de lo atávico y lo contingente, de lo instintivo y lo racional, por ejemplo, solo se puede articular a través del lenguaje poético; un lenguaje poético basado en una percepción compleja de las realidades humanas donde la celebración de la vida es tan relevante como la constatación de la decadencia y la frustración ante la violencia que implica el hecho de existir.

Es ahí donde el símbolo se presta como estrategia de revelación de un dolor que traspasa los órganos y que, de alguna manera, aunque parezca imposible, reconcilia al ser humano con la tierra, y con su historia, y con un caos que Hugues intenta explorar desde retazos de su infancia hasta un diálogo con la muerte que ha de llevarse a su padre inexorablemente: "The sound will escape from the stitches and be heard in the blood as it dries on the sheets. A sudden, loud red scream when the covers are stripped back" (pág. 31). Lo escatológico se mezcla con metáforas en torno a la inusitada belleza del crepúsculo o de la habilidad inspiradora que los minerales retienen. Quien recoge piedras arma las experiencias de todos los hombres, cuya hermandad, para Hughes, reside en una continua premonición de fracaso y de muerte, porque es donde arraiga la única verdad, esa verdad que, por muy difícil que sea de asimilar, es la que prevalece pese a los prejuicios, las creencias y los artificios de la ciencia y las religiones.

Somos humanos y somos telúricos porque somos mortales. Mujeres con tacones negros, diseminadas rocas en el desierto, sábanas manchadas de sangre, talones rotos, caricias para superar el miedo, muñecas rusas, tiritas y vendas que no pueden contener las hemorragias, portarretratos vacíos o árboles con hojas rizadas se suceden en estos poemas para reconocer que nada escapa a lo efímero y que, aun siendo terrible y determinante, en ocasiones puede ser liberador. Liberador cuando se reconoce cara a cara que el placer y la dicha son una broma demasiado macabra de la que rendir cuentas: "He is heaped. A sack of spilling clothes, all rubished, that rise and fall with sleep. And in the rain, his fraying ends struggle to escape their knots and twists, the man inside his chrysalis". (pág. 71) @mundiario

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