El Ficcionario en Mundiario, de Luis Calero Morcuende, un libro para disfrutar

Portada de El Ficcionario de Mundiario y retrato de su autor
Portada de El Ficcionario de Mundiario y retrato de su autor

Nos hallamos ante centenares de “entradas léxicas”, cada una de las cuales es un reto resuelto en sí mismo, un hallazgo que pretende superar la mera ingeniosidad.

El Ficcionario en Mundiario, de Luis Calero Morcuende, un libro para disfrutar

El Ficcionario en Mundiario (Mundiediciones, 2022) es una revisión del primer Ficcionario que Luis Calero Morcuende publicó en 2006. Como el propio autor explica en el Prefacio: “Es un libro suficientemente distinto de su homónimo como para justificar su publicación, pues no solo contiene, como aquel, una sucesión de definiciones más o menos ingeniosas independientes entre sí (revisadas y ampliadas para la ocasión) …”. Y me detengo en el contenido de ese paréntesis, que me parece que es clave, porque este libérrimo diccionario no es una obra que necesariamente pueda considerarse definitiva sino susceptible de ser incrementada con nuevos términos en sucesivas ediciones, y porque muchas de sus definiciones comprenden una reflexión sociológica o política que podría seguir nutriéndose de los nuevos avatares de nuestro mundo.  

En su profundo prólogo, Manuel García Pérez nos revela la esencia de este libro: “Las palabras seleccionadas en esta suerte de bestiario léxico son el índice de un significado razonado, una clase de redefinición del mundo en el que el sujeto se proyecta”. El precedente de esta selección de nuevos vocablos es Absurdo literal (2015), obra creada a partir de un objetivo común, pero que se diferencia de la actual en que en ella se toman las palabras tal cuales son, y, a partir de una hábil disección de sus partes, se llega a consecuentes significados novedosos. Aquí, sin embargo, se recurre a la manipulación ortográfica, se simulan errores que no están tan alejados de los que el autor, en su larga trayectoria docente, ha tenido que encajar a la hora de corregir los trabajos de sus alumnos. Así, hay un juego entre la palabra correcta que se adivina y el nuevo injerto que invita a un giro en la interpretación, resultando el significado obtenido una mezcla de su enunciado original y su imaginativa posibilidad. Otra diferencia es la de que este nuevo Ficcionario es una selección de la versión íntegra, previamente publicada, por entregas, en un medio periodístico como MUNDIARIO, lo que puede haber influido en que el número y la extensión de las digresiones explicativas, a modo de artículos, haya aumentado de forma considerable. Estos textos, por una parte, remedan una entrada enciclopédica, y por otra, expresan la opinión del autor en diversos ámbitos, como el educativo, el social, o el político. 

Como también indica Calero Morcuende en su prefacio: “Al igual que el anterior, tampoco es libro que admita una lectura rápida; necesita ser degustado (o denostado) poco a poco, so pena de embotamiento mental grave”. Y estoy de acuerdo con él. Nos hallamos ante centenares de “entradas léxicas”, cada una de las cuales es un reto resuelto en sí mismo, un hallazgo que pretende superar la mera ingeniosidad; lo que siempre, en mayor o menor grado, consigue. De todos modos, sin contravenir las indicaciones del autor, de forma lenta, pero con no muy extensos periodos de interrupción, he degustado en pocos días esta abundancia de juegos perspicaces, deteniéndome en cada uno de ellos para escuchar su sustancioso eco, a la manera en que suelo hacerlo, especialmente, con los aforismos, que sería la modalidad literaria más próxima a la que aquí nos encontramos. En realidad, hay en estos libros una propuesta de compartir ese reto. Si jugamos a adivinar los significados —ocultando los que el libro nos ofrece y tratando de evitar la simpleza— comprobaremos la dificultad de hallar la mayoría de ellos.

Estamos ante un libro que aúna lo ético, el rigor del lenguaje —dentro de un marco de subversión— y lo humorístico. Sobre este último componente, me parece aquí aplicable lo que escribí respecto a Absurdo literal: “La base del buen humor es la seriedad. Aquí, el golpe de efecto se apoya en un formato que imita fielmente el lenguaje encorsetado de un diccionario. El dicho jocoso siempre es una derivación de un decir preceptivo. Si no estuviéramos atentos a su condición absurda, y si no conociéramos la palabra propuesta, podríamos pasar por alto lo disparatado del significado, tragárnoslo con la salsa de su formalismo”.

El Ficcionario en Mundiario es un libro ameno, que se puede leer —como algunos lo hemos hecho alguna vez con un diccionario—, con parecida pasión a la que nos suscitan otros textos que nos instalan en una sensación de sorpresa y un estado de admiración. En este caso, además, nos beneficiamos de una permanente sonrisa y de alguna que otra carcajada que sustentan un digno y hondo divertimento. @mundiario

El Ficcionario en Mundiario, de Luis Calero Morcuende, un libro para disfrutar
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