Dahlia de la Cerda: sicarias y heroínas a través de los relatos de Perras de reserva

Dahlia de la Cerda escribe contra lo políticamente correcto describiendo las luces y las sombras de un empoderamiento femenino a través de la violencia.
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Dahlia de la Cerda se une a esa corriente de escritores que describen con una dosis de hiperrealismo la violencia que acecha a los lugares de frontera, a esos territorios donde el narcotráfico ha echado raíces y se ha instalado como una estructura de poder y de autoridad, una estructura omnipotente y omnímoda que ha cambiado cualquier percepción de realidad alternativa de prosperidad colectiva.

A los testimonios de Bolaño o Fernanda Melchor, o del propio Jorge Volpi, este conjunto de relatos, Perras de reserva, publicado en Sexto Piso, se une las de una narrativa que, inspirada en una clase de sororidad, socava los males que atañen a una sociedad como la de México, males atávicos y tribales, inspirados en un guerracivilismo que las autoridades no reconocen políticamente y cuya solución, además de remota, se ha vuelto ya impracticable. Demasiada corrupción, demasiado escepticismo, demasiada dependencia de unos ecosistemas que han hecho de lo paramilitar y del presentismo formas de supervivencia.

Desde el punto de vista del género del relato, hay riesgo en "Perras de reserva" y una osadía creadora que rompe con los tabúes acerca de la violencia que las editoriales por miedo a esa censura impuesta por la cultura "woke" en demasiados ámbitos literarios. Y, sin embargo, la obra de Dahlia de la Cerda se ha convertido en un referente narrativo por su carácter rupturista, por esa fusión de expresionismo e ironía que convierte a la mujer en el actante de su relato: sicarias, mujeres desesperadas, internautas, víctimas, hijas del narco, brujas. El expresionismo es tangible en ese aura de degradación que se muestra en la situación social de cada mujer y en ese grado de marginalidad al que se ve abocada, porque el determinismo de las convenciones es inexorable. La ironía se produce cuando no existe otra salida para esas mujeres que recurrir a la violencia, una crítica feroz sobre el descrédito hacia las instituciones que han de velar por la integridad física y moral de las protagonistas. 

Cada relato se construye alrededor de un delito, una condena, un estigma o una venganza con la intención de reparar la dignidad, el daño, el dolor que atenaza la vigencia de un matriarcado que es presa de una hostilidad congénita y recurrente que alimenta el narco y toda la connivencia de jueces, policía y gobiernos extranjeros. Hay una interdependencia entre los relatos donde los escenarios apocalípticos y claustrofóbicos adquieren mayor verosimilitud con el uso de diversas jergas urbanas que contrasta con episodios de una sobriedad en el uso del artificio.

El uso de la primera persona corrobora ese valor que la autora le otorga a la sinceridad con la que se comportan los personajes; un microuniverso de frustraciones y desamparo en el que las heridas jamás cicatrizarán. La violencia se configura como un flujo que atraviesa espacios y motivaciones, y que no concluirá jamás. Ese flujo será obstinado, litigante y más que reiterado. En "Perras de reserva", Dahlia de la Cerda visualiza a las mujeres como presas y depredadoras en una sociedad que ha hecho de las márgenes y los márgenes su centro gravitatorio. La masculinidad que predomina en el texto se basa en la Ley del talión y en una continua autoafirmación de sociedad cazadora; uno de los muchos condicionantes de esa estructura de violencia sistémica que define a las heroínas de "Perras de reserva".

Esas mujeres no dejan de ser trasuntos de un antihéroe que luchan por sobrevivir en un mundo apto solamente para el oprobio de los hombres, apto para una adversidad que sus acciones delictivas jamás frenarán. Acierta la autora al ubicar cada relato en edades y grupos culturales diferentes para dar cuenta de que la violencia atraviesa cualquier estrato social. La revancha y el hostigamiento redefinen a cada mujer una vez que la amenaza irrumpe en sus vidas: adolescentes que sufren acoso, sicarias que vengan la muerte de una amiga, ladronas de gente adinerada, mujeres golpeadas que hablan desde el más allá. Con Dahlia de la Cerda, se hace cada vez más notorio el éxito y visibilidad de una narrativa que aspira a mostrar la complejidad de una intrahistoria que está más cerca del infierno que de esos paraísos artificiales y edulcorados de muchas gabitas. Enhorabuena. @mundiario

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