Von der Leyen: críticas internas, presión externa y la sombra de Trump

Lejos de reagrupar al bloque europeo frente a un contexto geopolítico desafiante, la presidenta de la Comisión Europea ha multiplicado los frentes abiertos, en un arranque de mandato marcado por turbulencias.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo

Ursula von der Leyen arrancó su segundo mandato al frente de la Comisión Europea con la promesa de continuidad y experiencia. Pero la realidad ha sido más turbulenta de lo previsto. La reelección de Donald Trump en Estados Unidos, un Parlamento Europeo fragmentado y una ultraderecha reforzada en el continente han encendido todas las alarmas en Bruselas, donde crecen las dudas sobre el rumbo que está tomando la presidenta del Ejecutivo comunitario.

Lejos de reagrupar al bloque europeo frente a un contexto geopolítico desafiante, Von der Leyen ha multiplicado los frentes abiertos. Su giro en la agenda medioambiental, el silencio sostenido frente a la crisis humanitaria en Gaza y la firma de un acuerdo comercial desigual con Washington —que impone aranceles del 15% a las exportaciones europeas sin contrapartidas claras— han deteriorado su relación con buena parte del arco político comunitario y con numerosas capitales europeas.

La visita al club de golf de Trump en Escocia, donde se cerró ese pacto, ha sido vista por muchos como una capitulación simbólica: sin gestos de firmeza ni exigencias visibles, la presidenta dejó una imagen de docilidad que contrasta con el liderazgo firme que mostró durante la pandemia o frente a la invasión rusa de Ucrania.

Las críticas no solo vienen de los gobiernos o del Parlamento. También desde dentro de las instituciones europeas se acumula el malestar. Cada jueves, desde hace más de un año y medio, trabajadores de la Comisión protestan frente al Berlaymont con banderas palestinas, exigiendo una postura más clara frente a Israel. Esta semana, una nueva carta firmada por más de mil funcionarios volvió a exigir medidas concretas en el marco del Acuerdo de Asociación bilateral.

En paralelo, Von der Leyen ha sido acusada de concentrar poder de forma excesiva, de tomar decisiones clave sin consultar al Parlamento y de debilitar el vínculo con las fuerzas políticas que la respaldaron. La retirada de una directiva ambiental sin previo aviso y la aprobación del fondo común de armamento al margen del proceso legislativo han sido ejemplos que encendieron las críticas. Aunque sobrevivió a una moción de censura en julio —la primera en una década—, el aviso fue claro: su mayoría es frágil y su margen de maniobra, cada vez más estrecho.

A todo esto se suma la decepción con el nuevo presupuesto presentado por la Comisión, considerado insuficiente para responder a los desafíos actuales, y el giro discursivo de su segundo mandato, en el que los conceptos ligados al Green Deal han sido reemplazados por un lenguaje más favorable a la competitividad industrial.

Así, Von der Leyen llega a septiembre con un discurso del Estado de la Unión que será clave para redefinir su liderazgo. Las principales formaciones políticas ya han advertido que no tolerarán nuevos virajes. En palabras de la presidenta del grupo socialista, Iratxe García, “necesitamos señales claras de compromiso”.

El segundo mandato de Von der Leyen apenas comienza, pero el desgaste es evidente. La figura que alguna vez simbolizó la resiliencia europea durante la pandemia ahora enfrenta una crisis de legitimidad. Y en este nuevo ciclo, con Trump de vuelta en escena y la UE navegando entre tensiones internas y presiones externas, la presidencia de la Comisión está más expuesta que nunca. @mundiario

Comentarios