Los vínculos de Orbán con Rusia y China ahondan la preocupación entre los aliados de la OTAN

Los embajadores de la Alianza Atlántica en Budapest reflexionan sobre las “implicaciones de seguridad” de la política de “neutralidad económica”, así como sus lazos con Xi y Putin.
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Vladimir Putin, presidente de Rusia. / RR.SS.
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Vladimir Putin, presidente de Rusia. / RR.SS.

La relación de Hungría con Rusia y China bajo el liderazgo del primer ministro ultraconservador Viktor Orbán está generando creciente preocupación en Occidente. Embajadores y agregados de defensa de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Budapest se reunieron la semana pasada en la embajada de Estados Unidos para analizar las “implicaciones de seguridad” de la política de “neutralidad económica” que impulsa el Gobierno húngaro, según un comunicado oficial de la Embajada estadounidense en Budapest.

Esta reunión, coordinada por el embajador estadounidense David Pressman, busca evaluar el impacto de la estrategia económica y diplomática de Orbán, quien mantiene lazos estrechos con los gobiernos de Vladímir Putin en Rusia y Xi Jinping en China, algo que inquieta tanto a la Alianza Atlántica como a la Unión Europea.

La “neutralidad económica” es una versión renovada de la política de “conectividad” promovida anteriormente por el Gobierno húngaro, que establece la intención de Budapest de mantener relaciones comerciales y diplomáticas tanto con Occidente como con Oriente. Orbán argumenta que su país debe tener la libertad de negociar con cualquier nación, independientemente de las alianzas geopolíticas tradicionales. En respuesta a las críticas de Pressman, el jefe de Gabinete de Orbán sugirió que el embajador debería revisar el crecimiento del comercio entre Estados Unidos y China, que también ha aumentado significativamente en los últimos años.

Las preocupaciones sobre la alineación de Hungría con Rusia se intensificaron después de que el ministro de Relaciones Exteriores, Péter Szijjártó, asistiera a una conferencia de seguridad en Minsk, Bielorrusia, donde sostuvo una reunión con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Esta visita se suma a las diez previas que Szijjártó ha realizado a Rusia desde la invasión de Ucrania, un acercamiento que ha suscitado duras críticas de otros miembros de la OTAN. Pressman calificó el viaje del ministro húngaro como una búsqueda de “beneficios, no de paz”, lo que refuerza la desconfianza hacia la política exterior de Hungría y su relación con el Kremlin.

Se profundiza la desconfianza en Budapest

Los diplomáticos occidentales han expresado su malestar no solo por la postura de Hungría frente a Rusia, sino también por su actitud hacia la OTAN y la Unión Europea. La embajadora de Alemania en Budapest emitió recientemente una declaración inusualmente crítica, señalando el retraso de Hungría en la ratificación de la adhesión de Suecia a la Alianza Atlántica y advirtiendo sobre acciones que erosionan la confianza entre los aliados. Junto al embajador de Francia, también cuestionaron los comentarios del director político de Orbán, que consideraron contrarios a la alianza atlántica.

A pesar de ser un país de menor relevancia estratégica, varios expertos consideran que Hungría podría desestabilizar las posiciones conjuntas de la OTAN y la UE. Péter Balász, exministro de Exteriores de Hungría, considera que, aunque Budapest no tiene influencia significativa en la guerra de Ucrania, Orbán está ejerciendo un papel disruptivo, especialmente al buscar apoyo en países como Eslovaquia. Al mismo tiempo, su veto a las sanciones contra Rusia y la ayuda a Ucrania han generado tensiones, agotando la paciencia de sus socios europeos.

En el contexto de sus recientes viajes internacionales, Orbán ha visitado a Putin, Xi Jinping y el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, manifestando así una postura desafiante frente a las instituciones de las que Hungría forma parte. El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, expresó su preocupación tras la visita de Orbán a Georgia, acusándolo de actuar “quizás en nombre de Rusia” y no en representación de la Unión Europea. Esta gira ha sido interpretada como un intento de Orbán de proyectar su imagen de “defensor de la paz”, a pesar de que su alineamiento con Moscú genera gran inquietud.

La situación económica también influye en los acercamientos de Hungría a China. Ante una crisis económica y la congelación de 21.000 millones de euros en fondos de la UE, el país se ha vuelto dependiente de la inversión china, especialmente en sectores como el de los vehículos eléctricos. Según Zsuzsanna Végh, analista del German Marshall Fund y del European Council on Foreign Relations (ECFR), esta dependencia no solo representa una amenaza a la competitividad europea, sino que también plantea preocupaciones de seguridad. Hungría ha firmado acuerdos que permiten la operación de policías chinos en su territorio, lo que ha generado sospechas de posible espionaje.

El primer ministro húngaro, confiado en una posible victoria de Trump en las elecciones de Estados Unidos, espera que un cambio en la Casa Blanca pueda mejorar sus relaciones con Washington. Sin embargo, Balász adviert de que, de ganar el partido demócrata, las relaciones con Hungría podrían deteriorarse seriamente. La reciente reunión de embajadores en Budapest, en su opinión, es una señal de que los aliados de la OTAN buscan un consenso unificado para lidiar con la política exterior desafiante de Orbán, lo cual podría aislar aún más a Hungría dentro de la alianza. @mundiario

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