La UE contraataca a Trump: aranceles a productos de EE UU en una guerra comercial sin vuelta atrás

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Con el respaldo de casi todos los Estados miembros, excepto por Hungría, Bruselas lanza una batería de gravámenes que podrían reconfigurar las relaciones comerciales transatlánticas y disparar las tensiones.

En un contexto de creciente proteccionismo global, la Unión Europea ha decidido dar un paso firme en la guerra comercial que EE UU abrió a comienzos de marzo con sus aranceles al acero y al aluminio. Con el respaldo mayoritario de los Estados miembros —y solo el voto en contra de Hungría—, la Comisión Europea ha anunciado la imposición de gravámenes del 25 % a una extensa lista de productos estadounidenses, en una respuesta cuidadosamente calibrada para evitar fracturas internas y mantener abierta la puerta al diálogo.

El anuncio oficial, emitido tras la votación en Bruselas, deja clara la postura del bloque europeo. “La Unión considera los aranceles estadounidenses injustificados y dañinos. Estas contramedidas pueden suspenderse en cualquier momento si Estados Unidos acepta buscar una salida justa, equilibrada y negociada”. El mensaje busca conjugar firmeza con apertura, en un intento de presionar sin cerrar del todo las vías diplomáticas.

La reacción de la UE, sin embargo, ha sido más lenta que la de otros actores como China o Canadá. La razón de esta aparente demora responde tanto a la complejidad institucional del bloque como a una estrategia deliberada. Por un lado, la Comisión Europea debe aglutinar a los Veintisiete en una posición común, algo cada vez más difícil dada la deriva euroescéptica de países como Hungría. Por otro, Bruselas ha preferido adoptar un enfoque escalonado, con la esperanza de que Washington reconsidere sus medidas antes de que el conflicto escale aún más.

El plan europeo se desplegará en tres fases. A partir del 15 de abril se activarán aranceles sobre importaciones por valor de 3.900 millones de euros. Un mes después, la cifra ascenderá a 13.500 millones, y posteriormente se añadirá un tercer paquete por otros 3.500 millones. Aunque en su conjunto el golpe alcanza los 20.900 millones de euros, queda ligeramente por debajo del impacto estimado de los aranceles estadounidenses, valorados en 26.000 millones. La renuncia al principio de “euro por euro, dólar por dólar” ha sido, en parte, una concesión para mantener la unidad, especialmente con países como Italia, cuya primera ministra, Giorgia Meloni, mantiene buenas relaciones con Donald Trump.

Los productos afectados por los aranceles de la UE

Entre los productos afectados figuran alimentos de alto impacto mediático y simbólico —como el maíz, la soja, varios tipos de zumos y embutidos, así como carnes de ave— que pueden ser fácilmente sustituidos por importaciones de países como Brasil o Argentina. También se incluyen bienes emblemáticos de la cultura de consumo estadounidense, como los pantalones Levi’s, la ropa deportiva, la pasta de dientes, los pintalabios o la seda dental. Por supuesto, el núcleo de la disputa —el acero, el aluminio y sus derivados— también ha sido incluido en la lista de represalias.

La exclusión de ciertos productos, como el whisky bourbon, demuestra hasta qué punto Bruselas ha tratado de evitar una escalada descontrolada. La amenaza de Trump de imponer aranceles del 200 % al vino europeo tras conocer la inclusión del bourbon provocó una reacción inmediata de Francia, Italia e Irlanda, que exigieron su retirada del paquete de sanciones. Finalmente, Bruselas cedió, retirando también algunos productos lácteos para evitar mayores tensiones.

La Comisión Europea ya ha anunciado que esta es solo la primera fase de su plan. Según explicó esta semana el portavoz de Comercio, Olof Gill, Bruselas presentará en breve una nueva hoja de ruta con posibles medidas adicionales, en caso de que Estados Unidos continúe con su política arancelaria. La estrategia sigue un patrón ya ensayado con las sanciones al acero: una respuesta escalonada, técnicamente sólida y políticamente cohesionada, diseñada tanto para presionar como para preservar el espacio para la negociación.

En este pulso comercial, lo que está en juego no es solo el equilibrio de las relaciones económicas transatlánticas, sino también el liderazgo global en un mundo que parece alejarse del libre comercio y regresar a bloques proteccionistas. La UE, tradicional defensora del multilateralismo, se enfrenta ahora a la necesidad de defender sus intereses con la misma contundencia con la que Estados Unidos impone su agenda. @mundiario