El fracaso de Europa ante Israel: dos años sin respuesta a los ataques sobre Gaza
Dos años después del estallido de la guerra en Gaza, la Unión Europea sigue mostrando una parálisis que amenaza con sepultar su papel como actor global. Más de 67.000 personas han muerto por los ataques de Israel en la Franja, según datos de la ONU, y la debilidad de la respuesta europea ha abierto una crisis de credibilidad sin precedentes para el bloque comunitario. Las divisiones internas, la falta de liderazgo político y la tibieza de las medidas adoptadas han convertido a la UE en un espectador impotente ante una de las mayores catástrofes humanitarias del siglo XXI.
La fractura sobre cómo responder a Israel sigue siendo profunda. Países como Hungría y República Checa mantienen un respaldo sin fisuras al Gobierno de Benjamin Netanyahu, mientras Alemania, tradicional aliada, ha empezado a elevar su tono crítico. Frente a ellos, España e Irlanda encabezan la defensa de la causa palestina y reclaman desde hace más de un año suspender el acuerdo de asociación comercial con Israel. Aun así, las medidas concretas se han demorado: Bruselas apenas ha logrado consensuar una declaración conjunta pidiendo un alto el fuego, tras meses de debates estériles entre los Veintisiete.
En septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso por fin suspender parcialmente el acuerdo comercial y sancionar a dos ministros ultraderechistas israelíes, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, junto con varios colonos violentos. Pero el movimiento llega tarde y sin garantías de éxito. La decisión depende de una mayoría cualificada de los Estados miembros, un obstáculo considerable en un contexto de fractura política.
El ex alto representante europeo, Josep Borrell, una de las voces más críticas con la tibieza comunitaria, resume el sentir de buena parte de la diplomacia europea: “Las medidas europeas llegan decenas de miles de muertos tarde. Y son tibias. La suspensión parcial del acuerdo comercial apenas costará a Israel 227 millones de euros”.
La posición de Von der Leyen, que visitó a Netanyahu al inicio del asedio, ha generado desconfianza en Oriente Próximo y dentro de la propia UE. Su cercanía al Ejecutivo israelí durante los primeros meses del conflicto la ha convertido en blanco de las críticas de eurodiputados y exfuncionarios. Ahora intenta recuperar el terreno perdido impulsando sanciones, pero el consenso sigue siendo esquivo.
La presión social crece en toda Europa
Mientras tanto, la presión social crece en toda Europa. Las manifestaciones multitudinarias a favor del alto el fuego y la carta firmada por más de 300 ex altos funcionarios europeos exigiendo la suspensión total del acuerdo con Israel reflejan un malestar que ya traspasa las fronteras políticas. Una encuesta de YouGov de junio mostraba que el apoyo público a Israel en Europa occidental ha caído a su nivel más bajo: menos del 20% de los encuestados mantiene una opinión favorable.
La eurodiputada socialista Hana Jalloul considera que algo empieza a cambiar en el tono político: “Más allá de las represalias, lo relevante es que ahora existe una crítica explícita dentro del Parlamento Europeo. Es un primer paso, aunque insuficiente”.
Sin embargo, para muchos analistas, el daño ya está hecho. La inacción de la UE ante Israel contrasta con la dureza frente a Rusia tras la invasión de Ucrania, lo que ha reforzado la percepción de un doble rasero europeo. “Nadie volverá a escucharnos cuando hablemos de derechos humanos”, advierte Borrell. “Nuestra culpa histórica es enorme, y el resto del mundo la está observando”.
El caso de Gaza ha puesto a prueba no solo la política exterior común europea, sino la coherencia moral de una Unión que se define como defensora del orden internacional basado en normas. Y por ahora, el veredicto es claro: la Europa de los valores ha quedado en silencio frente a los escombros de Gaza. @mundiario


