Trump y Zelenski se citan en Florida para cerrar el plan de paz con Rusia: una negociación al límite
Las conversaciones para la paz en Ucrania entran en una fase decisiva con la anunciada reunión entre Donald Trump y Volodímir Zelenski en Florida. Será el quinto encuentro entre ambos líderes en lo que va de año y, según el presidente ucraniano, una cita clave para “no perder ni un solo día” en el intento de poner fin a una guerra que se acerca a su cuarto aniversario. El escenario elegido —la residencia de Trump en Mar-a-Lago— subraya el carácter político y estratégico de unas conversaciones que ya no se limitan a los avances, sino a la concreción de un posible acuerdo.
Sobre la mesa está el plan de paz, un documento de 20 puntos que Washington negocia por separado con Kiev y Moscú. Según ha reconocido Zelenski, 18 de esos puntos ya cuentan con el aval ucraniano, lo que refleja un nivel de alineación inédito entre ambos aliados desde el inicio de la invasión rusa. Sin embargo, los dos capítulos pendientes concentran las mayores tensiones: el futuro del Donbás y el control de la central nuclear de Zaporiyia.
En el caso del Donbás, EE UU plantea la retirada de las tropas ucranianas del 25 % de la provincia de Donetsk que aún controlan, para convertir esa franja en una zona desmilitarizada. Kiev, por su parte, exige una retirada simétrica de las fuerzas rusas en territorios ocupados. Washington duda de la viabilidad de esa fórmula, al considerar que puede bloquear el acuerdo. Moscú, mientras tanto, rechaza de plano cualquier presencia militar ucraniana en la región y aspira a controlar la totalidad del Donbás.
La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, es el segundo gran escollo. Trump ha defendido públicamente una gestión compartida bajo supervisión estadounidense, con participación de Rusia y Ucrania y reparto equivalente de la energía generada. Zelenski, en cambio, insiste en que solo la empresa estatal ucraniana Energoatom, junto a los estadounidenses, debe asumir el control. Fuentes rusas apuntan incluso a un escenario opuesto: una gestión conjunta entre Moscú y Washington, excluyendo a Kiev. El Kremlin ha confirmado que este asunto ya forma parte del diálogo directo con la Casa Blanca.
Los escollos de la negociación con Rusia
El encuentro de Florida se produce tras una llamada telefónica entre Trump y Zelenski en la que participaron también el empresario y enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner, figuras clave del equipo negociador estadounidense con Rusia. Ambos lideran los contactos desde Miami, donde se han celebrado reuniones técnicas con representantes ucranianos y rusos. El enviado especial ruso, Kirill Dmítriev, ya ha trasladado al Kremlin el último borrador estadounidense, aunque Moscú ha advertido de que muchas de las propuestas siguen siendo “categóricamente inaceptables”.
Rusia, no obstante, ha dejado entrever una posible congelación del frente en Jersón y Zaporiyia —territorios que considera anexionados— y una eventual retirada parcial de zonas ocupadas en las provincias Járkov, Sumi y Dnipropetrovsk. Al mismo tiempo, continúa avanzando lentamente en estas regiones y mantiene la presión militar, lo que alimenta el escepticismo de Kiev sobre la voluntad real de Putin de alcanzar un acuerdo.
Zelenski ha reiterado que cualquier cesión territorial deberá ser refrendada por la ciudadanía ucraniana en referéndum y que un pacto solo será asumible si incluye garantías de seguridad equiparables a las de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). También quiere aprovechar la reunión con Trump para abordar los programas de inversión necesarios para la reconstrucción del país, un esfuerzo que Ucrania estima en unos 700.000 millones de euros.
La cita de Mar-a-Lago no garantiza un desenlace inmediato, pero sí marca un punto de inflexión. Por primera vez desde el inicio de la guerra, el nivel de detalle de las propuestas es alto y los interlocutores están claramente definidos. Entre la “intriga cautelosa” y la desconfianza mutua, Trump y Zelenski afrontan una negociación que puede redefinir el equilibrio de poder en Europa del Este y el futuro de Ucrania. El margen para el acuerdo existe, pero también el riesgo de que las diferencias irreconciliables vuelvan a imponerse.