Trump propone a la OTAN un frente comercial contra China como estrategia para presionar a Rusia
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a recurrir al comercio internacional como herramienta de presión geopolítica. Este sábado llamó a los Estados miembros de la OTAN a coordinar una nueva ronda de sanciones contra Rusia, que incluiría la suspensión total de compras de petróleo ruso, así como la imposición de aranceles secundarios a China, el mayor comprador de crudo de Moscú. El objetivo declarado: obligar al Kremlin a poner fin a la invasión de Ucrania.
“Estoy listo para imponer sanciones importantes a Rusia cuando todas las naciones de la OTAN dejen de comprar petróleo ruso”, publicó el mandatario en su red social Truth. En el mismo mensaje, Trump recriminó a algunos aliados por seguir adquiriendo crudo ruso, lo que —dijo— debilita la capacidad negociadora frente a Vladímir Putin.
Un gesto político más que económico
El anuncio se produce días después de que drones rusos penetraran en el espacio aéreo de Polonia, miembro de la Alianza Atlántica. Aunque el ataque encendió las alarmas, Trump restó importancia al incidente, calificándolo de error, lo que provocó tensiones con Varsovia. Su mensaje del sábado busca mostrar firmeza, pero en la práctica tiene un alcance limitado: la mayoría de países de la OTAN dejaron de importar petróleo ruso hace meses, con la excepción de Hungría y Eslovaquia, aliados cercanos de Putin.
La maniobra refleja la estrategia habitual del presidente republicano, que combina anuncios de gran impacto mediático con medidas de dudosa efectividad inmediata. Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo acabar con la guerra de Ucrania en su primer día de mandato, pero más de 230 días después, esa promesa sigue incumplida.
China, en el punto de mira
Además de Rusia, Trump volvió a cargar contra China, a la que propone imponer un arancel de entre el 50% y el 100% sobre el petróleo ruso que compra. Según su planteamiento, esta medida “rompería el dominio” de Pekín sobre Moscú y aceleraría el final de la guerra. La propuesta llega justo cuando Washington y Pekín preparan en Madrid una nueva ronda de contactos para rebajar sus tensiones comerciales.
Trump ya aplicó este tipo de medidas a India y Brasil, con aranceles del 50% motivados tanto por cuestiones económicas como políticas. Ahora insiste en que los mismos instrumentos pueden convertirse en una palanca para estrangular las finanzas del Kremlin.
Putin, entre la presión y la resistencia económica
A pesar del deterioro de su economía y de los síntomas de recesión, Putin mantiene la apuesta por prolongar la guerra. La exportación de crudo sigue siendo uno de sus últimos resortes financieros. Por ello, un endurecimiento coordinado de las sanciones podría tener un impacto real en su capacidad de sostener el esfuerzo bélico.
Sin embargo, la división en el seno de la OTAN —agravada por los vínculos de Hungría y Eslovaquia con Moscú— limita la viabilidad de las propuestas de Trump. El propio presidente ha advertido que, si sus aliados no siguen sus pasos, considerará que la OTAN está “perdiendo su tiempo, energía y dinero”.
Estrategia de presión y desgaste
El anuncio refuerza la línea de Trump de utilizar la economía global como arma diplomática, pero deja dudas sobre su alcance real. Con Rusia intensificando sus ataques —el mayor en tres años y medio de guerra se registró la semana pasada—, y con China jugando un papel ambiguo, las amenazas del presidente estadounidense parecen más una maniobra de presión política que una estrategia efectiva a corto plazo.
La incógnita ahora es doble: si sus aliados en la OTAN se alinearán con su propuesta y si Pekín, lejos de doblegarse, aprovechará la escalada para consolidar aún más su influencia sobre Moscú. @mundiario


