Trump lanza su amenaza más dura a Irán mientras se agota el tiempo para la tregua
La tensión entre Estados Unidos e Irán ha alcanzado uno de sus momentos más críticos desde el inicio del conflicto. A pocas horas de que expire el ultimátum lanzado por Donald Trump, la posibilidad de una escalada sin precedentes se abre paso entre amenazas directas y negociaciones contrarreloj. “Podemos destruir un país entero en una noche”, ha afirmado el mandatario, dejando claro que el margen para la diplomacia se estrecha peligrosamente.
El punto de fricción sigue siendo el control del estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio energético mundial. Teherán mantiene su postura firme: no reabrirá el paso marítimo a cambio de un alto el fuego temporal. En su lugar, exige un acuerdo de paz integral que incluya garantías de seguridad, el levantamiento de sanciones y compensaciones por los daños sufridos durante semanas de bombardeos.
En paralelo, los contactos diplomáticos no se han detenido. Pakistán ha actuado como intermediario en las últimas horas, trasladando propuestas entre ambas partes con el objetivo de frenar una guerra que ya supera el mes de duración. Sin embargo, las posiciones siguen alejadas. Washington considera insuficiente la contraoferta iraní, aunque reconoce avances en el tono negociador.
Mientras la diplomacia trata de abrirse paso, la realidad sobre el terreno apunta en la dirección contraria. Israel ha intensificado su ofensiva contra objetivos estratégicos en Irán, incluyendo el ataque al complejo gasístico de Pars Sur —el mayor del mundo—, varias plantas petroquímicas y aeropuertos. Además, ha logrado eliminar a Majid Jademi, en una operación que golpea directamente al núcleo del aparato de seguridad iraní.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ha defendido estas acciones como parte de una estrategia para debilitar de forma sistemática la capacidad militar y financiera de Irán. Desde su Gobierno aseguran haber reducido de forma significativa las exportaciones petroquímicas del país, afectando a su principal fuente de ingresos.
En este contexto, Trump ha ido más allá del plano militar y ha deslizado incluso su interés en el control del sector energético iraní, en un discurso que combina presión estratégica con objetivos económicos. Al mismo tiempo, ha lanzado críticas a sus aliados internacionales, incluida la OTAN, insinuando posibles cambios en el papel de Estados Unidos dentro de la Alianza.
La respuesta iraní no se ha hecho esperar. Desde Teherán denuncian que negociar bajo amenaza es inviable y advierten de consecuencias graves si se intensifican los ataques contra infraestructuras civiles. En paralelo, continúan los lanzamientos de misiles y drones contra objetivos israelíes y posiciones estadounidenses en la región, con la participación también de aliados como Hezbolá y milicias en Yemen.
El coste humano del conflicto sigue aumentando. Los últimos bombardeos han dejado decenas de muertos en Irán, incluidos varios menores, en ataques que han alcanzado zonas residenciales además de instalaciones estratégicas. Desde el inicio de la guerra, las cifras de víctimas se cuentan por miles, con una proporción significativa de civiles.
Con el reloj en marcha y las amenazas sobre la mesa, el escenario se mueve entre dos extremos: una tregua de última hora o una escalada de gran magnitud. La combinación de presión militar, intereses energéticos y rivalidad geopolítica convierte este pulso en uno de los más peligrosos de los últimos años, con consecuencias que podrían extenderse mucho más allá de Oriente Medio. @mundiario


