Trump endurece sus condiciones sobre Venezuela mientras Delcy Rodríguez ofrece diálogo
Estados Unidos ha elevado de nuevo el listón de sus exigencias a Venezuela. El presidente Donald Trump reclamó públicamente “acceso a todo” en el país sudamericano, desde el sector petrolero hasta las infraestructuras clave, en un mensaje lanzado desde el Air Force One durante su regreso a Washington. El mandatario estadounidense dejó claro que su Administración pretende intervenir de forma directa en la reconstrucción y reorganización de Venezuela, condicionando cualquier avance político a la aceptación de estas demandas.
Frente a esta presión, la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, adoptó un tono inusualmente conciliador. En un comunicado dirigido “al mundo y a Estados Unidos”, apeló al diálogo, a la cooperación internacional y al respeto a la soberanía nacional. Rodríguez defendió la necesidad de una relación “equilibrada y respetuosa” con Washington, alejada de la confrontación retórica que ha marcado históricamente los vínculos entre ambos países, y subrayó que la paz y la convivencia deben ser la base de cualquier entendimiento futuro.
Mientras se cruzan estos mensajes, el foco judicial se traslada a Nueva York. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, tienen prevista su comparecencia este lunes ante un tribunal federal de Manhattan, en un proceso que simboliza el golpe más duro al liderazgo chavista en más de dos décadas. La cita judicial se produce en un contexto de máxima tensión interna, con el país bajo control de las fuerzas de seguridad y con la oposición reclamando pasos inmediatos hacia una apertura política.
En su primera intervención pública tras la operación estadounidense, el dirigente opositor Edmundo González exigió la liberación de todos los presos políticos como condición indispensable para cualquier proceso de “normalización real” en Venezuela. Su mensaje apunta a que una eventual transición no puede limitarse a cambios de liderazgo, sino que debe incluir garantías democráticas y derechos fundamentales.
La versión oficial del Gobierno venezolano, sin embargo, se centra en denunciar el coste humano de la intervención. El ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, acusó a las fuerzas estadounidenses de haber “asesinado a sangre fría” a miembros del equipo de seguridad presidencial, así como a soldados y civiles. Aunque el Ejecutivo de Caracas no ha ofrecido cifras concretas, el New York Times sitúa el número de fallecidos en torno a 80.
La crisis ha adquirido además una dimensión regional. Cuba confirmó la muerte de al menos 32 de sus ciudadanos durante los ataques, miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior que se encontraban en Venezuela en misiones de apoyo. El presidente Miguel Díaz-Canel decretó dos días de luto nacional y calificó los hechos como un “ataque criminal”, reforzando el rechazo de La Habana a la actuación estadounidense.
En Washington, fuentes citadas por medios estadounidenses aseguran que la paciencia de Trump se agotó tras las últimas apariciones públicas de Maduro, en las que el dirigente venezolano ironizaba sobre la posibilidad de una guerra. En el entorno del presidente norteamericano se interpretaron esos gestos como una provocación y una señal de que el chavismo confiaba en que las amenazas no se traducirían en hechos.
Ahora, con Maduro bajo custodia y Delcy Rodríguez al frente del poder ejecutivo, el pulso entre exigencia y cooperación marca el rumbo inmediato de Venezuela. Entre la presión de Estados Unidos, las denuncias por el uso de la fuerza y las demandas de la oposición, el país se adentra en una etapa incierta en la que cada movimiento puede redefinir su futuro político, económico y diplomático. @mundiario


