Trump contempla reunirse con Putin tras la apertura rusa y la presión de las sanciones
En un giro inesperado dentro del complejo tablero diplomático de la guerra en Ucrania, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha confirmado que contempla reunirse “muy pronto” con su homólogo ruso, Vladímir Putin. La posibilidad de un encuentro cara a cara, que hace apenas semanas parecía improbable, ha cobrado fuerza tras la visita a Moscú del enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, y las crecientes amenazas de Washington de imponer nuevas sanciones si Moscú no acepta una tregua.
El Kremlin, presionado por el ultimátum y las consecuencias económicas en juego, ha decidido complacer a Washington con un gesto diplomático demandado por el presidente estadounidense.
La apertura rusa ha sido interpretada por la Administración Trump como un buen comienzo. Aunque aún no hay lugar ni fecha confirmados, fuentes cercanas a la Casa Blanca aseguran que el encuentro podría celebrarse la “próxima semana” y, si todo sale bien, abriría la puerta a una reunión trilateral con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. De concretarse, esta sería la primera reunión entre un presidente estadounidense y uno ruso desde la cumbre de Ginebra en 2021, y podría marcar un punto de inflexión en la guerra que se arrastra desde hace más de tres años.
La iniciativa llega en un momento delicado. El plazo fijado por Trump para que Moscú acepte un alto el fuego vence este viernes. Aunque el propio mandatario ha expresado escepticismo sobre la eficacia de las sanciones —reconociendo que Rusia ha demostrado ser “bastante hábil en evitarlas”—, la presión internacional y el deterioro económico en algunos sectores clave rusos parecen haber generado una respuesta pragmática del Kremlin. Según el propio Trump, “hay muy buenas perspectivas de que la reunión sea el principio del fin del conflicto”.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha matizado que la cumbre solo tendrá lugar si se constatan avances concretos en los próximos días. “Mucho tiene que pasar para que esto ocurra”, advirtió, y subrayó que un eventual acuerdo requiere un mínimo de garantías y consensos previos, particularmente con los aliados europeos y Kiev. Aun así, Rubio calificó la jornada de “positiva” y reconoció que por primera vez existen “ejemplos concretos” de lo que Moscú está dispuesto a negociar.
En este contexto, el propio Zelenski ha confirmado una llamada con Trump tras la visita de Witkoff a Moscú. Según el presidente ucraniano, Rusia parece ahora “más inclinada a aceptar un alto el fuego”, aunque advirtió sobre la necesidad de que ni Ucrania ni EE UU sean “engañados en los detalles” del posible acuerdo ni en el proceso, ante las estrategias dilatorias del Kremlin, que prolongan y estancan los diálogos para ganar tiempo en el campo de batalla.
Kiev plantea una coordinación más estrecha con sus aliados occidentales para definir una posición común, consciente de que la unidad es clave para evitar las mismas tácticas que han triunfado en las últimas conversaciones de paz en Estambul.
La eventual trilateral entre Trump, Putin y Zelenski también ha sido objeto de comentarios reservados en el continente. Aunque según fuentes del New York Times los mandatarios europeos parecieron aceptar el planteamiento de Trump, existen dudas sobre el alcance real de la maniobra y el riesgo de que una negociación paralela a las instituciones internacionales debilite la postura colectiva de Occidente.
Desde Moscú, el gesto de apertura representa una novedad. Hasta ahora, el Kremlin había rechazado tajantemente cualquier encuentro con Zelenski, y solo se había limitado a canalizar los contactos diplomáticos a través de mediadores indirectos. La reunión entre Putin y Witkoff habría sido, según la Casa Blanca, “altamente productiva”, y el propio Trump la celebró en términos elogiosos a través de su red Truth Social. Para muchos analistas, esta respuesta rusa refleja otro intento de ganar tiempo ante el endurecimiento del frente económico y militar.
Aun así, nada está garantizado. Trump ha insistido en que ha sido “decepcionado antes” por el liderazgo ruso y que no emitirá juicios anticipados. En palabras de Rubio, “aún hay muchos obstáculos que superar”. La disposición al diálogo, aunque inédita, se enfrenta a una serie de incógnitas geopolíticas, intereses divergentes y desafíos logísticos que podrían complicar cualquier resultado tangible.
El posible diálogo directo entre Washington, Moscú y Kiev, en caso de concretarse, sería un punto de partida, no una solución definitiva. Pero en medio de la fatiga bélica, el estancamiento diplomático y las presiones internas y externas que enfrentan los tres líderes, el simple hecho de que se contemple esta vía ya supone un cambio de tono significativo respecto a meses anteriores. @mundiario


