Rusia tantea el terreno con EE UU al romper su moratoria sobre el uso de misiles de alcance medio

Moscú declara el fin de su compromiso unilateral de no desplegar misiles de corto y medio alcance, pocos días después de que Washington ordenara el reposicionamiento de submarinos nucleares.
Vladímir Putin, presidente de Rusia. / RR SS.
Vladímir Putin, presidente de Rusia. / RR SS.

Rusia ha anunciado oficialmente el levantamiento de su moratoria autoimpuesta sobre el despliegue de misiles de corto y medio alcance, un paso que marca un giro estratégico con profundas implicaciones para la seguridad global. En palabras del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov: “Rusia ya no está limitada por nada”. La frase no sólo revela la intención de romper con un marco previo de contención, sino que envía una señal directa a Washington y sus aliados: Moscú se siente libre de responder como considere necesario.

La medida llega apenas días después de que el presidente estadounidense Donald Trump ordenara el despliegue de dos submarinos nucleares estadounidenses en el contexto de sus amenazas a Rusia por la guerra en Ucrania, y tras una nueva escalada verbal del exmandatario ruso y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dimitri Medvédev, quien advirtió que cualquier ultimátum hacia Moscú es “un paso hacia la guerra”.

El Ministerio de Exteriores ruso justificó su decisión aludiendo a los planes de Estados Unidos para desplegar misiles de medio alcance —como los sistemas Typhoon y Dark Eagle— en Europa, específicamente en Alemania, a partir del próximo año. Según Moscú, estas acciones suponen una “amenaza directa a su seguridad” y alteran el equilibrio estratégico, lo que —afirman— obliga a una respuesta proporcional.

No se han detallado los lugares ni las fechas para el posible despliegue de nuevos misiles rusos, aunque el presidente Vladímir Putin ya había insinuado la posibilidad de instalar misiles Oréshnik en Bielorrusia. La ambigüedad de esta respuesta, según analistas, es parte del mensaje: mantener a Occidente en la incertidumbre es una herramienta estratégica en sí misma.

De la diplomacia al forcejeo nuclear

El marco de control sobre misiles de alcance intermedio y corto, destruido con la desaparición del Tratado INF (1987) en 2019, deja ahora un vacío normativo. En su lugar, ambos bandos avanzan en direcciones opuestas. Mientras Washington vuelve a apostar por la disuasión clásica con despliegues visibles de fuerza, como los submarinos con capacidad nuclear, Moscú rompe sus propias limitaciones e insiste en que la culpa recae en las políticas “hostiles y antirrusas” de la OTAN.

Trump, por su parte, ha intensificado la presión sobre el Kremlin con un ultimátum para llegar a un acuerdo de paz en Ucrania antes del 8 de agosto, bajo la amenaza de nuevas sanciones. Medvédev respondió con tono desafiante, tachando los ultimátums de Trump como una “invitación al conflicto”. 

Más allá del teatro geopolítico, lo que se perfila es una potencial nueva carrera armamentista, especialmente en Europa del Este. La reactivación de arsenales de misiles balísticos en el continente podría reconfigurar los equilibrios militares a lo largo del flanco oriental de la OTAN. Países como Polonia, Rumanía o los Estados bálticos estarían en la primera línea de una tensión renovada que recuerda a los días más volátiles de la Guerra Fría.

Además, el hecho de que Rusia cite explícitamente a Alemania como punto de destino de armas estadounidenses es relevante. Berlín ha mantenido una postura cuidadosa respecto a su rol militar en Europa, pero este nuevo escenario podría obligar a una redefinición de su política de defensa. Para Moscú, el despliegue de misiles estadounidenses en suelo alemán es una excusa para revivir el fantasma de un cercamiento estratégico.

Sin margen para el error

Con la moratoria rota y las posturas endurecidas, el diálogo estratégico cobra mayor relevancia. El informe del Ministerio de Exteriores ruso dejó claro que cualquier decisión sobre dónde y cómo responder dependerá del “desarrollo de la situación en materia de seguridad internacional”. Esto incluye no solo la presencia de misiles estadounidenses en Europa, sino también las posiciones que adopten países como Japón, Corea del Sur y Australia, donde se discute el despliegue de nuevos sistemas como medida de disuasión ante las crecientes amenazas en el Indo-Pacífico.

El riesgo no se limita a una guerra directa, sino a lo que expertos llaman una “escalada inadvertida”: una cadena de acciones y reacciones sin comunicación efectiva entre potencias nucleares. En este contexto, cada maniobra militar, cada movimiento táctico, o retórica incendiaria puede ser interpretado como una señal de provocación.

Aunque Rusia asegura que su decisión es “reactiva” y no busca una confrontación directa, el hecho de abandonar cualquier límite autoimpuesto en materia de misiles representa un punto de inflexión. También lo es la actitud de la Administración Trump, que ha optado por responder a las amenazas verbales con gestos militares tangibles. La interacción entre declaraciones incendiarias y movimientos estratégicos concretos dibuja un escenario complejo.

La nueva fase de tensión entre Estados Unidos y Rusia se desarrolla en un entorno en el que los viejos tratados de control de armas han sido abandonados (como hizo Trump con el INF en 2018) o ignorados. La ruptura de Rusia con su propia moratoria de misiles no solo representa un gesto simbólico de desvinculación del orden posterior a la Guerra Fría, sino también la entrada en un terreno inestable donde las reglas son cada vez más difusas. @mundiario

Comentarios