Rusia celebra la nueva doctrina Trump y ve un alineamiento estratégico que inquieta a Ucrania

Donald Trump, presidente de EE UU y Vladímir Putin, mandatario ruso. / RR.SS
El Kremlin elogia abiertamente la estrategia de seguridad nacional de EE UU, sostiene que refleja su propia visión del orden mundial y sugiere que está abierto a reforzar la cooperación entre Washington y Moscú.

Rusia ha recibido con una inusual satisfacción la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos presentada por el presidente Donald Trump. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que el documento de 33 páginas “se corresponde en mucho” con la visión rusa del orden internacional, un reconocimiento históricamente poco habitual entre dos potencias que han protagonizado décadas de tensiones, rivalidad militar y confrontación ideológica.

Para Moscú, este alineamiento no surge por casualidad. Peskov subrayó que el Gobierno de Trump “difiere radicalmente” de administraciones anteriores y que su fortaleza política interna le permite ajustar la doctrina estadounidense hacia posiciones más cercanas a las prioridades rusas. En un momento en el que la guerra de Ucrania continúa sin un horizonte claro, el gesto tiene una lectura evidente: Rusia percibe la estrategia Trump como una oportunidad para reforzar la cooperación con Washington en detrimento de Kiev y Europa.

La doctrina Trump habla de “realismo flexible”, propone revivir la Doctrina Monroe —es decir, reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental— y advierte que Europa corre el riesgo de un “borrado civilizacional” debido a sus políticas migratorias. Además, sitúa como objetivo central negociar el fin de la guerra en Ucrania y reconstruir la estabilidad estratégica con Rusia.

El Kremlin interpreta estos elementos como señales positivas. Que la estrategia estadounidense deje de presentar a Rusia como una amenaza directa es, según Peskov, un cambio “constructivo”. Y que incluya la intención de frenar la percepción de una OTAN en crecimiento resulta especialmente significativo para Moscú, que lleva dos décadas denunciando ese movimiento como una amenaza a su seguridad nacional.

Un mensaje que inquieta a Ucrania: señales mixtas en plena negociación

Las declaraciones del Kremlin llegan mientras negociadores estadounidenses trabajan en un plan de paz para Ucrania que, según fuentes citadas por agencias internacionales, estaría entrando en su fase final. Sin embargo, ni Kiev ni Moscú muestran disposición a firmar el borrador. Para Ucrania, el riesgo es evidente: alineamientos entre Estados Unidos y Rusia podrían derivar en presiones para aceptar concesiones territoriales.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantiene contactos intensivos con aliados europeos y conversó recientemente con representantes de EE UU tras las reuniones en Florida y tras la visita de emisarios de Trump a Moscú. Según medios estadounidenses, el intercambio fue “difícil” y se centró en garantías de seguridad, condiciones territoriales y el futuro de la planta nuclear de Zaporiyia.

Europa, por su parte, intenta reforzar su apoyo a Ucrania. Zelenski viaja a Londres para reunirse con el primer ministro británico, Keir Starmer; el presidente francés, Emmanuel Macron; y el canciller alemán, Friedrich Merz, con el fin de lograr un frente común ante las presiones diplomáticas y un contexto interno complejo.

Paralelamente, el hijo del presidente estadounidense, Donald Trump Jr., lanzó en el Foro de Doha un mensaje que encendió todas las alarmas en Kiev y Bruselas. Sin ocupar un cargo oficial, Don Jr. actúa como un influyente articulador del discurso de la Administración y su intervención dejó clara una visión crítica hacia Europa y especialmente hostil hacia Ucrania.

Acusó a la UE de “querer atacar a Rusia” mientras deja el coste económico a Estados Unidos, afirmó que Ucrania “es más corrupta que Rusia” y defendió que Washington necesita “más socios como Qatar y menos como Europa”. También sugirió que Zelenski prolonga la guerra para conservar el poder. Estas posiciones, aunque no oficiales, reflejan un entorno político en Washington que han limitado las expectativas ucranianas.

El papel del círculo cercano a Trump —incluidos su yerno Jared Kushner y emisarios con líneas de comunicación abiertas con el Kremlin, Steve Witkoff— incrementa la percepción de que las negociaciones podrían acercarse a las preferencias rusas.

Rusia ve una ventana estratégica para estrechar la cooperación

Desde Moscú, el panorama es visto como una oportunidad. Peskov afirmó que los ajustes de la estrategia estadounidense “podrían ser una modesta garantía” para avanzar hacia una solución negociada en Ucrania. Para el Kremlin, que Washington muestre disposición a “restaurar la estabilidad estratégica” y limitar la expansión de la OTAN es un giro que mejora sus expectativas diplomáticas.

Además, Rusia ha fortalecido su eje con China en los últimos años, especialmente tras las sanciones occidentales. Sin embargo, Trump ha insistido en que no permitir que Moscú y Pekín se unan estratégicamente debe ser una prioridad. Para Rusia, este posicionamiento abre un espacio potencial de interlocución con Washington, rompiendo la dinámica de aislamiento impulsada por Europa desde 2022 y evitando su destino final de llegar a ser dependiente de Pekín.

El alineamiento retórico entre Moscú y la Casa Blanca —por limitado o político que sea— llega en un momento en el que Ucrania enfrenta desafíos militares, desgaste social, tensiones políticas internas y un invierno difícil. La posibilidad de que Washington acerque su estrategia a la visión rusa genera incertidumbre en Kiev sobre el futuro del apoyo occidental y el margen real de maniobra en las negociaciones.

Para Ucrania, la situación combina varios factores inquietantes: un Kremlin satisfecho con la doctrina Trump, un entorno estadounidense donde voces influyentes impulsan posiciones duras hacia Kiev, una Europa que, pese a mantener el apoyo, enfrenta debates internos y límites logísticos, y un proceso negociador sin garantías claras sobre la seguridad futura del país.

Las declaraciones del Kremlin evidencian que Moscú percibe un giro favorable en la política exterior estadounidense bajo la presidencia de Trump. Esa lectura, sumada a la presión negociadora y a la narrativa emergente en Washington, supone un desafío serio para Ucrania, que teme convertirse en la parte más vulnerable de un posible reajuste geopolítico. @mundiario