Roma espera al nuevo papa, pero solo hay humo negro
El Vaticano vive estas horas con la solemnidad del ritual y la impaciencia de quien aguarda un desenlace. En el corazón del Estado más pequeño del mundo, la Capilla Sixtina se convierte, una vez más, en el epicentro espiritual y político de la Iglesia católica. Tras tres votaciones sin éxito y sendas fumatas negras —la última poco antes del mediodía— los cardenales se han retirado a la residencia de Santa Marta para almorzar y preparar nuevas deliberaciones.
La tarde se presenta decisiva, aunque no necesariamente concluyente. Se esperan dos nuevas votaciones, la primera alrededor de las 16:00 horas y la segunda a las 19:00, en función de si alguno de los candidatos logra alcanzar el umbral de los 89 votos requeridos —dos tercios del total de los 133 cardenales electores—. Hasta ahora, el humo que ha salido de la chimenea vaticana ha sido negro, signo inequívoco de que el acuerdo aún no se ha producido. La expectación, no obstante, sigue creciendo en una plaza de San Pedro que ha congregado a más de 11.000 fieles y curiosos.
El procedimiento, que ha estado marcado por una inusual agilidad en las primeras rondas, comienza a mostrar señales de estancamiento. El equilibrio de fuerzas entre corrientes doctrinales, sensibilidades regionales y aspiraciones personales mantiene bloqueada la elección. Si algo demuestra este impasse es que los equilibrios internos del Colegio Cardenalicio están más fragmentados que nunca.
En este contexto, la figura del cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado, empieza a mostrar signos de vulnerabilidad. Su condición de favorito lo expone tanto a apoyos como a vetos. En el seno del cónclave, ser el preferido no siempre garantiza el éxito; de hecho, puede convertirse en un obstáculo si suscita recelos suficientes como para aglutinar una mayoría de bloqueo.
Junto a Parolin, otros nombres suenan con fuerza, aunque todos con matices. Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, despierta simpatías por su perfil dialogante y su cercanía al Papa Francisco. Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, podría representar una apuesta más audaz, con un fuerte simbolismo geopolítico. El francés Jean-Marc Aveline o el estadounidense Robert Prevost también están en las quinielas, aunque sus posibilidades dependen de si logran consolidar alianzas más allá de sus bloques naturales.
🔴 #Vaticano 🇻🇦 Por segunda ocasión volvió a salir humo negro del #Cónclave hoy jueves 8 de mayo de 2025 a las 11:51 (hora de Roma 🇮🇹) todavía no es elegido el nuevo sucesor de Pedro; el que será el Romano Pontífice
— CP Janny Barrera (@CPJannyBarrera) May 8, 2025
Las votaciones continuarán por la tarde, para elegir al nuevo… pic.twitter.com/RgPK3PhFNh
Mención especial merecen los cardenales asiáticos, como Luis Antonio Tagle o Pablo Virgilio David, que encarnan una Iglesia globalizada, con creciente peso demográfico en el hemisferio sur. Sin embargo, en un cónclave tan atomizado, la visibilidad puede jugar en su contra si no hay una convergencia clara de voluntades.
El proceso se enfrenta, además, a una paradoja inevitable: cuanto más se prolongue, más posibilidades hay de que emerja un "tapado", una figura que no despierte pasiones pero sí consensos. Esa ha sido la lógica en varios cónclaves anteriores y podría repetirse si las votaciones siguen sin ofrecer un resultado claro.
Cabe recordar que, desde 1922, ningún cónclave ha superado los cinco días. La mayoría se ha resuelto en menos de 48 horas, lo que hace que este se sitúe ya en la franja de los procesos más complejos del último siglo. El aumento del número de cardenales —el mayor de la historia— y la diversidad cultural y doctrinal del Colegio Cardenalicio añaden capas de dificultad a una decisión que no es solo espiritual, sino también estratégica para el futuro de la Iglesia.
Por ahora, solo hay una certeza: el humo sigue siendo negro, y con él, el tiempo corre en contra de los favoritos. Mientras tanto, la plaza de San Pedro permanece atenta, el mundo observa y los cardenales deliberan bajo el fresco de Miguel Ángel, entre rezos, silencios y negociaciones discretas. La elección del Papa no es una cuestión de horas, sino de consensos. Y esos, de momento, brillan por su ausencia. @mundiario



