Riesgo nuclear en Oriente Próximo: la ONU pide máxima contención
La ofensiva militar en curso contra Irán ha trasladado la tensión geopolítica al terreno más sensible: la seguridad nuclear. En una comparecencia ante la Junta de Gobernadores del OIEA, Rafael Grossi subrayó que un bombardeo sobre infraestructuras atómicas podría desencadenar fugas radiológicas de consecuencias graves, con potencial necesidad de evacuaciones masivas.
“Nos enfrentamos a una situación extremadamente preocupante”, afirmó el diplomático argentino, dejando claro que, aunque no existen pruebas de daños directos en centrales o reactores, el riesgo no puede descartarse en un contexto de ataques continuados.
El organismo de Naciones Unidas intenta restablecer el contacto técnico con las autoridades regulatorias iraníes, pero hasta ahora no ha obtenido respuesta. Esa ausencia de comunicación añade incertidumbre a un escenario ya volátil.
El uranio enriquecido, en el centro de la inquietud
La preocupación se agrava por la cuestión del uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al requerido para la fabricación de armas nucleares. Un informe reservado del OIEA reveló recientemente que Irán mantenía reservas significativas de este material, incluso tras bombardeos previos.
Imágenes satelitales detectaron movimientos en instalaciones subterráneas en Isfahán, lo que abre interrogantes sobre la ubicación actual de ese material sensible. Grossi admitió que la agencia no dispone de información actualizada sobre su estado ni su emplazamiento exacto.
Irán, firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear desde 1970, está obligado legalmente a declarar y someter a inspección su material nuclear para garantizar su uso pacífico. La falta de transparencia en un contexto bélico eleva el nivel de alarma.
Diplomacia interrumpida y frustración en Viena
La advertencia del OIEA llega pocos días después de que Estados Unidos e Irán mantuvieran conversaciones en Ginebra para intentar encauzar el conflicto en torno al programa nuclear iraní. El organismo actuaba como observador técnico, con Omán ejerciendo labores de mediación.
Grossi participó en esos contactos y no ocultó su frustración por la ruptura abrupta de la vía diplomática tras el inicio de la ofensiva militar. El presidente estadounidense, Donald Trump, justificó la operación asegurando que el objetivo es impedir que Irán disponga de arma nuclear.
Sin embargo, el director del OIEA evitó valorar la oportunidad política del ataque y se limitó a insistir en la prioridad técnica: evitar un accidente radiológico que podría afectar no solo a Irán, sino a toda la región.
El riesgo no se circunscribe al territorio iraní. Varios países de Oriente Próximo cuentan con reactores nucleares operativos o instalaciones de investigación. Emiratos Árabes Unidos dispone de cuatro reactores en funcionamiento; Jordania y Siria operan reactores de investigación; y otros Estados del Golfo emplean tecnología nuclear con fines civiles.
En un entorno militarizado, cualquier error de cálculo podría comprometer la seguridad regional. El precedente de conflictos que han afectado infraestructuras críticas —como en Ucrania con las centrales de Chernóbil y Zaporiyia— refuerza el mensaje de prudencia lanzado desde Viena.
Seguridad nuclear en segundo plano
La crisis iraní ha eclipsado otros expedientes sensibles que estaban sobre la mesa de la Junta de Gobernadores del OIEA: la estabilidad de las plantas ucranianas en zona de guerra, los acuerdos de salvaguardias en Pakistán o la vigilancia sobre el programa nuclear de Corea del Norte.
Pero ahora la atención se concentra en evitar que un conflicto militar derive en un accidente nuclear. La historia reciente demuestra que la combinación de guerra y tecnología atómica multiplica los riesgos.
La advertencia del OIEA no implica que una catástrofe sea inminente, pero sí subraya una realidad incómoda: en una región sacudida por bombardeos, la frontera entre la presión militar y el desastre radiológico puede volverse peligrosamente delgada. @mundiario


