¿Por qué la CIA convenció a Trump de mantener al chavismo al mando en Caracas?

Tras la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos descartó un relevo opositor inmediato y apostó por mantener a figuras clave del chavismo al frente del Estado venezolano, convencido de que solo así podía garantizar el control del Ejército y evitar un escenario de caos o guerra interna.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela; y María Corina Machado, líder opositora y Nobel de la Paz. / RR SS.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela; y María Corina Machado, líder opositora y Nobel de la Paz. / RR SS.

La caída de Nicolás Maduro no abrió paso, como muchos anticipaban, a un gobierno encabezado por la oposición venezolana. Al contrario: apenas dos días después de la detención del líder chavista en Caracas por fuerzas estadounidenses, Delcy Rodríguez juraba como presidenta de Venezuela. La decisión no fue improvisada ni fruto de una negociación de última hora, sino el resultado de una recomendación explícita de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a la Casa Blanca.

Según revelaciones de The New York Times y The Wall Street Journal, los informes de inteligencia trasladados al presidente Donald Trump advertían de un riesgo central: un traspaso directo del poder a la líder opositora María Corina Machado podía desembocar en una grave crisis de gobernabilidad. La razón no era electoral ni simbólica, sino estrictamente operativa: el control efectivo de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos de seguridad.

Los analistas de la CIA concluyeron que, tras más de dos décadas de régimen chavista, los resortes reales del poder —Ejército, policía, servicios de inteligencia y estructuras administrativas— seguían en manos de dirigentes leales al sistema. En ese contexto, Machado, pese a su amplio respaldo popular y a haber sido distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 2025, carecería de la capacidad inmediata para imponer autoridad sobre los mandos militares y garantizar la estabilidad del país.

El informe identificaba a Rodríguez, junto a figuras como Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino, como los únicos actores con suficiente ascendencia interna para encabezar un gobierno de transición controlada. No se trataba de legitimar políticamente al chavismo, sino de evitar un vacío de poder que pudiera degenerar en sublevaciones militares, fracturas internas o una guerra civil.

Donald Trump asumió esta tesis. Durante la comparecencia en la que explicó la operación contra Maduro, evitó respaldar públicamente a Machado y llegó a expresar dudas sobre su viabilidad como jefa del Ejecutivo. “Sería muy difícil para ella ser la líder”, afirmó, subrayando que no contaba con el respeto ni el apoyo necesarios dentro de las estructuras del Estado.

La elección de Delcy Rodríguez como presidenta interina respondió, así, a un cálculo estratégico: preservar el orden interno mientras Washington redefine su hoja de ruta en Venezuela. En la Casa Blanca preocupa menos el perfil ideológico del nuevo liderazgo que el riesgo de convertir al país en un foco de inestabilidad regional, con consecuencias imprevisibles para América Latina y el mercado energético.

La decisión ha generado perplejidad entre sectores opositores y entre quienes veían en la captura de Maduro el inicio de una ruptura definitiva con el chavismo. Sin embargo, para Estados Unidos, el objetivo inmediato no es una transición política profunda, sino evitar que el día después de Maduro se convierta en un escenario de violencia y descontrol.

En ese delicado equilibrio entre cambio y continuidad, Washington ha optado por lo segundo, confiando en que el control del aparato coercitivo del Estado sea el dique de contención necesario antes de cualquier transformación de mayor calado. @mundiario

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