¿Y la presión sobre Putin?: Trump dice que puede dejar que Rusia y Ucrania "peleen por un tiempo”

El presidente de EE UU deja entrever una política de manos libres ante el conflicto en Ucrania al compararlo con una riña infantil y demostrar, una vez más, su reticencia a aplicar sanciones a Moscú.
Donald Trump, presidente electo de EE UU; y Vladimir Putin, presidente de Rusia. / RR SS
Donald Trump, presidente electo de EE UU; y Vladimir Putin, presidente de Rusia. / RR SS

El presidente de EE UU, Donald Trump, ha vuelto a sacudir la diplomacia internacional con una declaración que, más que pragmática, sugiere una peligrosa comodidad frente a la prolongación de la guerra en Ucrania. Durante su reunión con el canciller alemán Friedrich Merz en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense afirmó que "a veces es mejor dejar que se peleen por un tiempo" en referencia al conflicto entre Moscú y Kiev, minimizando así tanto la urgencia humanitaria como el impacto geopolítico de la agresión rusa.

Trump ilustró su postura con una metáfora que no tardó en generar polémica: comparó a Ucrania y Rusia con “dos niños pequeños peleando como locos en un parque”. De hecho, el magnate aseguró haberle compartido esta analogía al propio Vladímir Putin en su reciente llamada telefónica. Según Trump, ambos países deben seguir enfrentándose hasta que llegue el momento oportuno para separarlos. Esta visión, presentada como estrategia de contención, se aleja radicalmente de las expectativas europeas de una mayor presión sobre Moscú para detener el conflicto.

Es una postura que recuerda la lógica transaccional del presidente, donde el sufrimiento humano se considera un subproducto inevitable del reordenamiento del poder. Pero en este caso, Trump parece no solo estar evitando intervenir, sino relativizando las causas y consecuencias de la guerra. Al no responsabilizar explícitamente al Kremlin por el conflicto —y al insinuar que podría sancionar a ambas partes si no se avanza hacia la paz— diluye la naturaleza claramente unilateral de la invasión rusa.

En la reunión, Friedrich Merz trató de mantener un tono diplomático e insistió en la necesidad de ejercer más presión sobre Rusia para poner fin a la guerra. Recordó que Alemania debe su libertad a la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial y apeló a esa tradición para solicitar un papel más activo de Washington en la resolución del conflicto.

El líder alemán, sin embargo, no confrontó directamente a Trump cuando este hizo su controvertida comparación o expresó su escepticismo respecto a las sanciones. En cambio, Merz elogió el “instinto” del presidente estadounidense para traer la paz, en un intento por no romper la frágil sintonía lograda durante su visita, especialmente después de las tensiones que líderes como el ucraniano Volodímir Zelenski o el sudafricano Cyril Ramaphosa experimentaron en sus encuentros con Trump.

El rechazo a nuevas sanciones

Más allá de las declaraciones, la postura de Trump sobre las sanciones fue aún más reveladora. No solo ha evitado hasta ahora aplicar nuevas medidas punitivas contra Moscú, sino que también ha maniobrado para frenar la votación de una ambiciosa legislación bipartidista que busca sancionar severamente a quienes sigan comprando petróleo y materias primas rusas. Aunque el proyecto tiene un apoyo abrumador en el Senado, Trump ha pedido a los legisladores republicanos que esperen a su decisión. “Ellos seguirán mis instrucciones”, dijo. “Así debe ser”.

Esta actitud refuerza la percepción de que Trump no tiene intención inmediata de utilizar herramientas económicas para presionar a Rusia. Incluso desvió la responsabilidad del estancamiento de las conversaciones hacia Rusia e indicó que podría sancionar también a Ucrania si considera que no se está avanzando hacia un acuerdo de paz, una postura que desorienta a los aliados y le da margen a Moscú para actuar con mayor libertad.

La complacencia de Trump coincide con un momento delicado en el conflicto: Ucrania ha intensificado su ofensiva con ataques selectivos a bases aéreas rusas. Putin, según Trump, está “muy molesto” por los ataques, y el presidente estadounidense afirmó compartir ese sentimiento. Esta empatía hacia el Kremlin, combinada con la renuencia a actuar, plantea un serio dilema para Europa.

En este contexto, las declaraciones de Trump no son meramente retóricas. Dan señales políticas claras: no ejercerá presión real sobre Moscú hasta que él decida que ya es tarde para una solución negociada, y hasta entonces, permitirá que la guerra continúe. Es una dpostura arriesgada, que no solo ignora la dimensión humanitaria del conflicto, sino que otorga a Rusia tiempo y espacio para reconfigurar su estrategia militar y política.

La reunión entre Trump y Merz mostró una Alemania diplomáticamente prudente y un Estados Unidos decididamente ambiguo. Mientras el canciller alemán apelaba a la historia compartida para pedir más implicación, Trump optó por una mezcla de metáforas infantiles, indiferencia estratégica y maniobras dilatorias respecto a las sanciones.

En un momento en que la guerra en Ucrania se recrudece y Europa busca liderazgo en la defensa del orden internacional, la pasividad de Trump no solo complica la unidad occidental, sino que sugiere que, bajo su mando, Estados Unidos podría retirarse aún más del liderazgo internacional que históricamente ha desempeñado. @mundiario

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