Perú se encamina a una segunda vuelta incierta: Keiko Fujimori lidera, pero sin rival claro
La política peruana vuelve a situarse en el terreno de la incertidumbre. A medida que avanza el escrutinio, el país se encamina hacia una segunda vuelta que, aunque previsible en su forma, resulta profundamente incierta en su contenido. La única certeza, por ahora, es la presencia de la cuatro veces candidata presidencial Keiko Fujimori, quien lidera el conteo con un porcentaje que, si bien suficiente para encabezar la primera vuelta, refleja también la debilidad estructural del sistema con una fragmentación extrema.
El resultado de Fujimori en torno a una horquilla de 16-17 % no constituye tanto una victoria contundente como un síntoma de la dispersión del voto. En una contienda con 35 candidatos, ningún aspirante ha logrado capitalizar un apoyo mayoritario, lo que convierte la segunda vuelta en un terreno completamente abierto.
Detrás de ella, la lucha por el segundo puesto evidencia esa volatilidad. El ultraderechista Rafael López Aliaga, el socioliberal Jorge Nieto y el izquierdista Roberto Sánchez se disputan voto a voto el acceso al balotaje. La lenta incorporación del voto rural históricamente decisivo en Perú tiñe de incertidumbre el escrutinio, especialmente en favor de candidaturas con mayor arraigo fuera de las grandes ciudades.
La presencia de Fujimori en la segunda vuelta no es una novedad, sino la confirmación de una constante en la política peruana reciente. Se trata de su cuarta candidatura presidencial con opciones reales de alcanzar el poder, tras haber rozado la victoria en 2011, 2016, 2021 y ahora 2026.
Este dato introduce una doble lectura. Por un lado, evidencia la resiliencia de su base electoral, pero también subraya los límites de su crecimiento político un techo que, elección tras elección, le ha impedido consolidar una mayoría suficiente para gobernar sin contestación. La incógnita, por tanto, no es solo quién será su rival, sino qué capacidad tendrá ese adversario para aglutinar el voto anti-fujimorista, un factor que ha sido determinante en el pasado.
Un escrutinio lento que alimenta la tensión
El proceso electoral está marcado por una lentitud que no es nueva, pero sí especialmente significativa en un contexto tan ajustado. La ausencia de voto digital, la complejidad logística de un país con geografía compleja y la celebración simultánea de múltiples elecciones han ralentizado el conteo.
A ello se suman problemas organizativos, como la falta de material electoral en algunos centros, que obligaron a extender la votación para que al menos 52 mil personas pudieran votar y han alimentado críticas sobre la gestión del proceso. Aunque misiones internacionales han avalado la transparencia general del sistema, las deficiencias han sido suficientes para tensionar el clima político.
En este contexto, las denuncias de fraude sin respaldo concluyente y las peticiones de nulidad por parte de algunos candidatos como López Aliaga, que va de segundo en el escrutinio, reflejan la fragilidad de la confianza en las instituciones electorales.
La dispersión del voto en esta primera vuelta anticipa una segunda vuelta polarizada, en la que el rechazo puede pesar tanto o más que el apoyo. Este patrón ya se observó en enfrentamientos anteriores, donde la elección final se convirtió en un plebiscito más que en una adhesión programática. @mundiario


