El Papa León XIV y Donald Trump: dos visiones en las antípodas sobre el poder y la fe

Donald Trump, presidente de EE UU y el Papa León XIV. / Mundiario

La elección de un Papa estadounidense no acerca necesariamente a EE UU al Vaticano, aunque pueda ser un conciliador. El pontificado de Prevost podría subrayar las diferencias más profundas entre la Iglesia Católica y MAGA.

Por primera vez en la historia, un ciudadano estadounidense ha sido elegido Papa. Robert Francis Prevost, nacido en Chicago en 1955, es ahora León XIV. Pero esta coincidencia de nacionalidad con el actual presidente de EE UU, Donald Trump, no implica una afinidad ideológica. De hecho, todo indica lo contrario: sus trayectorias, visiones del mundo y prioridades morales los colocan en extremos opuestos del espectro político y espiritual. Sin embargo, el perfil del nuevo Papa es el de una persona moderada, conciliadora y que en su primer discurso instó al diálogo y la colaboración para construir puentes.

León XIV, de raíces multiculturales —de herencia francesa y española, estadounidense de nacimiento, peruano naturalizado y criollo de Nueva Orleans— ha desarrollado su carrera eclesiástica entre Perú y Roma, lejos del protagonismo político-religioso del catolicismo estadounidense. Aunque Trump celebró públicamente su elección como “un gran honor para nuestro país”, el nuevo pontífice representa todo lo que el trumpismo detesta: inclusión, justicia social, defensa del migrante y una Iglesia abierta al mundo.

El contraste entre ambos líderes es abismal. Trump representa un nacionalismo reforzado en el control migratorio y la desregulación ambiental. En cambio, León XIV, heredero de la línea pastoral del Papa Francisco, ha expresado —según publicaciones atribuidas a él en redes sociales— posturas completamente opuestas: respaldo a Black Lives Matter, compromiso con la lucha contra el cambio climático, defensa de una política migratoria humanitaria y crítica abierta a la separación de niños migrantes en la frontera estadounidense.

Lejos de los focos norteamericanos, Prevost ha forjado un perfil pastoral centrado en los más vulnerables. Su elección del nombre León XIV es reveladora: hace eco del Papa León XIII, autor de Rerum Novarum, la primera encíclica que defendía los derechos de los trabajadores sin caer en el comunismo. Este guiño al pensamiento social católico contrasta directamente con la tesis del movimiento MAGA (Make America Great Again), que desprecia las políticas públicas de redistribución y justicia económica.

Trump y el Vaticano: una relación incómoda

El presidente republicano nunca ha tenido una relación cómoda con el Vaticano. Durante el papado de Francisco, ambos protagonizaron enfrentamientos públicos, especialmente por la cuestión migratoria. Trump llegó a sugerir que construir un muro en la frontera era más cristiano que permitir el “caos” migratorio, a lo que Francisco respondió en una rueda de prensa en 2016 que “una persona que piensa en construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano”.

A pesar del entusiasmo superficial de Trump por la nacionalidad del nuevo Papa, su Administración representa valores incompatibles con la Doctrina Social de la Iglesia. Prueba de ello es la controversia provocada por la imagen generada por IA que el expresidente publicó en sus redes, vistiéndose con los ropajes papales como si se autoproclamara jefe espiritual. Un gesto que muchos católicos consideraron sacrílego y burlesco.

Además, las críticas del Papa a figuras clave del trumpismo no se han hecho esperar. La cuenta en X atribuida a Prevost señala al vicepresidente J. D. Vance por malinterpretar la enseñanza cristiana sobre el amor. “Jesucristo no nos pide jerarquizar nuestro amor por los demás”, escribió, desmontando lo que había dicho el número dos de Trump, que el amor debería comenzar por círculos cercanos, y compatriotas, para después ser extendido a los extranjeros. @mundiario