Israel mata a Mohamed Sinwar mientras la Franja se hunde en el caos

La supuesta eliminación del hermano del líder de Hamás refuerza el discurso bélico del primer ministro israelí, mientras la distribución de ayuda humanitaria en Gaza se convierte en un símbolo del fracaso internacional.
La entrega de la ayuda humanitaria por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG) se sale de control. / X.
La entrega de la ayuda humanitaria por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG) se sale de control. / X.

La guerra de Israel contra Hamás ha entrado en una nueva fase comunicativa en la que cada anuncio parece calculado para sostener la legitimidad del conflicto ante la opinión pública internacional. Esta semana, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha asegurado que las fuerzas israelíes han abatido a Mohamed Sinwar, uno de los dirigentes de Hamás en Gaza y hermano del carismático líder Yahia Sinwar, muerto en un ataque previo. La noticia llega en un momento delicado, cuando la comunidad internacional comienza a mostrar signos de hartazgo ante una estrategia militar que, lejos de lograr sus objetivos declarados, ha desatado una crisis humanitaria sin precedentes en el enclave palestino.

Mohamed Sinwar, considerado uno de los herederos operativos de su hermano en la estructura de Hamás, había sido dado por muerto anteriormente. Las autoridades israelíes lo vinculan directamente con la planificación y ejecución de acciones armadas desde la Franja, aunque no han ofrecido pruebas concluyentes sobre su eliminación más allá de las declaraciones de Netanyahu. Este anuncio, más que una victoria operativa, parece cumplir una función propagandística: reforzar la imagen de control de Israel en una guerra cada vez más cuestionada por su desproporción y su altísimo coste humano.

Ayuda humanitaria fallida

Mientras tanto, en el terreno, el caos continúa. Gaza vive en una emergencia crónica, sin apenas acceso a suministros esenciales ni rutas seguras para la población civil. Esta semana se ha reactivado la distribución de ayuda humanitaria por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG), una entidad privada apoyada por Estados Unidos e Israel que ha asumido un rol clave tras el bloqueo de las operaciones de la ONU. Sin embargo, su operativa ha sido duramente criticada: la ausencia de neutralidad, la inseguridad en los puntos de entrega y la desigual cobertura territorial están generando más problemas que soluciones.

El martes, miles de personas desesperadas irrumpieron en un centro de distribución en Rafah. La escena fue dantesca: vallas derribadas, disparos de advertencia por parte del ejército israelí y un saldo de un muerto y decenas de heridos. Naciones Unidas no ha tardado en reaccionar: Ajith Sunghay, alto funcionario de derechos humanos, calificó el modelo de distribución como “peligroso e ineficaz”, y subrayó que gran parte de la población no puede acceder siquiera a los centros establecidos. Por su parte, Philippe Lazzarini, comisionado general de la UNRWA, ha denunciado que la iniciativa israelí no solo es un “despilfarro”, sino que “distrae de las atrocidades” que están ocurriendo a diario en la Franja.

El hecho de que el propio director de la FHG, Jake Wood, haya dimitido alegando la imposibilidad de respetar los principios de neutralidad e independencia humanitaria es un síntoma de la descomposición del modelo. Cuando una organización que pretende canalizar ayuda a civiles reconoce su incapacidad para cumplir con estándares básicos de actuación, el problema ya no es técnico ni logístico, sino profundamente político.

España "intenta" hacer la diferencia

Y es precisamente en el terreno político donde empiezan a verse cambios de tono. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha instado desde Bruselas a una reacción firme por parte de la Unión Europea, solicitando la suspensión del acuerdo de asociación con Israel y la imposición de sanciones. Aunque la iniciativa aún se enfrenta a fuertes resistencias internas en la UE, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ya ha anunciado que se estudiarán “opciones” de respuesta. La impunidad diplomática de Israel podría estar tocando techo.

Mientras tanto, las cifras siguen aumentando. Más de una veintena de personas murieron en Gaza en el último día como resultado de nuevos bombardeos. La población, agotada y hambrienta, sobrevive en condiciones que múltiples organismos internacionales ya consideran inhumanas. Y aún así, el foco de la narrativa dominante sigue centrado en los golpes a la cúpula de Hamás, como si la eliminación de uno u otro líder pudiese justificar el padecimiento colectivo de dos millones de personas.

La situación en Gaza ha dejado de ser únicamente un conflicto bélico y se ha convertido en una vergüenza humanitaria global. La insistencia de Netanyahu en enmarcar la operación como una guerra contra el “terrorismo” no resuelve las preguntas clave: ¿hasta qué punto puede sostenerse una estrategia militar que genera más sufrimiento que seguridad? ¿Cuánto tiempo más puede la comunidad internacional mirar hacia otro lado sin comprometer su propia credibilidad?

Mientras se presentan como éxitos militares los ataques selectivos, la realidad en tierra arrasada cuenta una historia muy distinta: una historia de hambre, desplazamiento, colapso institucional y desesperanza. Y esa, por mucho que se pretenda ocultar con declaraciones oficiales, es la narrativa que terminará prevaleciendo. @mundiario

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