Merz y su viraje estratégico con Trump: ¿apaciguamiento o cálculo por la paz en Ucrania?

El canciller de Alemania, Friedrich Merz, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. / @SecGenNATO

El aparente optimismo del canciller alemán hacia EE UU y su compromiso con la OTAN parecen menos un giro ideológico que una maniobra táctica: sumar respaldo para una propuesta de alto el fuego de 30 días en Ucrania.

La política internacional rara vez deja espacio para los gestos gratuitos. En Bruselas, durante su primera visita oficial como canciller de Alemania, Friedrich Merz ha sorprendido con un discurso mucho más conciliador hacia Estados Unidos y la OTAN, apenas tres meses después de advertir públicamente sobre la posible ruptura del vínculo transatlántico. Lo que parece un cambio de tono, en realidad, encierra un objetivo político claro: crear un frente unido que respalde las iniciativas diplomáticas de Ucrania.

Merz ha respaldado con firmeza la propuesta del presidente de estadounidense Donald Trump de un alto el fuego de 30 días en Ucrania, que abriría la puerta a negociaciones de paz con Rusia. La coincidencia temporal entre este gesto y su reconciliación pública con la política exterior estadounidense invita a preguntarse: ¿está Merz cediendo ante Trump o está utilizando la relación transatlántica como instrumento para apoyar al Gobierno ucraniano?

En febrero, en plena efervescencia electoral, Merz llegó a afirmar que “Europa debe estar preparada para defenderse sola”, cuestionando el compromiso de Washington con la seguridad del continente. Hoy, su discurso ha dado un giro calculado. Ya no habla de autonomía estratégica, sino de “la indispensabilidad de Estados Unidos para Europa”. Esta rectificación, más que una renuncia, parece una apuesta pragmática por el poder de influencia norteamericano en Moscú y Kiev.

El democristiano insiste en que no ha cambiado de opinión, sino que ha sido la actitud de la Casa Blanca la que ha evolucionado. El cambio, según él, radica en un reconocimiento estadounidense del esfuerzo europeo en defensa. Pero el verdadero catalizador parece haber sido la necesidad de alinear voluntades para empujar un alto el fuego en Ucrania, una propuesta arriesgada pero que gana tracción con el respaldo de Francia, el Reino Unido, Polonia y los países nórdicos.

El peso de la propuesta de alto el fuego

El plan, según lo descrito por el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, consiste en extender unilateralmente el alto el fuego de tres días decretado por Moscú por la conmemoración del Día de la Liberación en Rusia a una tregua de 30 días, durante la cual podrían iniciarse conversaciones formales sobre un tratado de paz. Lo significativo es que esta propuesta ya cuenta con el respaldo activo de Washington.

Y Merz presiona para trasladar el éxito de la tregua a la voluntad de Moscú: “la pelota está exclusivamente en el tejado del Kremlin”. Este lenguaje, combinado con una renovada unidad atlántica, crea una narrativa poderosa: Occidente está dispuesto a negociar, pero exige reciprocidad.

La pregunta inevitable es si el viraje de Merz constituye un apaciguamiento hacia Donald Trump, conocido por su retórica imprevisible y su escepticismo sobre el compromiso estadounidense hacia la OTAN. El actual presidente de EE UU, aunque aboga por una desescalada en Ucrania, sigue siendo una figura divisiva en Europa. Al respaldar explícitamente su propuesta de alto el fuego, Merz legitima a Trump como actor diplomático en Europa, algo impensable meses atrás.

Este movimiento no necesariamente implica sumisión, sino una aceptación estratégica del nuevo centro de gravedad de la diplomacia transatlántica. En un contexto en el Washington se ha acercado a Moscú y cortado la asistencia militar a Kiev, Merz parece apostar por establecer una relación funcional con una Casa Blanca volátil e impredecible.

OTAN, Ucrania y los límites de la unidad

Merz también ha abordado uno de los temas más delicados: la adhesión de Ucrania a la OTAN. Su respuesta ha sido cautelosa, subrayando que la integración europea será más rápida que la atlántica, y que esta última no debe ser condición ni obstáculo para un proceso de paz. El secretario general de la Alianza, Mark Rutte, ha reiterado esta postura, dejando claro que la “irreversibilidad” del camino de Ucrania hacia la OTAN no equivale a inmediatez.

Aquí se percibe una sutil divergencia con algunos socios del Este europeo, más propensos a vincular la seguridad futura de Ucrania a su ingreso formal en la Alianza. La posición alemana, más prudente, parece orientada a preservar una ventana de diálogo con Moscú, sin cerrar de antemano ninguna puerta.

El canciller parece haber adoptado la postura de que, sin Estados Unidos, ningún proceso de paz es viable, y que, sin una mínima coordinación con Trump, cualquier plan europeo está condenado al fracaso diplomático. En este contexto, su nuevo tono hacia Washington no refleja debilidad, sino un intento de asumir el liderazgo europeo sin renunciar a la fortaleza de la alianza atlántica. @mundiario