El Mercosur mira más allá de Europa: malestar por el nuevo aplazamiento del acuerdo con la UE

Javier Milei (Argentina), Luis Lacalle Pou (Uuguay), Ursula von der Leyen (UE), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Santiago Peña (Paraguay). / Unión Europea
El aplazamiento de última hora del acuerdo de libre comercio entre ambos bloques deja una estela de frustración en Sudamérica y la duda de hasta cuándo se puede seguir esperando a una Europa atrapada en sus propias divisiones internas.

La escena en Foz do Iguaçu resume el estado de ánimo del Mercosur. Aunque debía celebrarse la culminación de una negociación histórica, lo que domina es una sensación de déjà vu: otra oportunidad perdida, otro aplazamiento sin fecha cerrada y la impresión desenfadada de que el problema no está en Sudamérica, sino en Europa. La indefinición europea ha vuelto a descarrilar un acuerdo que aspiraba a crear la mayor zona de libre comercio del mundo, con unos 700 millones de consumidores a ambos lados del Atlántico.

La decisión de Italia de pedir más tiempo —sumada a las reticencias persistentes de Francia y Polonia— dejó sin margen a la Comisión Europea y frustró el plan del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, de cerrar su presidencia pro tempore del Mercosur con un logro político de primer orden. El testigo pasa ahora a Paraguay, pero lo hace en un contexto más incierto que nunca.

En los corrillos de la cumbre se repite una idea: “la pelota está en el tejado europeo”. Los países del Mercosur aceptaron nuevas salvaguardas exigidas por Bruselas para proteger sectores sensibles de la UE, especialmente la agricultura. Esas cláusulas permiten suspender ventajas arancelarias si se detectan hipotéticas “distorsiones graves” en rubros como la carne vacuna, el azúcar o el sector avícola. Para muchos negociadores sudamericanos, el margen de concesiones ya se ha agotado.

El fastidio es evidente. No solo por el retraso, sino por la percepción de un desequilibrio estructural: el acuerdo, insisten varias fuentes del bloque, beneficia más a Europa que a Sudamérica. Aun así, la UE sigue sin lograr una posición común. La presión de los agricultores europeos y los cálculos políticos internos —especialmente en Italia y Francia— han pesado más que una visión estratégica a largo plazo de la relación birregional.

Lula encaja el desaire europeo

Lula llegó a amenazar con dar un portazo definitivo a la negociación, consciente de que el coste político interno del fracaso recae sobre él más que sobre ningún otro líder sudamericano. No es un dato menor: el presidente del Brasil ha sido el principal defensor del acercamiento a Europa y acaba de anunciar su intención de optar a un cuarto mandato. Sin embargo, tras una conversación con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, rebajó el tono y aceptó trasladar la petición de “paciencia” al resto de socios del Mercosur.

Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, trató de minimizar el golpe asegurando que el acuerdo podría firmarse en enero. “Tras una negociación de 26 años, esperar tres semanas más es tolerable”, dijo. Pero en el contexto geopolítico actual, ese mes adicional se percibe en América del Sur como una eternidad. Las alianzas se mueven rápido, y la credibilidad también.

Ese es el verdadero riesgo para la UE: no tanto que Italia termine diciendo no, sino que el Mercosur empiece a mirar decididamente hacia otros socios. Los ministros de Exteriores del bloque ya han llamado a “golpear nuevas puertas”. Canadá, Reino Unido, Japón, Emiratos Árabes Unidos y varios países del Sudeste Asiático figuran en la agenda. China y EE UU, con estrategias muy distintas, también afinan sus estrategias para penetrar en la región latinoamericana, mientras Europa no termina por concretar sus alianzas estratégicas.

La cumbre deja además al descubierto las fracturas internas del Mercosur. Argentina y Uruguay presionan para flexibilizar las reglas que impiden acuerdos bilaterales por fuera del bloque. Buenos Aires negocia directamente con Washington; Montevideo avanza hacia el Acuerdo Transpacífico. Paraguay, que asume ahora la presidencia, promete acelerar negociaciones alternativas para no quedar atrapado en la parálisis.

Reveses a la credibilidad de la UE

Las diferencias ideológicas agravan el panorama. El choque entre el Brasil de Lula y la Argentina de Javier Milei es profundo y público. Pero, pese a esa distancia, hay un diagnóstico compartido que apenas se verbaliza: el aplazamiento del acuerdo con la UE responde más a las dificultades políticas europeas que a la falta de voluntad sudamericana.

En ese sentido, Foz do Iguaçu —corazón simbólico de la triple frontera— se convierte en el escenario de una cumbre deslucida, casi anticlimática. El acuerdo con la UE iba a ser el gran anuncio; su ausencia deja al Mercosur sin un relato de éxito común y refuerza la idea de un bloque en busca de rumbo.

Europa, mientras tanto, se enfrenta a una disyuntiva estratégica. Cada retraso erosiona su influencia en una región clave y alimenta la narrativa de un socio poco fiable, incapaz de traducir su retórica global en decisiones concretas. El Mercosur, cansado de esperar, empieza a recalcular. Y en un mundo de alianzas volátiles, esa recalibración puede tener consecuencias efectivas. @mundiario