Matar para vencer el crimen: el dilema de la seguridad pública en Brasil
La reciente operación policial en Río de Janeiro, que dejó un saldo de al menos 121 muertos, ha reavivado el debate sobre las políticas de seguridad pública en Brasil y América Latina. En un contexto en el que la violencia parece ser la respuesta más inmediata a los retos del crimen organizado, se plantea la pregunta crucial: ¿realmente estamos tomando el camino correcto para combatir el narcotráfico y los grupos criminales? Lo sucedido en Río debería hacernos reflexionar sobre la efectividad de las "soluciones rápidas" y poner en cuestión si, de hecho, estamos alimentando el ciclo de violencia.
La guerra sin fin contra el crimen
El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, quien se ha alineado con discursos más agresivos sobre el narcotráfico, ha calificado la operación como un "éxito". Sin embargo, esta afirmación choca con las realidades que viven miles de personas en las favelas: familias desmembradas, barrios destrozados, y una sociedad cada vez más temerosa de la respuesta policial. La comparación con el discurso de Donald Trump sobre los "narcoterroristas" no hace más que agravar la situación, ya que en lugar de proponer un enfoque integral, parece que las autoridades solo buscan imponer el miedo. A fin de cuentas, la seguridad no puede entenderse como una guerra, sino como un desafío estructural que requiere una visión más profunda y una estrategia que combata no solo a los delincuentes, sino también las raíces de la violencia.
Es cierto que el narcotráfico ha convertido a algunas regiones de Brasil en un campo de batalla. Los grupos criminales, como el Comando Vermelho, actúan con un poder que se extiende más allá de las fronteras brasileñas. Pero mientras las autoridades siguen apostando por las incursiones violentas, el ciclo de violencia se perpetúa. La verdadera cuestión es si las fuerzas de seguridad están persiguiendo a los criminales en las calles sin resolver los problemas estructurales que alimentan el crimen organizado.
Un enfoque más inteligente: la batalla económica
El Gobierno Federal de Lula da Silva ha reaccionado ante la tragedia, anunciando una serie de medidas, incluidas estrategias de inteligencia financiera para desmantelar las redes económicas que permiten a los carteles sostenerse. Aquí es donde podría radicar la clave para romper el ciclo de violencia. En lugar de lanzar más operativos militares y policiales que terminan con decenas de muertos, el ejemplo de la operación contra el Primer Comando de la Capital (PCC) en São Paulo podría servir como modelo. Este operativo desarticuló una red de lavado de dinero sin recurrir a la violencia, y es precisamente en este tipo de intervenciones donde se puede empezar a cambiar la dinámica del crimen organizado.
Los estudios sobre políticas de seguridad en América Latina, como los realizados por Ignacio Cano y su equipo, sugieren que la erradicación de los líderes de los grupos armados o la militarización de las calles puede ser contraproducente, ya que estos enfoques suelen exacerbar la violencia en lugar de disminuirla. En cambio, se debe poner un foco más estratégico en limitar la circulación de armas, regular la venta de alcohol, y aplicar leyes que asfixien económicamente a las organizaciones criminales. Si el objetivo es desmantelar los carteles, entonces se debe empezar por la raíz de su poder: el dinero que generan.
La política de la violencia debe terminar
El debate que sigue a la matanza de Río nos obliga a confrontar un dilema. Por un lado, está la tentación de implementar medidas severas, como las que abogan por la mano dura, que se prometen rápidas y eficaces. Por otro, están los enfoques más sofisticados que requieren tiempo, paciencia, y un cambio en la forma de entender el crimen. En este sentido, el ejemplo de la operación en São Paulo debería ser el camino a seguir. Las operaciones que se basan exclusivamente en la violencia solo sirven para mantener a la sociedad en un estado constante de miedo, mientras los grupos criminales siguen creciendo y fortaleciendo sus redes.
Es urgente que Brasil, y en general toda América Latina, replanteen sus estrategias de seguridad pública. El crimen organizado no se combate con más muertes ni con más represión; se combate con inteligencia, con políticas que ataquen su poder económico y con un enfoque de justicia social que elimine las causas profundas de la violencia. La seguridad debe ser un derecho, no un espectáculo mediático. @mundiario



