Madagascar sin presidente: Andry Rajoelina huye tras el levantamiento de la Generación Z
Madagascar vive uno de los momentos más convulsos de su historia reciente. El presidente Andry Rajoelina, de 51 años, huyó del país el domingo junto a su familia, tras perder el control del ejército y enfrentar un potente movimiento social: las protestas masivas lideradas por la llamada Generación Z.
Desde finales de septiembre, miles de jóvenes salieron a las calles para denunciar la falta de agua y electricidad, en un país donde los cortes de suministro se han vuelto cotidianos. Bajo el lema Leo Délestage (“hartos de los apagones”), el movimiento se extendió rápidamente por redes sociales y universidades, adoptando una estética inspirada en la cultura digital global.
Las manifestaciones derivaron en disturbios y represión. Hasta el momento, se han contabilizado al menos 22 muertos y decenas de heridos. Pero lo que comenzó como un reclamo por servicios básicos pronto se transformó en un desafío político directo al poder presidencial.
El punto de inflexión llegó el sábado, cuando la unidad de élite Capsat, histórica por su papel en el golpe de 2009 que llevó al propio Rajoelina al poder, anunció que se negaba a obedecer las órdenes de reprimir a los manifestantes. En un vídeo difundido por redes sociales, los soldados declararon: “No dispararemos contra nuestros hermanos y hermanas. Unámonos al pueblo”.
Este gesto selló la suerte del mandatario. En cuestión de horas, parte del ejército y de la gendarmería se unieron a las protestas, y tras la huida del mandatario, algunos cuerpos reconocieron “excesos y errores” en la represión. El presidente, que intentó reorganizar el mando militar destituyendo al jefe del Estado Mayor, vio cómo su autoridad se desmoronaba.
La Capsat y otras facciones tomaron el control de los cuarteles en Antananarivo, la capital, y anunciaron la suspensión de toda orden presidencial, llenando el vacío de poder dejado por la huida del jefe de Estado.
Fuentes diplomáticas citadas por el medio France24 confirmaron que Rajoelina fue evacuado primero en helicóptero desde el Palacio Presidencial hasta la isla de Santa María, en la costa oriental. Desde allí, un avión militar francés lo trasladó a la isla de Reunión (Francia). Según Radio France Internationale, el mandatario habría continuado su viaje hacia Dubái a bordo de un jet.
París justificó su intervención alegando “razones humanitarias” y negó cualquier intención de injerencia política en Madagascar, antigua colonia francesa. Aun así, la participación de Francia reaviva el debate sobre su influencia en el país y la relación entre ambos gobiernos.Un vacío político en Antananarivo
Con Rajoelina fuera del país y varios de sus aliados —entre ellos su ex primer ministro Christian Ntsay— huyendo hacia Mauricio, Madagascar quedó políticamente acéfalo.
La oposición, encabezada por Siteny Randrianasoloniaiko, confirmó que “el presidente ha abandonado el país” y pidió la creación de un gobierno de transición. Mientras tanto, en la capital, miles de manifestantes y militares ocupan la plaza frente al Ayuntamiento de Antananarivo, en un clima de euforia y tensión.La llamada “Generación Z malgache” representa a una nueva clase de activistas digitales y urbanos, cansados de la corrupción, la desigualdad y la falta de oportunidades. Sus protestas, organizadas en redes sociales, han replicado patrones vistos en Nepal, Bangladesh, Kenia, Marruecos o Indonesia, donde los jóvenes han utilizado Internet como herramienta de movilización política.
En Madagascar, el contraste entre las condiciones precarias de los manifestantes y la ostentación de la familia presidencial —criticada por exhibir lujos en redes sociales— avivó la indignación.Un intento fallido de control político
Rajoelina había intentado desde hace semanas de contener la crisis destituyendo a su gobierno y nombrando al general Ruphin Fortunat Zafisambo como primer ministro interino, pero la medida solo profundizó la desconfianza. Los sindicatos, los estudiantes y parte de la oposición consideraron la maniobra una “jugada desesperada” y exigieron su renuncia.
El presidente luego intentó convocar un diálogo nacional, pero ni los líderes juveniles ni la oposición acudieron. Su aislamiento político fue total: sin ejército, sin gabinete y sin legitimidad popular.
Desde un lugar no revelado, Rajoelina reapareció en Facebook para justificar su salida. Alegó un “intento de asesinato” y afirmó haber dejado el país para “proteger su vida”. Llamó a “respetar la Constitución”, aunque su propio paradero y capacidad de gobierno siguen siendo inciertos.
Mientras tanto, Madagascar afronta un vacío de poder que podría derivar en una transición militar o en una nueva convocatoria electoral. La comunidad internacional observa con cautela, consciente de que el país, conocido como un foco de inestabilidad en el Océano Índico, atraviesa una de sus crisis más profundas, que evoca el golpe de 2009. @mundiario