El Líbano ante el abismo: el presidente Aoun pide negociar con Israel para evitar “otra Gaza”

El mandatario libanés urge a Tel Aviv y a Hezbolá a entablar conversaciones para evitar el colapso social del país, aunque ambas partes mantienen la hostilidad y cierran cualquier margen al diálogo.
Joseph Aoun, presidente del Líbano. / Facebook
Joseph Aoun, presidente del Líbano. / Facebook

En medio de una escalada militar que ha devastado amplias zonas del sur del país, el presidente Joseph Aoun ha lanzado una advertencia directa: evitar que el sur de Líbano sufra el mismo destino que Franja de Gaza. Su propuesta es clara: abrir negociaciones con Israel para detener una guerra que considera “sin sentido”.

El mensaje, sin embargo, llega en un contexto donde la diplomacia parece debilitada. Según el propio mandatario, los intentos de contacto no han recibido respuesta, lo que deja al Líbano en una posición de vulnerabilidad creciente frente a una ofensiva militar que ya ha causado miles de víctimas y desplazados.

El paralelismo con Gaza no es retórico, sino estratégico. Para Aoun, la experiencia reciente en ese territorio —destrucción masiva, decenas de miles de muertos y negociación posterior— demuestra que el diálogo termina siendo inevitable, pero solo después de un coste humano y material devastador.

Su planteamiento invierte esa lógica: negociar antes de alcanzar ese punto de no retorno. En sus palabras: “Gaza fue destruida… y al final fueron a la mesa de negociación”. La advertencia implícita es que esperar puede resultar mucho más costoso que ceder en el terreno diplomático.

La resistencia interna: el factor Hezbolá

El principal obstáculo a esta estrategia no proviene únicamente del exterior. Dentro del propio Líbano, la propuesta de negociación choca con la oposición de Hezbolá, actor clave en el equilibrio político y militar del país.

El grupo, que ha participado activamente en el conflicto lanzando cohetes contra Israel, rechaza cualquier diálogo bajo condiciones que interprete como una cesión. Para Hezbolá, la negociación en medio de la ofensiva podría legitimar la presión militar israelí.

Esta divergencia expone una fractura estructural: mientras el Estado libanés busca preservar la estabilidad interna y evitar una destrucción mayor, los actores armados dentro del país mantienen una lógica de confrontación que limita el margen de maniobra institucional.

Aoun ha insistido en que “la negociación no es rendición”, consciente de que el rechazo interno se alimenta también de percepciones históricas. El Líbano arrastra el trauma de su guerra civil, y cualquier señal de debilidad o división puede reactivar tensiones sectarias latentes.

El presidente ha advertido explícitamente contra ese riesgo, subrayando que “mil enemigos fuera son mejor que uno dentro”. La frase resume su prioridad: evitar que el conflicto externo derive en una implosión interna.

Sin embargo, el desplazamiento masivo de población —más de un millón de personas— y la destrucción de infraestructuras aumentan la presión social, lo que genera un caldo de cultivo potencial para la inestabilidad.

Un conflicto regional que desborda al Estado libanés

El escenario libanés no puede entenderse de forma aislada. La actual escalada está vinculada a una dinámica regional más amplia, en la que confluyen Estados Unidos, Israel e Irán. En este contexto, el Líbano actúa como un espacio de confrontación indirecta.

La entrada de Hezbolá en el conflicto, en apoyo a Irán, ha desencadenado la respuesta israelí, ampliando el teatro de operaciones. Esto reduce la capacidad del gobierno libanés para controlar el rumbo de los acontecimientos, incluso dentro de sus propias fronteras.

Uno de los elementos más críticos es la ausencia de un canal efectivo de negociación. Aoun ha reconocido que, tras semanas de peticiones, “la otra parte (Israel) no ha respondido aún”, lo que convierte su estrategia en una apuesta unilateral por la diplomacia en un entorno donde la lógica predominante sigue siendo militar.

Mientras tanto, los mediadores regionales e internacionales intentan abrir vías de diálogo, pero sin resultados concretos. La falta de avances refuerza la percepción de que las decisiones clave se están tomando fuera de Beirut.

Aoun plantea una disyuntiva directa —“¿vamos a la negociación o a la guerra?”—, pero el contexto sugiere que esa decisión no depende exclusivamente del Estado libanés. Entre la presión de Israel, la influencia de Hezbolá y la dinámica regional, el margen de maniobra se estrecha. @mundiario

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